Cuantas cosas habrán pasado por al cabeza de Leonardo Morales cuando su cabezazo se convirtió en el 1 a 1 en el Kempes justamente ante el equipo del que es hincha. Ni hablar cuando Falcón Pérez marcó el final del partido. A los 35 años, seguramente, los recuerdos de sus años como ayudante de albañil y guardavidas pasaron por la mente del Yacaré.
Nacido en Villa Urquiza, en la provincia de Entre Ríos el 11 de abril de 1991, a Morales le cambió la vida el Indio Ortíz, que lo conocía de Atletico Paraná y lo llevó a Gimnasia. Detrás habían quedado los años de una carrera de laburante en el ascenso.
Empezó en Deportivo Tabossi, un equipo que estaba a 80 km de Villa Urquiza. El esfuerzo de viajar valió la pena: logró su primer campeonato. Luego, pasó a Belgrano de Paraná (un guiño del futuro) y cobró su primer sueldo gracias a su entrenador Tony Fontana, que le dijo a la dirigencia que el pibe necesitaba la plata para vivir y tenía que dejar de lado las changas de albañil.
Siempre dentro de Entre Ríos, pasó a Atlético Paraná y encontró continuidad con Darío Ortíz como entrenador. Y llegó el salto a primera, pero no como lo esperaba, ya que pasó a Patronato, donde no jugó ni siquiera un partido. La próxima escala fue Tandil, con la camiseta de Santamarina en el Nacional B. Y desde ahí el salto al Lobo.
Llegó como suplente de lateral, se ganó la titularidad como central. Maradona, la capitanía, casi 200 partidos, 10 goles, el desgaste de las malas campañas sintetizan sus años en Gimnasia, el club que lo visibilizó en el fútbol argentino. “Más que un equipo, es mi familia”, escribió hace 10 meses, cuando se decidió su salida tras seis temporadas en el club y Belgrano era su nuevo destino. Ayer, sus años de esfuerzo construyendo el camino lo llevaron a tocar el cielo con las manos y a consagrase campeón con un gol en la final. Soñado.
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