“Uvita, porque era negro y chiquito”. El apodo, nacido en el barrio Yapeyú, al note de Santa Fe, se convirtió en una marca en el fútbol argentino. De esas casas bajas de gente humilde, Nicolás Fernández pasó a ser el gran héroe del primer campeonato de Belgrano, que anoche dejó sin dormir a media capital cordobesa.
“Hoy va a ser un gran día”, era la frase principal que llevaba en las cintas de sus muñecas. Una cábala, una costumbre, también una compañía. Los restantes nombres eran los de sus seres queridos. “El gran día llegó, así que estoy feliz”, dijo emocionado cuando ya se había convertido en un nombre inolvidable para todos los hinchas celestes.
Con los flashes registrando sus festejos, Uvita no olvida. “Soy un chico humilde de una familia humilde”, dijo hace un tiempo. Por eso, el hambre, el pan aportado por los vecinos, la madre que laburaba para parar la olla y el tío que llevaba a los pibes a los entrenamientos. Esa sangre nutrió al fútbol argentino, con Leandro, Brian, Nicolás y Juan Cruz Villagra que se convirtieron en profesionales.
También el tiempo que todo lo destruye rompió a la familia. La muerte del segundo hermano, David, tras 30 horas de agonía tras descerrajarse un balazo, ayudó a Nicolás a ver con otra perspectiva. “Lo recordamos en cada situación y en cada partido”, dijo hace algunos años. Al tiempo, comenzaron los problemas de Brian con sus adicciones que frustraron una carrera como futbolista que no tenía techo. De todo eso aprendió Uvita para ser distinto.
“Necesitaba que este club tan grande tenga un título y gracias a Dios lo pudimos conseguir. Hoy quedé en el corazón de todos”
Nicolás Fernández, delantero de Belgrano
Después, todo depende de un destino que le construyó una gran carrera pero lo tocó con su varita mágica en el final de este Apertura. Ingreso contra Argentinos Juniors y gol agónico para llevar al semifinal a los penales en La Paternal. Ingreso a los 76 minutos para los gritos a los 85 y 88 minutos para que toda Córdoba sea celeste. Pensar que se criticó su pase en una cifra a la que Belgrano no está acostumbrado: “El tiempo da la razón. Dijeron que pagaron dos millones trescientos mil y bueno… ya está. Ya lo pagué”.
“Esto es la gloria y la gloria no se paga” dijo ayer en medio de una marea de micrófonos, flashes, abrazos y lágrimas. “Déjenme dedicárselo a mi esposa, que me bancó durante todo este tiempo. Fue muy dura esta temporada para mí, pero creo que hoy quedé en el corazón de todos. Nuestro plantel se lo merece, así que estamos felices”, dijo Uvita.
“Mi corazón está lleno de felicidad. Se lo quiero dedicar a mi esposa, a mis hijos y a toda mi familia. También a toda la gente que confió en mí. La verdad es que el pueblo Pirata se lo merece, la ciudad se lo merecía. Necesitaba que este club tan grande tenga un título y hoy, gracias a Dios, lo pudimos conseguir”, dijo el goleador. Uvita Fernández, apodo y apellido que se convirtieron en inolvidables y eternos para todo Belgrano.
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