Por qué fue un día histórico para el Papa León XIV en Turquía

Una misa multitudinaria y un silencio solemne en la Mezquita Azul

El amanecer gris de Estambul parecía envolverlo todo en un velo de misterio cuando el papa León XIV, con paso sereno y mirada atenta, inició uno de los momentos más simbólicos de su visita: su ingreso a la imponente Mezquita Azul. Era su primer encuentro como pontífice con un lugar sagrado del islam, y la ciudad lo recibió entre cielos encapotados, cámaras expectantes y el graznido inquieto de un cuervo que sobrevolaba las cúpulas como un curioso guardián del pasado.

Horas más tarde, ya sin lluvia pero con la misma emoción suspendida en el aire, miles de fieles se reunieron para verlo presidir su primera misa en Turquía, un país donde la minoría católica es diminuta pero profundamente fervorosa. Para muchos, fue un día inolvidable.

León XIV, nacido en Estados Unidos y de raíces peruanas, atravesó sus últimos momentos en Turquía antes de emprender viaje hacia Líbano. Y lo hizo envuelto en un notable gesto de apertura y diálogo: además de la misa en Estambul, mantuvo reuniones con líderes eclesiásticos turcos y una cálida conversación con Bartolomeo I, patriarca de Constantinopla.

En un país de 86 millones de habitantes donde los católicos apenas representan el 0,1%, la presencia del Papa se vivió como un regalo. Cerca de 4.000 fieles lograron acercarse al Volkswagen Arena después de rigurosos controles de seguridad. Allí estalló la algarabía: cánticos, aplausos, pañuelos al aire y la emoción de quienes esperaron durante horas bajo la lluvia.

“Es una visita muy significativa”, dijo una emocionada Cigdem Asinanyan, que aguardó bajo un paraguas empapado. “Ojalá que esto sensibilice a todos”.

Entre ellos estaba también Kasra Esfandiyari, una joven refugiada cristiana iraní que viajó seis horas en auto junto a su madre: “Es un momento histórico. No podía faltar”.

Un gesto silencioso

La jornada comenzó con una postal inolvidable: León XIV dejando sus zapatos en la entrada de la Mezquita Azul y avanzando en silencio, apenas vestido con calcetines blancos, sobre las mayólicas de Iznik que reverberan tonos celestes y turquesas. Asistentes musulmanes le describían la historia del templo mientras el pontífice escuchaba con un recogimiento profundo, apenas interrumpido por el sonido mecánico de las cámaras.

No rezó, como sí lo había hecho Francisco en una visita anterior. Pero el Vaticano explicó: “El Papa vivió la visita en espíritu de silencio y profundo respeto por la fe de quienes oran en este lugar”.
En esta ocasión, León XIV decidió no visitar Santa Sofía, un gesto que recordó la sensibilidad que generó su reconversión en mezquita en 2020.

Un encuentro para construir puentes

Luego de la visita, el Papa y Bartolomeo I firmaron una declaración conjunta en la que pidieron defender el diálogo interreligioso y repudiar cualquier uso de la religión para justificar violencia. También retomaron un tema que los une desde hace años: la búsqueda de una fecha común para celebrar la Pascua, una de las cicatrices más visibles del cisma entre Oriente y Occidente.

Vallas, curiosos y emociones

Pese al frío, muchos estambulitas salieron a la calle para ver pasar el convoy papal. Algunos vibraron; otros se frustraron.

Sedat Kezer, un vendedor de maíz tostado, expresó una mezcla de admiración y desencanto: “Me gusta que se encuentren personas de distintas culturas. Pero el Papa sería más sincero si pudiera mezclarse con la gente. Nadie puede verlo”.

La visita papal ya había dejado huellas el viernes, cuando León XIV llamó a la unidad cristiana en Isnik, donde se conmemoraron los 1.700 años del histórico Concilio de Nicea.

 

Un día histórico
Papa León XIV
En Turquía

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