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22.11.2017
UNAS MIL PERSONAS SE REUNIERON EN PLAZA MORENO

Otro multitudinario reclamo de justicia por el crimen de Abril Bogado

Hubo una fuerte participación desde distintos barrios de la Ciudad, pero también de la comunidad educativa a la que pertenecía la adolescente. Un director del Normal 1 fue el único orador del acto. Sigue la conmoción

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Ayer hubo una nueva marcha masiva para reclamar justicia por Abril Bogado. En realidad, el grueso de la gente se movilizó por el asesinato de la niña de 12 años en Ringuelet, aunque también hubo otros motivos: pedir por prevención a la inseguridad en los barrios y combatir la impunidad por otros crímenes.

Desde las 19 empezó la manifestación, sobre plaza Moreno y de cara a la Municipalidad. Se destacó entre la muchedumbre una hilera de 12 nenes y nenas, compañeros y amigos de Abril.

Fueron ellos, más las maestras y el resto de la comunidad educativa del Normal 1, quienes se situaron a la cabeza del enorme grupo, en una convocatoria similar a la del lunes de la semana pasada en 7 y 511, donde participaron unas 1.000 personas.

Los recuerdos de los días felices fueron inevitables. Los nenes sostenían carteles y pancartas, mientras que marchaban a paso entrecortado, en un momento en que la movilización giró, se trasladó hacia la Catedral y luego al colegio.

Cecilia, madre de una compañerita de Abril, pintó el escenario que se vive en ese colegio desde el día del horror: “La recuerdan todo el tiempo, aunque algunos, como mi hija, todavía no pueden hablar del tema. Están con apoyo psicológico y mantienen vivo el nombre de ella con carteles, porque ellas también piden justicia”.

Uno de los puntos más emotivos se vivió cuando Jorge Doménico Di Lorenzo, director de la Unidad Académica a la que asistía Bogado, se puso al frente de la manifestación. En ese tramo, leyó en voz alta la carta que Laura, la madre de Abril, le dedicó en las redes (ver aparte).

Doménico Di Lorenzo agradeció la convocatoria y se erigió como único orador por un par de minutos: “La dulzura y la sonrisa de Abril no nos van a permitir bajar los brazos. Le han robado el sueño a ella y se nos llevaron todo, pero quedó el legado de pedir justicia, de esta manera, en paz”, afirmó.

Chicos y grandes no podían esconder el llanto durante buena parte del acto. Porque la conocieron o porque simplemente les tocó de muy cerca un crimen tan atroz.

En la parte de atrás de la multitud, una señora que decidió asistir espontáneamente evaluó: “Debería estar toda la ciudad acá. Es muy triste lo que pasa a nivel de la ciudad y del país”.

Además de los carteles con la frase “Vuela alto pequeña”, como pidió su madre desde lo más profundo del corazón, y los aplausos constantes, hubo velas encendidas. Otra vez, la atención mediática nacional fue amplia, por tratarse de un caso que repercutió en todo el país. Muchos que pasaban de casualidad también se sumaron: el nombre de Abril hoy es prácticamente conocido por todos y la brutalidad del caso genera un repudio inmediato. Se plegaron también agrupaciones vecinales contra la inseguridad, como la asamblea de barrio Norte y dirigentes de Tolosa.

Ringuelet parece ser un lugar donde un crimen así podía pasar en cualquier momento. Santiago, que estuvo ayer en la marcha y vive a 10 cuadras de la familia Bogado, graficó que “había cero controles y faltaba patrullaje. Esperamos que cambie algo, aunque tengo mis dudas”.

la otra marcha

Hace una semana, se organizó la primera marcha impulsada por este caso, en 7 y 511 y a un día del crimen. Los cientos de personas que se agruparon cuando caía la tarde mantuvieron un aplauso ininterrumpido durante toda la movilización. “Justicia real” y “debía estar preso” fueron algunas de las consignas que se leyeron escritas entre la multitud.

Las críticas al juez Villafañe, responsable de la liberación del presunto asesino, resonaron con fuerza en la marcha. Y lo mismo ocurrió ayer.

“No tenemos patrulleros ni seguridad, y nos dicen que no tienen móviles. La realidad es que hace mucho que no pasan, como era antes. Ahora esperamos que haya más seguridad después de la marcha. Pareciera que Ringuelet es un pueblo olvidado”, habia terciado otro hombre, que prefirió no revelar su identidad.

“El barrio necesita una comisaría propia. Ya se juntaron más de tres mil firmas para pedirla, y se va a presentar en el Concejo Deliberante”, anticipó el vecino José González, quien agregó que eso es “algo que lo pedimos como comunidad, para que haya más prevención”.

Algunas cosas cambiaron desde aquel primer fin de semana de noviembre. Los dos sospechosos fueron detenidos, incluida la auto-incriminación del presunto autor material, que declaró en la calle que se le había “escapado” el tiro que mató a la niña.

En paralelo, el barrio donde pasó el intento de robo fatal luce desde entonces como una zona repleta de policías en motos y caminando. Un refuerzo de la seguridad que se mantiene y que salió como respuesta al reclamo vecinal, y que nunca había sido visto en ese barrio, usualmente asediado por la delincuencia armada.

el horror

Abril era una nena de 12 años que fue asesinada a sangre fría por dos delincuentes en Ringuelet, el domingo 5 a la madrugada, en la puerta de su casa de la calle 510 entre 11 y 12, cuando llegaba de una fiesta junto a la familia.

Con ella iban el papá, la mamá, el abuelo y una hermanita. Todos estaban adentro de un auto, del que no tuvieron tiempo a bajarse, por la súbita aparición de los ladrones. Después, la barbarie: hubo un disparo de un revólver calibre 38 que partió en mil pedazos el vidrio de la puerta trasera derecha y, en una décima de segundo, impactó en la cabeza de la adolescente.

Todavía con las luces encendidas y el coche en marcha, los agresores quisieron abrirle las puertas, pero las encontraron cerradas. Por eso el balazo criminal, la desesperación de todos y el magro botín que se llevaron: apenas la billetera del conductor con unos pocos pesos.

Hugo Bogado (73), el abuelo de Abril, que estaba sentado en el asiento del acompañante, intentó correrlos y a uno le pegó con una botella de una bebida espumante. Pero no pudo frenarlo. La fuga, a pie, fue desde 510 hacia 10.

Abril tenía el rostro ensangrentado y, la mamá, Laura Silvana Pupo (44), docente del Normal 1, colegio del que era alumna su hija, empezó a pedir ayuda a gritos. Se había salvado de milagro, porque tenía a su otra hijita de 4 años sentada sobre su falda y el tiro homicida les pasó demasiado cerca.

A la niña la llevaron de urgencia al hospital, primero al San Roque de Gonnet y, después al Sor María Ludovica, pero su destino ya estaba sellado.

Los dos delincuentes presuntamente responsables fueron detenidos a los pocos días. Primero, Jose “Pepito” Echegaray, al que lo detuvieron en un operativo en 5 y 505. Después, un adolescente de 17 años acusado de ser el cómplice. Los dos se negaron a declarar y permanecerán presos.

 

1.000

Personas fue el punto máximo de convocatoria de la marcha de ayer, similar a la que se había hecho en Ringuelet la semana pasada. Hubo reclamos por este caso y por otros asesinatos en la Región

Nueve 

Días Pasaron desde aquel 5 de noviembre fatídico, en que un intento de robo terminó con la vida de Abril Bogado. En este lapso, los sospechosos cayeron presos y el barrio se reforzó con patrullajes

 

 

 

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