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21.7.2017
ARROYO EL GATO

La contaminación sin freno

Son alarmantes los resultados de un estudio de la UNLP

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La contaminación sin freno

La contaminación sin freno

El Gato es un curso de agua devastado, contaminado y agredido de casi todas las maneras posibles. Según un relevamiento realizado por especialistas de la Universidad Nacional de La Plata, los reiterados vuelcos cloacales, químicos y de desechos domiciliarios, originados en actividades residenciales, industriales y agrícolas, provocan en el arroyo un deterioro progresivo del conjunto de los parámetros que definen la calidad del recurso hídrico, "hasta perder la aptitud para cualquier uso".

El informe, de casi doscientas páginas y dado a conocer recientemente, fue construido minuciosamente en el marco de un convenio que la Comuna local y la UNLP suscribieron tras las inundaciones del 27 de enero de 2002. El coordinador del equipo de trabajo de 24 personas fue Pablo Romanazzi, director del laboratorio de Hidrología de la Facultad de Ingeniería, quien junto a Arturo Urbiztondo redactó el dossier final. El capítulo denominado "Diagnóstico Ambiental del Curso Principal del Arroyo del Gato", estuvo a cargo de la Unidad de Investigación, Desarrollo y Docencia en Gestión Ambiental (UIDDGA) de la casa de altos estudios.

La cuenca del Gato, con 12.412 hectáreas -9.800 dentro del partido de La Plata-, es la de mayor importancia en la Región: allí habita casi el 70 por ciento (unas 400 mil personas) de la población total del distrito. Con 25 kilómetros de longitud, el cauce llega desde zonas semi-rurales de Lisandro Olmos hasta la ribera del Río de La Plata -a través del arroyo El Zanjón-, desembocando cerca de la toma de agua de la planta potabilizadora Donato Gerardi. Otras cuencas relevantes son las del Martín/Carnaval (8.140 hectáreas), Don Carlos/Rodríguez (5.430 ha) y Maldonado (3.560 ha).

De acuerdo con los muestreos realizados en diferentes tramos, los valores de bacterias coliformes totales -y entre éstas las fecales-, están "muy por encima" de los admitidos para contacto directo; el oxígeno disuelto disponible es bastante inferior al umbral para el sostenimiento de las formas de vida acuática más sensibles; la conductividad supera los límites, "indicando un exceso de sustancias iónicas disueltas"; el pH es "levemente alcalino"; los cloruros, detergentes e hidrocarburos, el plomo y el cadmio también se pasan de la raya de manera holgada.

Los nitratos triplican lo establecido como concentración límite (1 mg/l), como consecuencia del uso intensivo de fertilizantes y biocidas en el cordón rural; el abundante nitrógeno -orgánico y amoniacal- también confirma el exceso de materia orgánica en el agua.

En este contexto, El Gato es caracterizado como receptor de vuelcos cloacales "autorizados y clandestinos"; de efluentes industriales y lixiviados (del relleno sanitario a cargo de CEAMSE) "tratados o sin tratamiento"; de químicos y aceites que se descartan a través de conductos pluviales "pinchados"; de aguas servidas que dejan escapar las redes cloacales deterioradas; y de residuos sólidos urbanos que llegan a provocar barreras para el flujo de la corriente, generando embalses donde se crían huevos y larvas de plagas. El aporte extra de líquidos es de tal magnitud -se dice- que subvierte los valores hidrológicos naturales: un alto porcentaje del caudal del arroyo proviene de vertidos.

Las consecuencias de la contaminación son múltiples y graves, especialmente para sus atribulados vecinos inmediatos. "Para muchos habitantes de la ribera, el arroyo es hoy el gran enemigo" se explica: "inunda sus viviendas, pone en riesgo la seguridad de niños y ancianos, condiciona la atención rápida de emergencias médicas, arrima a las casas plagas, basura y vectores -roedores, moscas, mosquitos- y favorece la proliferación de microorganismos que pueden ser causantes de parasitosis e infecciones bacterianas". Todo esto, sin mencionar los "olores nauseabundos" que según muchos vecinos "impiden ventilar las casas durante los días de calor".

Los expertos recomiendan poner énfasis en el cuidado de los sectores ribereños a cielo abierto, "para evitar futuros asentamientos". Y abogan por un "programa integral de ampliación de los espacios verdes" a través de la instalación de paseos, circuitos aeróbicos, canchas deportivas, juegos infantiles, parques y áreas recreativas en los bordes del arroyo, "de manera de garantizar el libre espacio de 50 metros a cada lado de su eje, como marca la ley".

MAL, POR DONDE SE LO MIRE

El meduloso estudio de la UNLP, además de analizar la actualidad del Gato en materia ambiental, abordó la cuestión hidráulica. Y en ese sentido, las conclusiones fueron terminantes: el arroyo está al borde del colapso, y se requieren obras "de gran envergadura y costo" para garantizar un buen funcionamiento del curso, que es colector de los desagües pluviales de media ciudad.

El trabajo propone un conjunto de medidas correctivas y paliativos, como ampliar con taludes hormigonados la capacidad de conducción del arroyo -fundamentalmente desde la avenida 19 hasta su desembocadura en el Río de La Plata- y avanzar con el ensanche, revestimiento y montaje de terraplenes similares hasta la calle 133, para lo que sería necesario "liberar las márgenes ocupadas por asentamientos".

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