Ideler Tonelli
| 12 de Agosto de 2016 | 01:54
Fue, además de un dirigente político de estatura y dimensión nacional, un apreciado y respetado vecino de nuestra ciudad. Por eso, el fallecimiento, a los 91 años, de Ideler Tonelli ha provocado un hondo pesar tanto en esferas institucionales de la República -donde tuvo un gran protagonismo- como en ámbitos sociales, culturales y deportivos de La Plata, que fue su terruño amado, aunque había nacido en Bragado.
Se recuerda a Tonelli por su rol como ministro de Trabajo en la presidencia de Raúl Alfonsín. Pero fue un dirigente multifacético, con brillante actuación en distintas funciones públicas, así como en la Justicia, en la docencia universitaria y en el ejercicio de la abogacía.
Fue diputado provincial por la Unión Cívica Radical Intransigente en 1958. Se desempeñó luego como camarista en lo Contencioso Administrativo Nacional de la Capital Federal.
Muchos lo recuerdan, además, por su condición de fervoroso simpatizante de Gimnasia y Esgrima de La Plata, club en el que integró el Jurado de Honor.
Como Presidente, Alfonsín lo nombró primero Secretario de Justicia y luego ministro de Trabajo.
Ya bajo la presidencia de Carlos Menem, fue interventor federal de la provincia de Corrientes entre el 6 de febrero de 1993 y el 10 de diciembre de ese mismo año.
Entre 1966 y 1971 había sido decano de la facultad de Derecho de la Universidad Católica de La Plata. Sentía una profunda y genuina vocación por la docencia. Fue durante décadas profesor de Derecho Laboral en la UNLP.
En marzo de 2000 -bajo la presidencia de Fernando De la Rúa- fue nombrado presidente del Consejo Nacional de Parques Nacionales.
Cada una de las funciones que desempeñó, aún en terrenos y órbitas muy diferentes, lo encontraron apasionado, comprometido y diligente. Cosechó respeto entre sus adversarios y reconocimiento más allá de las fronteras sectoriales y partidarias.
Casado con Carmen Marina Garganta, tuvieron tres hijos: Pablo (actual diputado nacional), Alejandro y Santiago.
Siempre dispuesto al diálogo, a transmitir experiencias y a brindar un juicio desinteresado, fue durante los últimos años un hombre de consulta para abogados y dirigentes políticos de distintas camadas generacionales.
Formado en el frondizismo, fue un hombre de la democracia, que creyó siempre en la búsqueda de consensos y en el compromiso cívico.
Con naturales condiciones de liderazgo, “el Gringo” -como lo llamaban sus amigos y correligionarios- ocupó, con naturalidad, un espacio protagónico durante varias décadas de la Argentina contemporánea. Sus restos fueron inhumados ayer en un cementerio privado de la Región.
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