Perú llega a las urnas en medio de un clima político cargado de incertidumbre. El balotaje que enfrentará este domingo a la derechista Keiko Fujimori y al nacionalista Roberto Sánchez se presenta como una de las elecciones más ajustadas de los últimos años, al punto que analistas y especialistas en opinión pública advierten sobre la posibilidad de que una diferencia mínima desencadene un conflicto político de gran magnitud.
Aunque la legislación peruana prohíbe difundir encuestas en los días previos a la votación, distintos sondeos privados que circulan entre diplomáticos, dirigentes y medios de comunicación muestran una marcada paridad entre ambos candidatos. Algunas mediciones incluso otorgan una leve ventaja a Sánchez.
“Si el resultado no tiene una diferencia de punto y medio por lo menos, esto se va a poner muy complicado”, advirtió Hernán Chaparro, especialista en opinión pública de la Universidad de Lima. Según explicó, cada punto porcentual representa alrededor de 250.000 votos, por lo que una distancia muy estrecha podría abrir la puerta a impugnaciones y cuestionamientos sobre el resultado.
Dudas sobre la aceptación del resultado
La preocupación creció luego de que Fujimori evitara comprometerse públicamente a reconocer el resultado electoral en caso de derrota. Consultada sobre esa posibilidad, respondió con un escueto “vamos a ver”, una frase que encendió las alarmas entre observadores políticos.
El clima de desconfianza también fue alimentado por sectores aliados al fujimorismo. Uno de ellos es el exalcalde de Lima y excandidato presidencial Rafael López Aliaga, quien volvió a denunciar supuestas irregularidades en el sistema electoral y cuestionó duramente a los organismos encargados de supervisar los comicios.
López Aliaga sostiene que en la primera vuelta fue perjudicado por un fraude que le impidió acceder al balotaje, aunque hasta el momento no presentó pruebas que respalden sus acusaciones. Incluso llegó a plantear que todo el proceso electoral debería ser anulado.
Desde el entorno de Sánchez rechazaron esas denuncias y las calificaron como intentos de sembrar temor entre la población frente a la posibilidad de un cambio político.
Una división que atraviesa al país
Para los especialistas, el escenario actual no puede interpretarse únicamente como una disputa entre izquierda y derecha. La elección expone una división mucho más profunda que atraviesa a la sociedad peruana.
Según Chaparro, el país enfrenta un choque entre dos realidades muy diferentes: la de las grandes ciudades y la del interior andino. Se trata de sectores que conviven dentro de un mismo territorio, pero que mantienen intereses, experiencias y visiones muy distintas sobre el presente y el futuro del país.
A esa fractura se suma otro factor determinante: el desgaste de todo el sistema político. La sucesión de escándalos de corrupción que involucraron a gobiernos de distintos signos ideológicos alimentó una creciente desconfianza ciudadana.
“Hay corrupción en la derecha, en la izquierda y en el centro. La sensación es que nadie cumple lo que promete”, sintetizó el analista.
El peso de la identidad regional
Otro de los elementos que aparece con fuerza en esta elección es la cuestión identitaria. El respaldo a Sánchez es especialmente sólido en las regiones andinas, donde persiste un fuerte sentimiento de representación frente a las élites políticas y económicas de Lima.
Los sondeos privados muestran que Fujimori domina con claridad en la capital peruana y en las principales ciudades del país. Sin embargo, la tendencia se invierte en las zonas rurales, donde Sánchez consigue niveles de apoyo significativamente superiores.
En Lima, la candidata de Fuerza Popular registra una intención de voto cercana al 55 por ciento frente a poco más del 30 por ciento de su rival. En el ámbito rural ocurre lo contrario: Sánchez supera el 58 por ciento de adhesiones mientras que Fujimori apenas ronda el 25 por ciento.
Los analistas consideran que esta diferencia no responde únicamente a cuestiones ideológicas, sino también a factores culturales y sociales acumulados durante décadas.
Además, la represión de las protestas ocurridas entre 2022 y 2023 fortaleció la identidad colectiva de numerosas comunidades del interior del país.
En ese contexto, Sánchez ha buscado reforzar esos vínculos mediante el uso de símbolos asociados al mundo rural y andino, entre ellos el tradicional sombrero blanco que se convirtió en una de las imágenes más reconocibles de su campaña.
El desencanto con ambos candidatos
Más allá de la disputa entre los dos postulantes, otro dato que preocupa a los observadores es el alto nivel de rechazo que generan ambos candidatos.
Diversos referentes políticos y periodísticos impulsaron públicamente el voto en blanco o nulo. Entre ellos se encuentran el periodista César Hildebrandt y el dirigente centrista Jorge Nieto, quienes sostienen que ninguno de los dos representa una alternativa convincente para el país.
Según Chaparro, si se toma en cuenta el total del electorado, Fujimori y Sánchez concentran apenas una porción limitada de adhesiones. La mayoría de los peruanos no votó por ninguno de ellos en la primera vuelta, una situación que refleja el profundo desencanto con la dirigencia política.
A esto se suma la percepción de que ambos espacios cargan con importantes debilidades. Mientras Sánchez construyó una coalición heterogénea que deberá demostrar cohesión si llega al gobierno, Fujimori enfrenta no solo el histórico antifujimorismo, sino también un creciente rechazo a su figura y al poder acumulado por su sector en el Congreso durante los últimos años.
Con ese escenario de polarización, desconfianza y empate técnico, el principal interrogante es si el resultado del domingo otorgará la legitimidad suficiente para evitar una nueva crisis institucional o si abrirá un nuevo capítulo de confrontación en un país que atraviesa una de las etapas más turbulentas de su historia reciente.
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