Lo que parecía una simple anécdota de la última cumbre del G7 terminó convirtiéndose en un fuerte cortocircuito diplomático. Donald Trump aseguró durante una entrevista que Giorgia Meloni le había “rogado” sacarse una foto durante el encuentro de líderes realizado en Francia. La respuesta de la mandataria italiana no tardó en llegar y fue contundente.
“Las declaraciones de Donald Trump son completamente inventadas”, afirmó Meloni en un video. Luego lanzó una frase que rápidamente comenzó a circular en redes sociales y medios de todo el mundo: “Italia y yo no rogamos”.
La primera ministra también cuestionó que el presidente estadounidense eligiera atacar públicamente a un país aliado. “No sé por qué se comporta así con sus propios aliados. No es la primera vez que ocurre”, sostuvo.
Italia respondió en bloque
La reacción no quedó únicamente en manos de Meloni. Todo el gobierno italiano salió a respaldarla y elevó el tono del conflicto con Washington.
El ministro de Exteriores, Antonio Tajani, calificó las declaraciones de Trump como “graves y ofensivas”, canceló un viaje oficial que tenía previsto realizar a Estados Unidos y suspendió su participación en un foro empresarial y científico que iba a celebrarse en Miami.
También se expresaron otros integrantes del gabinete. El ministro de Transporte, Matteo Salvini, aseguró que “quien ataque a Giorgia Meloni nos ataca a todos”, mientras que el ministro de Defensa, Guido Crosetto, afirmó que la primera ministra “no le rogaría una foto a nadie, ni siquiera bajo amenaza”.
El respaldo llegó incluso desde sectores que habitualmente mantienen diferencias con Meloni. El presidente italiano, Sergio Mattarella, se comunicó con ella para expresarle su solidaridad y mostrar una imagen de unidad institucional frente al episodio.
Una relación en problemas
Aunque durante mucho tiempo Meloni fue considerada una de las dirigentes europeas más cercanas a Trump, la relación empezó a enfriarse en los últimos meses.
Ambos compartían posiciones sobre inmigración, seguridad y valores conservadores. Incluso, Meloni fue la única jefa de Gobierno de la Unión Europea que asistió a la investidura presidencial de Trump y antes del inicio de su segundo mandato había viajado a Mar-a-Lago para reunirse con él. En ese momento, el mandatario estadounidense la definía como una dirigente “fantástica”, “increíble” y una amiga.
Sin embargo, las diferencias comenzaron a acumularse. La líder italiana cuestionó la ofensiva militar de Estados Unidos en Irán, defendió el apoyo europeo a Ucrania, respaldó al papa León XIV frente a críticas de Trump y rechazó las amenazas de Washington sobre Groenlandia. A eso se sumaron los nuevos aranceles impulsados por la Casa Blanca contra productos europeos.
Un choque que puede fortalecer a Meloni
Para algunos analistas italianos, este enfrentamiento incluso podría terminar beneficiando políticamente a la primera ministra.
El politólogo Lorenzo Castellani sostuvo que durante meses la oposición la acusó de actuar como una dirigente demasiado alineada con Trump y que esta respuesta pública ayuda a despegar esa imagen.
La propia Meloni explicó que decidió responder de inmediato porque “hay cosas que merecen una respuesta inmediata”. Y fue todavía más allá al cuestionar la actitud del presidente estadounidense.
“Es una pena que no muestre la misma determinación frente a los enemigos de Occidente y sea mucho más complaciente con otros líderes”, afirmó antes de cerrar nuevamente con la frase que marcó la jornada: “Italia y yo no rogamos”.
Hasta el cierre de esta edición, la Casa Blanca no había emitido ninguna respuesta oficial a las declaraciones de Meloni ni a las críticas realizadas por el gobierno italiano.
El episodio dejó al descubierto el deterioro de una relación que hasta hace pocos meses aparecía como una de las más sólidas entre Estados Unidos y Europa. Hoy, entre diferencias sobre Ucrania, Irán, los aranceles y la política internacional, la sintonía entre Trump y Meloni parece haber quedado definitivamente atrás.
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