Una enorme bola de fuego iluminó el cielo de Florida cuando el cohete New Glenn, desarrollado por Blue Origin, explotó en medio de una prueba de encendido estático en el Complejo de Lanzamiento 36 de Cabo Cañaveral.
La detonación fue tan potente que sacudió viviendas en las ciudades cercanas de Cabo Cañaveral y Cocoa Beach, cuyos habitantes recurrieron a las redes sociales para averiguar qué había ocurrido. Las imágenes de una nube de humo y llamas se multiplicaron rápidamente mientras las autoridades activaban los protocolos de emergencia.
El estallido también provocó daños en la infraestructura de lanzamiento, entre ellos el derrumbe de una de las torres del sistema de protección contra rayos de la plataforma.
La empresa evitó señalar una causa específica y se limitó a informar que se produjo una “anomalía” durante el ensayo. Jeff Bezos, fundador de la compañía, reconoció que” aún es prematuro determinar el origen exacto de la falla”, aunque confirmó que “ya se inició una investigación para establecer qué ocurrió”.
Aunque las autoridades descartaron riesgos inmediatos por gases tóxicos o vapores peligrosos, la Fuerza Espacial de Estados Unidos advirtió que fragmentos del cohete podrían llegar a la costa durante los próximos días o semanas.
Los funcionarios pidieron a la población que no manipule restos que puedan aparecer en playas o espacios públicos y que informe inmediatamente a las autoridades, ya que podrían representar riesgos para la salud y la seguridad.
La advertencia elevó la preocupación en la región, donde el complejo espacial se encuentra muy cerca de zonas residenciales y turísticas.
Un golpe para Blue Origin
El accidente representa un nuevo contratiempo para Blue Origin en un momento clave de su programa espacial. El New Glenn se preparaba para su cuarto vuelo, previsto para las próximas semanas, con la misión de poner en órbita satélites del proyecto de internet Leo, impulsado por Amazon para competir con Starlink, la red de Elon Musk.
La explosión ocurre además pocas semanas después de otra misión problemática, en la que el cohete no logró colocar correctamente en órbita un satélite de la empresa AST SpaceMobile, lo que derivó en la pérdida total de la operación.
La reacción de Musk
Tras el accidente, el fundador de SpaceX, Elon Musk, también se refirió al episodio con un breve mensaje en redes sociales: “Una verdadera lástima. Los cohetes son duros”. Mientras avanzan las investigaciones, el incidente vuelve a poner bajo la lupa los desafíos técnicos y los riesgos que enfrentan las compañías privadas en la carrera por conquistar el espacio.
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