En la superficie, “Jackass” es una pavada: la serie que batió récords de audiencia en los primeros años de MTV y que luego saltó al cine para sorprender al mundo con sus brutales pruebas no es, si se la describe, más que una sucesión de golpes literalmente bajos, momentos escatológicos y dolor extremo. Y sin embargo, la exposición prolongada a esta familia de dementes que se enfrenta a toros y escorpiones, se lanza al cielo sobre cohetes gigantes y hace estallar baños químicos genera un sentimiento curioso, un creciente afecto hacia estos tipos que están dejando la piel, los huesos, el cuerpo, solo para hacernos reír.
Ese afecto —y ese dolor— llega ahora a su punto culminante. Este jueves llega a los cines “Jackass: La última y nos vamos”, la quinta y declaradamente última película de la franquicia. No es la primera vez que alguien del grupo dice que será la última, pero esta vez la cosa parece en serio: Johnny Knoxville asistió a la premiere londinense del film con una sentencia lapidaria: “Los dobles de riesgo y la leche tienen fecha de vencimiento. Creo que es hora de parar”.
La franquicia “Jackass” nació en el cambio de milenio con un programa de MTV emitido entre 2000 y 2001, creado por Knoxville, Jeff Tremaine y Spike Jonze. Lo que comenzó como cortos de acrobacias peligrosas y bromas entre amigos rápidamente capturó la atención internacional. El programa reunió a una banda que incluía a Steve-O, Chris Pontius, Dave England, Wee Man (Jason Acuña), Preston Lacy, Bam Margera y el recordado Ryan Dunn. Su enfoque “hazlo tú mismo”, impregnado de rebeldía y cultura skate, conectó especialmente con audiencias jóvenes y se convirtió en símbolo de humor irreverente y resistencia física.
En 2002, el salto al cine produjo “Jackass: La película”, que superó todas las expectativas con 79 millones de dólares a nivel mundial. Siguieron “Jackass 2” (2006), “Jackass 3D” (2010) y “Jackass Forever” (2022), con más de 500 millones de dólares acumulados en toda la saga. En cada instancia, alguno del grupo juraba que sería la última vez. Steve-O, por ejemplo, estaba convencido de que la tercera película cerraría el ciclo. Lo mismo pensó con la cuarta, para la que dudaba en convocarse: habían pasado diez años y todos tenían entre 40 y 50. Le preocupaba que pudiera resultar “extraño” para el público ver a tipos de esa edad lastimarse como antes. Pero Knoxville lo persuadió con un argumento simple: cuanto más viejos, más gracioso. Y tenía razón.
EL COSTO
El eterno retorno es ya una tradición para los Jackass. Pero cada retorno tiene su precio. La grabación de “Jackass Forever” estuvo a punto de costarle muy cara a Knoxville: una embestida de toro le provocó una hemorragia cerebral, lo que lo dejó durante meses sumido en lo que él mismo describió como “pensamiento catastrófico”. El cerebro que inventaba trucos como equilibrar un sube y baja alrededor de un toro en estampida se volvió contra él: “El mundo entero se cerraba, y la gente me decía que mi cerebro me estaba jugando trucos. Yo les decía que no, que estaba pasando de verdad. Pero no estaba pasando nada”.
La recuperación fue larga. Y sin embargo, ahí está Knoxville de vuelta, esta vez para el cierre definitivo. En una entrevista reciente, al preguntarle si había algún truco que sabía que ya no iba a poder hacer, no pudo terminar la respuesta sin quebrarse: “No quiero ponerme emocional. No puedo. Maldita sea, odio cuando esto me pasa”. Y agregó: “Últimamente lloro por cualquier pavada”.
Lo que lo emociona, más que los golpes, es la materia de la que está hecha la película. ”La última y nos vamos” combina trucos nuevos con 25 años de material inédito, incluyendo imágenes de archivo de Ryan Dunn, el integrante fallecido en 2011. “Fue muy emotivo, especialmente ver los clips de Ryan”, dijo Knoxville. “Es como una biografía de nuestras vidas, de nuestras vidas adultas. Esta película es extrañamente emotiva, especialmente para nosotros”.
NO ME VOY
Cuando terminó la primera temporada de “Jackass”, Steve-O y los muchachos estaban en la fiesta de despedida en un bar y decidieron que no querían que acabara. Inventaron un juego llamado “No me voy” en el que nadie podía salir del local sobre sus propios pies. Esa resistencia lúdica a la disolución se convirtió en una especie de símbolo de toda su carrera improbable.
Para esta quinta película se sumaron caras nuevas —Poopies, Zach Holmes, Dark Shark, Rachel Wolfson— que en “Jackass Forever” habían funcionado como recambio generacional. La dinámica sigue siendo la misma: reunirse, hacerse reír entre sí, soportar lo insoportable. En el tráiler, cuando le preguntan a Knoxville cómo se siente haciendo la película final, responde escueto: “Estoy triste”. Pontius, a su lado, aclara que él no: “No estoy en contacto con mis emociones”. Y Knoxville cierra: “Veinticinco años y no aprendimos nada”.
Lo paradójico es que esa no-evolución es exactamente el punto. “Jackass” nunca pretendió crecer. Funcionó porque sus integrantes se negaron sistemáticamente a volverse razonables.
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