Italia, el primer país del mundo en declarar el confinamiento por el COVID-19, entró ayer en una fase decisiva de su desescalada con la reapertura casi total de los negocios y el levantamiento de muchas restricciones, aunque con fuertes normas de distanciamiento social. “Serán meses muy duros y complejos, no debemos ignorarlo”, advirtió igual el primer ministro Giuseppe Conte, al considerar lo dispuesto como un “primer paso”.
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