Detectan raigrás resistente a glifosato y graminicidas en Buenos Aires

El hallazgo en Barrow e INTA Pergamino obliga a replantear el manejo del cultivo 

Investigadores de la Chacra Experimental Integrada Barrow y del INTA Pergamino detectaron un nuevo biotipo de raigrás anual (Lolium multiflorum) con resistencia múltiple a glifosato y a las tres familias de graminicidas, un hallazgo que complica el control y obliga a revisar las estrategias productivas.

 

El descubrimiento, difundido por la Red de Manejo de Plagas (REM) de Aapresid, se realizó en el norte bonaerense, donde se identificaron plantas que sobrevivieron a aplicaciones de glifosato y cletodim.

 

El equipo integrado por Marcos Yannicari (Barrow) y Gabriel Picapietra y Horacio Acciaresi (Pergamino) realizó análisis genéticos y ensayos de dosis-respuesta que permitieron detectar la presencia simultánea de dos mecanismos de resistencia en un mismo biotipo.

 

Por un lado, se identificó una mutación en la enzima EPSPS (Pro-106-Ser), vinculada a la resistencia a glifosato. “Esto le otorga a la planta niveles de resistencia generalmente bajos a moderados, pero suficientes para permitir la supervivencia de individuos que pueden completar su ciclo”, se explica.

 

“Esto es clave para comprender cómo evolucionará la resistencia en el tiempo y su impacto sobre el banco de semillas del suelo. Si las plantas que sobreviven producen semillas viables, el proceso de selección de biotipos resistentes puede acelerarse campaña tras campaña”, agrega el informe.

 

Por otro lado, se detectó una mutación en la enzima ACCasa (Asp-2078-Gly), considerada crítica por generar un cambio estructural en el sitio de acción del herbicida. “Este mecanismo confiere resistencia cruzada de amplio espectro a todas las familias de graminicidas (FOP, DIM y DEN), lo que limita severamente las opciones de control químico en postemergencia”, indica la REM.

 

“La combinación de ambos mecanismos en un mismo biotipo configura un caso de resistencia múltiple con alta complejidad biológica y agronómica, dónde el glifosato deja de ser totalmente efectivo y los graminicidas pierden su utilidad”, advierte el trabajo.

 

En términos prácticos, el hallazgo permite explicar fallas de control observadas en campo y anticipa un escenario más restrictivo. “Muchas veces estas señales aparecen primero como fallas de control en el lote. La idea es poder difundir lo que estamos observando para que el productor esté alerta y se anticipe”, explicó Picapietra.

 

El uso de glifosato, incluso en dosis más altas, puede generar una falsa sensación de control al reducir la biomasa sin evitar la supervivencia de plantas que luego producen semillas. En este contexto, la REM indicó que el paraquat mostró eficacia en ensayos, lo que representa una alternativa puntual dentro de estrategias más amplias.

 

Frente a este escenario, los especialistas recomiendan un manejo integral basado en la anticipación, el monitoreo y la diversificación de herramientas. El uso de herbicidas residuales, barbechos tempranos y la combinación de distintos mecanismos de acción aparecen como claves para reducir la presión de selección.

 

“El uso estratégico de herbicidas residuales se posiciona como una de las herramientas más eficaces para el manejo de Lolium en barbechos, ya que permite llegar a la siembra con menor presión de malezas, y diversificar sitios de acción que contribuyen a retrasar la evolución de resistencias múltiples”, se explica.

 

“El punto crítico pasa por cómo se integra dentro del sistema. La inclusión de residuales en barbechos y presiembra, junto con su combinación con otras herramientas, no solo mejora el control inicial de la maleza, sino que también reduce la presión de selección sobre los tratamientos postemergentes”, agrega.

 

En cultivos de invierno como trigo y cebada, “los herbicidas el pyroxasulfone, flumioxazin, bixlozone o terbutilazina aplicados en presiembra se destacan por su eficacia, con mejores resultados cuando se combinan dos activos. En soja STS las mezclas de sulfometuron + clorimuron son una alternativa válida, mientras que en maíz la atrazina aporta supresión residual complementaria”, detalla el informe.

 

El avance de estos biotipos refuerza la necesidad de estrategias integradas. “La sostenibilidad del sistema dependerá de reducir la presión de selección y diversificar estrategias”, advierte la REM.

 

“En conjunto, el uso estratégico de herbicidas residuales, combinado con la rotación y superposición de mecanismos de acción y la incorporación de otros métodos de control, resulta fundamental dentro de un programa de manejo integrado que permita sostener la eficacia de las herramientas disponibles en el tiempo”, concluye.

 

Los primeros casos de resistencia en raigrás se registraron en 2007 con glifosato, seguidos por resistencia a inhibidores de ACCasa en 2009. Desde 2010 se detectaron resistencias cruzadas y, hacia 2012, biotipos con resistencia múltiple que incluían glifosato, ACCasa y ALS.

 

Más recientemente, en 2023 se confirmaron biotipos con resistencia a las tres familias de graminicidas y combinaciones con glifosato. En ese marco, este año se identificó el nuevo biotipo que reúne ambos mecanismos, elevando la complejidad de su manejo.

 

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