Jorge Almirón dejó de ser oficialmente el director técnico de Rosario Central. La Comisión Directiva del club de Arroyito, presidida por Gonzalo Belloso, tomó la tajante determinación de interrumpir el contrato que unía al entrenador con la institución hasta el 31 de diciembre.
La fulminante goleada por 3 a 0 sufrida ante Estudiantes en el estadio Mario Alberto Kempes, correspondiente a los 16avos de final de la Copa Argentina, terminó por detonar un proceso que arrastraba severos cuestionamientos tácticos y mediáticos.
La categórica eliminación del certamen federal caló hondo en la cúpula dirigencial del Canalla. En dicho encuentro, el equipo mostró una versión sumamente deslucida y fue superado en todas las líneas por el conjunto platense desde la primera mitad.
Aunque el propio Almirón intentó defender su gestión en la posterior conferencia de prensa manifestando que “la campaña fue muy buena” y admitiendo sentir “un poco de vergüenza” por la forma de la derrota, la directiva resolvió que el rendimiento colectivo venía experimentando una meseta irreversible.
Más allá de las caídas recientes (incluyendo la eliminación previa ante River en las semifinales del Torneo Apertura y el tropiezo contra Independiente del Valle en la Libertadores), el detonante principal estuvo en la convivencia diaria. El nulo “feeling” futbolístico con varios de los referentes históricos de la plantilla minó su autoridad en las semanas previas.
Un claro reflejo de esta situación fue la abrupta salida del marcador central Carlos Quintana, quien recientemente anunció su salida del club disparando munición gruesa contra el cuerpo técnico, argumentando que se marchaba por “no sentirse valorizado”.
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