La publicación de documentos oficiales volvió a colocar al expríncipe Andrés en el centro de la polémica y reavivó las preguntas sobre el papel que jugó la reina Isabel II en su ascenso dentro de la diplomacia comercial británica. Los archivos desclasificados muestran que la monarca presionó para que su hijo asumiera en 2001 como enviado especial para el Comercio Internacional, un puesto que años más tarde quedaría bajo sospecha por sus vínculos con el financista pedófilo Jeffrey Epstein.
Los once documentos difundidos por el gobierno británico incluyen cartas y comunicaciones internas previas al nombramiento de Andrés, entonces duque de York. En una de ellas, fechada en febrero de 2000, David Wright, responsable del organismo estatal encargado de promover las exportaciones británicas, señaló que Isabel II estaba “muy interesada” en que su hijo ocupara un rol central en la promoción de los intereses nacionales.
“UN PAPEL DE PRIMER PLANO”
“La reina desea firmemente que el duque de York desempeñe un papel de primer plano”, escribió Wright tras mantener conversaciones con el secretario privado de la soberana. Los documentos refuerzan la idea de que Isabel II sentía una especial cercanía con Andrés y que ese respaldo pudo influir en la falta de controles previos a su designación.
El actual secretario de Estado de Comercio, Chris Bryant, reconoció ante el Parlamento que no existe evidencia de que se realizara un proceso formal de verificación o “debida diligencia” antes del nombramiento. Según explicó, se consideró natural que un miembro de la familia real continuara con las tareas de representación comercial que antes ejercía el duque de Kent.
Sin embargo, el caso tomó un giro mucho más delicado tras las revelaciones sobre la relación entre Andrés y Jeffrey Epstein, el magnate estadounidense acusado de tráfico sexual de menores y hallado muerto en prisión en 2019. La policía británica investiga ahora si el expríncipe incurrió en “incumplimiento en el ejercicio de una función pública” al compartir información económica sensible con Epstein durante la década en que ocupó el cargo.
Según la investigación, Andrés habría facilitado acceso privilegiado a documentos y datos estratégicos mientras actuaba como representante comercial del Reino Unido entre 2001 y 2011. Fue detenido en febrero pasado y permaneció varias horas bajo custodia policial, aunque todavía no enfrenta cargos formales. El escándalo volvió a poner bajo la lupa los contactos internacionales del hijo menor de Isabel II. Durante su gestión comercial, Andrés cultivó relaciones con empresarios, magnates y figuras políticas de países como Libia y Azerbaiyán, vínculos que ya habían generado controversias antes de que explotara el caso Epstein.
Los millones de páginas difundidas por la justicia estadounidense mostraron cómo Epstein utilizaba una extensa red de personas influyentes para ganar poder y acercarse a dirigentes políticos, empresarios y miembros de la aristocracia internacional. En Reino Unido, el caso golpeó especialmente al llamado “establishment” y a la monarquía. Carlos III intentó tomar distancia del escándalo y el año pasado retiró a su hermano los títulos y funciones oficiales. Desde entonces, Andrés -ahora llamado oficialmente Andrew Mountbatten-Windsor- vive apartado de la vida pública en Norfolk, lejos de Windsor y de los actos de la familia real.
Pese a ello, la difusión de los documentos dejó en evidencia que su llegada al estratégico puesto comercial no fue casual ni meramente institucional. Detrás de aquel nombramiento estuvo la intervención directa de Isabel II, que impulsó personalmente el ascenso de su hijo a una función que terminaría convertida en uno de los capítulos más incómodos para la Corona británica.
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