La historia entre Regina Pacini y Marcelo T. de Alvear comenzó en 1899, cuando el dirigente radical la vio cantar en Buenos Aires y quedó impactado. Desde entonces comenzó a seguirla por distintas ciudades de Europa durante sus giras líricas y buscó conquistarla durante años.
Ella era una soprano portuguesa de origen humilde y fama internacional. Él, heredero de una de las familias más poderosas de la aristocracia porteña. La relación generó rechazo en sectores sociales de la época, que miraban con desconfianza tanto su profesión artística como su exposición pública. Aún así se casaron en Lisboa en 1907 y años más tarde ella se convirtió en primera dama durante la presidencia de Alvear, entre 1922 y 1928. Durante esos años, y con bajo perfil, se convirtió en una figura clave del desarrollo cultural argentino.
La soprano se mantuvo siempre al lado de Marcelo, incluso en los momentos más difíciles. Durante la prisión política de Alvear en la isla Martín García, en 1933, cruzó más de cincuenta veces el Río de la Plata para llevarle ropa, comida y acompañarlo durante el encierro. También soportó humillaciones y desplantes de la aristocracia porteña, que nunca terminó de aceptarla completamente por su origen y su condición de artista.
Tras la muerte de Alvear, en 1942, Regina sostuvo durante más de dos décadas un ritual silencioso: cada 23 de marzo llevaba rosas blancas y rojas al mausoleo de su marido en el cementerio de la Recoleta.
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