Instituto de Economía Aplicada
Las expectativas económicas cumplen un rol fundamental en cualquier programa de estabilización. Determinan decisiones de inversión, consumo, ahorro y financiamiento. En el caso argentino, donde buena parte del éxito del programa económico depende de la credibilidad, el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) elaborado por el Banco Central funciona como una suerte de termómetro de la confianza de analistas y participantes financieros. Los resultados de mayo muestran que el mercado continúa respaldando los principales lineamientos del programa, aunque con señales de deterioro respecto de las expectativas que predominaban a comienzos del año.
La primera señal aparece en la inflación. A principios de 2026 los analistas proyectaban una inflación cercana al 22% para el año. Con el correr de los meses, las estimaciones fueron corrigiéndose al alza hasta ubicarse actualmente en 30,5%. Para 2027 la expectativa se sitúa en 19,9%, un valor todavía elevado para una economía que busca consolidar un proceso de estabilización. Lo más llamativo es que este deterioro ocurre en un contexto donde el propio REM sigue proyectando apreciación cambiaria y superávit fiscal, es decir, dos de las principales anclas del programa económico. En otras palabras, el mercado continúa creyendo en las herramientas oficiales, pero les atribuye una capacidad cada vez menor para contener la inflación. Las anclas siguen presentes, aunque parecen tener cada vez menos potencia.
La evolución esperada de las tasas de interés refuerza esta lectura. La tasa TAMAR se mantiene prácticamente estable en torno al 22% durante lo que resta de 2026 y recién comenzaría a descender gradualmente hacia niveles cercanos al 18,5% para finales de 2027. Dado que la inflación esperada permanece por encima de esos valores, el mercado proyecta tasas reales negativas durante buena parte del horizonte analizado. Esto refleja una percepción de mayor flexibilidad monetaria por parte del Banco Central, que parece dispuesto a priorizar la actividad económica y la estabilidad financiera antes que una reducción más acelerada de la inflación.
En materia cambiaria, el REM continúa proyectando un sendero de apreciación real sostenida. Los analistas esperan un tipo de cambio de $1.658 para diciembre de 2026 y de $2.000 para diciembre de 2027. Esto implica una depreciación nominal del 20,6% entre ambos años, prácticamente equivalente a la inflación esperada para 2027 (19,9%). Considerando además que la inflación proyectada para 2026 asciende al 30,5%, el mercado continúa apostando a un esquema donde el tipo de cambio crece sistemáticamente por debajo de los precios internos. El resultado es una apreciación real acumulada que ya no aparece como un fenómeno transitorio sino como una característica estructural del programa económico. Esta expectativa refleja confianza en la capacidad del Gobierno para sostener la estabilidad financiera y evitar episodios de estrés cambiario, aunque al mismo tiempo plantea interrogantes sobre la competitividad de amplios sectores productivos. En la práctica, el REM sigue apostando a una economía donde las exportaciones crecen impulsadas principalmente por energía y recursos naturales, mientras la apreciación real continúa presionando sobre buena parte de la industria y los sectores transables tradicionales.
Las exportaciones aparecen como uno de los puntos más sólidos dentro de las expectativas. Los analistas proyectan ventas externas por USD 98.500 millones en 2026 y USD 102.300 millones en 2027, niveles históricamente elevados para la economía argentina. Detrás de estas cifras se encuentra principalmente el aporte de Vaca Muerta y el crecimiento esperado del sector energético, acompañado por un desempeño favorable del agro. Esta dinámica explica buena parte del optimismo que todavía mantiene el mercado respecto de la sostenibilidad del programa económico.
En cuanto al nivel de actividad, las perspectivas siguen siendo positivas, aunque también muestran cierto desgaste respecto de los pronósticos de comienzos de año. Actualmente se espera un crecimiento del PIB de 2,9% en 2026 y de 3,1% en 2027. Son tasas compatibles con una economía en expansión, aunque alejadas del optimismo que predominaba en etapas anteriores. Parte de esta resiliencia puede explicarse justamente por el mantenimiento de tasas reales negativas y por el fuerte impulso esperado del sector hidrocarburífero, que continúa funcionando como principal motor de crecimiento.
El mercado laboral, sin embargo, ofrece una señal menos favorable. La tasa de desocupación esperada para el primer trimestre de 2026 se ubicó en 7,7%, mientras que para el cuarto trimestre se proyecta una leve mejora hacia 7,4%. Aun así, estos niveles permanecen por encima de los registros observados durante buena parte de la década pasada y muestran que el crecimiento económico esperado no necesariamente se traduce en una mejora significativa del empleo. Esto refleja una característica cada vez más visible del modelo económico actual: los sectores que lideran la expansión —energía, minería, finanzas y algunos servicios— poseen una capacidad relativamente limitada para generar puestos de trabajo masivos.
En síntesis, el REM de mayo muestra un mercado que continúa respaldando el programa económico, pero con matices cada vez más evidentes. Las expectativas de crecimiento y exportaciones siguen siendo favorables, mientras que la inflación proyectada empeora y el desempleo continúa mostrando dificultades para converger a niveles más bajos. El sesgo positivo persiste, pero la confianza ya no parece descansar sobre la expectativa de una rápida convergencia hacia la normalidad, sino sobre la capacidad del Gobierno para administrar tensiones crecientes sin alterar los fundamentos del programa. El mercado sigue creyendo, aunque cada vez exige más resultados concretos para sostener esa confianza.
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