Hay fantasmas en el fútbol que el tiempo no logra desvanecer; solo los agiganta. La histórica consagración de Belgrano de Córdoba en el Torneo Apertura 2026 tras vencer 3-2 a River Plate reabrió una de las heridas más profundas del club de Núñez. Como si se tratara de un guión cinematográfico repetido, el Pirata se vistió otra vez de verdugo absoluto, y con un nombre en el banco de suplentes que le trae pesadillas al mundo de la banda
Para River, Belgrano no es un rival más. Es el responsable directo del capítulo más oscuro de su rica historia institucional. La tarde de hoy activó de forma inmediata los recuerdos de junio de 2011, cuando el rústico, inteligente y batallador Belgrano conducido por el Ruso dio el golpe mundial al decretar el descenso de River en el mismísimo Monumental. Aquella Promoción sembró una mística inquebrantable en el equipo cordobés, transformándolo en la auténtica “sombra negra” del Millonario.
La final de hoy replicó esa misma atmósfera de impotencia y frustración para los de Núñez. River ganaba el partido y parecía tener el trámite bajo control. Sin embargo, el ADN de Belgrano —ese que Zielinski inoculó en el club hace quince años y que se basa en la resiliencia, el orden extremo y el aprovechamiento letal de los errores ajenos— volvió a emerger en la final de ayer. Incluso frente a la máxima adversidad, el cuadro celeste nunca se dio por vencido, aguantó los embates y golpeó en los momentos precisos.
La polémica jugada del penal sancionado a Lautaro Rivero a los 33 minutos del segundo tiempo fue el detonante de una película ya vista. En 2011, las protestas, el nerviosismo y los fallos arbitrales terminaron por desmoronar psicológicamente a River. En 2026, la historia se repitió calcada: las airadas protestas que terminaron con la expulsión de Eduardo Coudet desataron el mismo desconcierto emocional de aquella tarde trágica de Núñez. Tras el empate de “Uvita” Fernández, el Millonario revivió sus peores traumas, se desdibujó de la cancha y Belgrano, con el colmillo afilado de siempre, liquidó el pleito 3-2.
El fútbol argentino corona a un nuevo y justo campeón, pero la narrativa va mucho más allá de un trofeo. Belgrano demostró que su paternidad en los duelos de vida o muerte contra River sigue vigente. El Ruso volvió a dejar su huella ante el Millonario, como lo hizo años atrás, no solo con el Pirata, sino también con el resto de equipos que tuvo bajo sus ordenes, como Estudiantes y Atlético Tucumán entre otros.
En la tarde cordobesa, y en una especie de homenaje por el natalicio número 53 de Rodrigo Bueno, Belgrano volvió a gritar campeón, y River volvió a sufrir ante su eterno y más temido verdugo.
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