La cuenta regresiva terminó y el Mundial 2026 ya empezó a respirarse con acento argentino. A miles de kilómetros de Buenos Aires, Rosario, Córdoba o Mendoza, las calles de Kansas City comenzaron a poblarse de camisetas celestes y blancas, banderas colgadas al hombro y bombos que esperan volver a marcar el ritmo de otra ilusión mundialista.
La Selección argentina debutará el martes ante Argelia y, aunque el torneo se disputa en un país donde el fútbol todavía no ocupa el centro de la escena deportiva, la presencia de los campeones del mundo alteró la calma habitual de la ciudad estadounidense. Desde hace días llegan fanáticos desde distintos puntos del planeta para acompañar al equipo de Lionel Scaloni en la defensa del título conseguido en Qatar 2022.
La expectativa es enorme. A pesar de los costos altísimos de esta Copa del Mundo —considerada por muchos como la más cara de la historia— se espera que cerca de 30 mil argentinos estén presentes en cada uno de los partidos de la fase de grupos. Muchos hicieron cuentas durante años para concretar el viaje. Otros recurrieron a préstamos, vendieron pertenencias o ajustaron gastos para poder vivir lo que, para varios, representa una experiencia irrepetible: ver a Lionel Messi en su última función mundialista.
El fenómeno argentino ya impacta en Kansas City. Comercios, bares y hoteles recibieron recomendaciones específicas para atender a los hinchas sudamericanos. Algunos empleados incluso fueron capacitados para cuestiones tan cotidianas como preparar agua para el mate a la temperatura correcta. En la ciudad saben que no llegará una hinchada más: esperan el desembarco de una de las parcialidades más fervorosas del planeta.
La mayoría de los fanáticos arribará entre este fin de semana y el lunes, día en el que habrá un banderazo multitudinario en la previa del debut. También están previstos recitales, reuniones y encuentros organizados por argentinos radicados en Estados Unidos, especialmente desde Miami, donde vive una de las comunidades albicelestes más numerosas del país.
En el aeropuerto ya pueden verse familias enteras con camisetas de Messi, Di María o Julián Álvarez. También aparecen historias particulares que explican la dimensión emocional del viaje. Como la de quienes recorrerán Estados Unidos en casas rodantes siguiendo cada paso de la Scaloneta o la de padres que decidieron compartir el Mundial con sus hijos como una herencia futbolera.
El centro de la escena está hoy alrededor del hotel donde se hospeda la delegación argentina. Allí se concentran cientos de hinchas con la ilusión de conseguir un saludo, una foto o simplemente ver pasar a sus ídolos. El clima recuerda al de Qatar, aunque esta vez las distancias son más largas y la logística mucho más compleja.
Kansas City, acostumbrada a otro ritmo, parece vivir una transformación inesperada. El Mundial todavía no domina completamente las calles ni los bares de la ciudad, donde el fútbol sigue lejos de la pasión que despierta en Sudamérica. Sin embargo, la llegada argentina comenzó a modificar esa postal. La efervescencia se siente en las inmediaciones del estadio, en los hoteles y en cada rincón donde aparece una bandera celeste y blanca.
Las autoridades locales prepararon un operativo especial para recibir a los hinchas. Habrá múltiples anillos de seguridad en el estadio y un fuerte seguimiento preventivo tras los incidentes ocurridos en la final de la Copa América 2024 en Miami. También existe atención especial sobre la convivencia entre las distintas parcialidades que compartirán la ciudad durante el torneo.
A eso se suma otro factor que los organizadores aprendieron a considerar: la imprevisibilidad argentina. Muchos podrían llegar sin entradas o improvisar alojamientos económicos, incluso en carpas, algo que las autoridades analizan ordenar en espacios específicos.
Mientras tanto, el estadio donde debutará la Selección se prepara para una noche que promete ser ensordecedora. En la reventa, algunas entradas ya rozan cifras exorbitantes y superan los 2.000 dólares. Nada parece detener a los fanáticos dispuestos a acompañar a un equipo que todavía despierta la ilusión de volver a tocar la gloria.
La sensación es clara: el Mundial recién empieza y la hinchada argentina ya volvió a convertirse en noticia. Porque incluso lejos de casa, entre autopistas interminables, tormentas de verano y ciudades que todavía intentan entender qué significa vivir un Mundial, hay algo que vuelve a repetirse. Donde juega la Selección, aparece Argentina.
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