Suiza respiró aliviada ayer tras el rechazo en las urnas de una iniciativa impulsada por la derecha radical que buscaba imponer un límite al crecimiento poblacional mediante restricciones más severas a la inmigración. Con más del 54% de los votos en contra, la propuesta fue descartada tanto por la mayoría de los ciudadanos como por la mayoría de los cantones, en una decisión que fue celebrada por el gobierno, los principales partidos políticos, los sindicatos y el sector empresarial.
El ministro de Justicia y Policía, Beat Jans, afirmó que el resultado envía una señal de “estabilidad, apertura y fiabilidad”, destacando que el electorado optó por mantener el modelo de cooperación económica y social que caracteriza al país. El resultado era seguido con atención dentro y fuera de Suiza debido a las posibles consecuencias que una aprobación habría tenido para sus vínculos con la Unión Europea, principal socio comercial de la nación alpina.
Los porcentajes más contundentes contra la iniciativa se registraron en los cantones urbanos de Basilea-Ciudad, Ginebra y Neuchâtel, donde el rechazo superó ampliamente el 65%. Aunque la propuesta obtuvo respaldo en diversas zonas rurales, no alcanzó el apoyo necesario para prosperar.
La iniciativa había sido promovida por la Unión Democrática de Centro (UDC), el partido más votado del país. Sus impulsores sostenían que era necesario limitar la inmigración para evitar que la población permanente supere los 10 millones de habitantes antes de 2050. También argumentaban que el crecimiento demográfico estaba agravando problemas como la escasez de viviendas, el aumento de los alquileres, la congestión del transporte público, los atascos de tránsito y la presión sobre los servicios sanitarios y educativos.
Sin embargo, sus detractores advertían que la medida podía perjudicar gravemente a la economía. En Suiza, más de una cuarta parte de los residentes son extranjeros y numerosos sectores dependen de mano de obra procedente del exterior. Empresas, sindicatos y autoridades coincidieron en que restringir la llegada de trabajadores podría generar escasez de personal y afectar la competitividad del país.
La directora de Economiesuisse, Monika Rühl, expresó su satisfacción por el resultado y destacó que el voto favorece la estabilidad económica y las relaciones con Europa.
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