La crisis social y económica en Bolivia sigue agravándose. Este sábado, policías respaldados por militares intentaron despejar las rutas que conectan a La Paz con otras regiones del país para permitir el ingreso de alimentos y combustibles, pero los bloqueos impulsados por organizaciones sociales y sindicales continúan activos tras más de tres semanas de protestas.
El presidente Rodrigo Paz enfrenta el momento más delicado desde que llegó al poder hace apenas seis meses. Campesinos, transportistas, maestros y obreros denuncian el deterioro económico, la inflación y la escasez de productos básicos, mientras crecen los pedidos para que el mandatario renuncie.
Desde temprano, brigadas antimotines utilizaron maquinaria pesada para retirar piedras, tierra y escombros en distintos puntos estratégicos. Los enfrentamientos más intensos se registraron en El Alto y en la ruta hacia Oruro, donde manifestantes respondieron con petardos, hondas y explosivos artesanales. La policía dispersó a los grupos con gases lacrimógenos y logró habilitar parcialmente algunos caminos, aunque varias zonas volvieron a ser ocupadas horas después.
El ministro de Obras Públicas, Mauricio Zamora, aseguró que el operativo fue emboscado por manifestantes. “He sentido mi vida en riesgo”, afirmó tras denunciar ataques con dinamita y piedras.
Mientras tanto, la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos llamó a “masificar” los cortes de ruta. El gobierno convocó para el domingo a un diálogo con dirigentes aimaras, aunque el clima político sigue muy tenso.
La situación golpea especialmente a La Paz, donde ya hay desabastecimiento en mercados, largas filas en las estaciones de servicio y faltantes de medicamentos en hospitales. “No sabemos hasta cuándo vamos a aguantar”, lamentó Marco Cuttila, un estudiante paceño afectado por el aumento de precios.
El gobierno acusa al expresidente Evo Morales de alentar las protestas y denunció ante la OEA un intento de desestabilización. En paralelo, Estados Unidos anunció el envío de ayuda alimentaria de emergencia para enfrentar la escasez.
Bolivia atraviesa una de sus peores crisis económicas en décadas, marcada por la falta de dólares y una inflación interanual que ya alcanza el 14%.
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