Sonny Rollins, el saxofonista tenor y genio incansable cuyo tono audaz e inconfundible y su experimentación constante lo mantuvieron en la vanguardia del jazz durante más de 50 años, murió a los 95 años.
Desde sus primeros días como fenómeno adolescente hasta su trabajo solista más mesurado y su experimentación con el free jazz, Rollins fue venerado por su habilidad para la improvisación. Fue uno de los últimos grandes de la era del bebop que aún vivían, y —junto con John Coltrane y Charlie Parker— uno de los saxofonistas más influyentes de su tiempo.
Los aficionados al rock recibieron una dosis de su música con el álbum “Tattoo You” de los Rolling Stones, de 1981, que incluye el melancólico solo de saxofón de Rollins en “Waiting on a Friend”, ideado después de ver bailar a Mick Jagger.
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