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Hay cada vez menos curas y monjas en el país

En los últimos años ha bajado el número de aspirantes

Hay cada vez menos curas y monjas en el país

El tema no es nuevo pero preocupa cada vez un poco más a los católicos argentinos: no son tiempos fáciles para la vida sacerdotal y la cantidad de curas y monjas que pueblan las iglesias de nuestro país sigue bajando, tanto que, según estimaciones oficiales, en las últimas cuatro décadas la disminución de sacerdotes fue de alrededor de un tercio. ¿El efecto Francisco puede ser una solución?

“Todavía es prematuro trazar un análisis con números concretos de las consecuencias del papado de Francisco en ese sentido”, explica el padre Gabriel Delgado, a cargo del Seminario San José de La Plata y quien asegura que en nuestra región el número de aspirantes “se viene manteniendo estable en los últimos años, aunque es verdad que la baja de religiosos es un tema que se ha visto a nivel nacional y también en otras partes del mundo”.

En los primeros cinco años de este siglo, el número de vocaciones consagradas en nuestro país se redujo casi un 7%. Y la caída se mantuvo en los años siguientes

Mientras que en 1960 había un cura cada 4.347 habitantes, para el año 2005 había uno cada 6.566 y actualmente se estima que hay un sacerdote cada casi 7 mil personas, lo que demuestra a las claras que la población en nuestro país creció a mayor ritmo que la ordenación de religiosos. Lo mismo se evidencia en cuanto a la cantidad de seminaristas mayores, que en los últimos años cayó a más del 6% al pasar de 1.281 en 2000 a 1.198 para el año 2006, según las últimas mediciones oficiales encargadas por la Iglesia Católica Argentina.

En sintonía con la tendencia nacional, el seminario San José de La Plata también vio vaciarse sus pasillos en los últimos años: en 1998 había allí algo más de 110 seminaristas, mientras que hoy suman cerca de 80. “Es verdad que décadas atrás podía ser mayor el número de seminaristas -dice Delgado-, pero en estos últimos años se mantiene el promedio de 80 seminaristas y el de 14 ingresantes por año. En la diócesis de La Plata no sufrimos tanto este fenómeno”.

En un plano bien terrenal de la cuestión, los obispos calculan que deberían contar con el doble de religiosos de los que hay ahora para atender de un modo medianamente adecuado a los fieles. Muchos creen que la escasez de religiosos se agravará en los próximos años. Y todos coinciden en que el poco atractivo que tiene para los jóvenes de hoy la vocación religiosa y el temor a un compromiso para toda la vida son las principales razones de la merma, además de la falta de valoración de ese compromiso en una cultura que prioriza vivir el aquí y el ahora.

Frente a esto, cabría preguntarse no sólo por qué hay menos jóvenes en los seminarios y noviciados del país, sino también qué buscan aquellos que siguen diciendo presente en el arduo camino de la vocación religiosa.

Para el sociólogo Fernando Bernal, la disminución de las vocaciones obedece en gran parte a que se ha perdido la formación religiosa en los hogares, y que por eso los niños no crecen queriendo ser sacerdotes o monjas. “La vocación nace con la fe que se fomenta en el hogar -apunta-, y eso se ha ido perdiendo en las últimas décadas”. El especialista también cree que esta situación se debe a que las familias cada vez son más pequeñas, y a que el estilo de vida actual es muy individualista.

“No es ninguna novedad que ahora hay muy poco sentido de solidaridad y sacrificio por los más necesitados -apunta-. De todas maneras no se puede hablar de un único motivo sino de múltiples causas. Ahora las parejas tienen menos hijos y hay cierta secularización general de la sociedad que contribuye a esta situación. Pero el problema de la escasez de curas y monjas en Argentina no es sólo de ahora, es un problema crónico que se observa desde hace décadas”.

Opiniones al margen, la disminución de la vocación religiosa, como se dijo, no es patrimonio exclusivo de los hombres, sino también de las mujeres: en los primeros cinco años de este siglo cayó en el país un 5,5% el número de monjas al pasar de 9.113 en 2000 a 8.612 en 2005, algo que, según se apunta desde la comisión de Vida Consagrada de la Conferencia Episcopal, se seguirá acentuando por la sencilla razón de que las numerosas religiosas que había hace más de 40 años están llegando a una edad muy elevada y el recambio es cada día menor.

Para Bernal, en tanto, “la raíz del fenómeno puede encontrarse no sólo en el universo de la formación religiosa sino en una cuestión un tanto más amplia. Hay un problema de educación general, más allá de cuestiones religiosas o valores que apunten en ese sentido. Los contenidos en materia educativa han perdido su visión trascendente de la vida del hombre. Hay cierta desacralización en los contenidos educativos y eso inevitablemente repercute en el número de aspirantes a seguir una carrera religiosa”.

En los primeros cinco años de este siglo, concretamente, el número de vocaciones consagradas en nuestro país se redujo casi un 7%. Y la caída se mantuvo en los años siguientes, según un informe del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam).

Mientras en los 22 países latinoamericanos que integran el Celam los sacerdotes diocesanos (los que no pertenecen a órdenes religiosas) aumentaron un 12% (de 37.884 pasaron a 42.405), en la Argentina ese grupo creció sólo un 5,79%. De un total de 3608 sacerdotes que había en el país hace casi una década y media, se pasó a 3817 en 2005. Y mientras las demás vocaciones crecieron en casi toda la región, aquí bajaron. Cayó el número de sacerdotes de congregaciones (10%), seminaristas (13%), religiosas (9%) y frailes y hermanos (4%).

Según esos datos, en la Argentina, los sacerdotes, religiosos y seminaristas en actividad, en 2000, eran 18.047 y pasaron a ser 16.844, en 20005.

Al grupo de sacerdotes argentinos, en ese primer quinquenio del siglo XXI, se sumaron 669 jóvenes, que fueron ordenados, y se restaron los que colgaron los hábitos (144) y los que fallecieron (281). Ese total de 425 casos de bajas coloca a la Argentina en el cuarto lugar en el ranking de caída de la cantidad de sacerdotes. Le preceden México, con 973 bajas; Brasil, con 872, y Colombia, con 460 casos.

La reducción indicada por el estudio del Celam hasta el 2005, como se dijo, se acentuó en los años siguientes. Por ejemplo, el total de los muchachos que se preparan para el sacerdocio en los 33 seminarios del país bajó de 1274 ese año a 1184, en 2008.

Ya en el 2010 el entonces cardenal Jorge Bergoglio brindó un comunicado en el que decía estar “muy preocupado” por la disminución de las vocaciones consagradas en la Argentina. Incluso, en el estudio del Celam -de los últimos difundidos sobre el tema- se confirmaba con estadísticas la preocupación expresada por los obispos latinoamericanos en el famoso documento de Aparecida: “En promedio -decía ese documento-, el aumento del clero, y sobre todo de las religiosas, se aleja cada vez más del crecimiento poblacional de nuestra región”.


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