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Carlos Solari antes de ser el "Indio": el mapa platense donde nació y se formó la leyenda del rock argentino

Cómo era esa pibe de barrio que caminaba por las calles de la Ciudad, antes de los pogos multitudinarios y cantar las letras que se transformaron en objeto de culto

El Indio Solari en sus primeras épocas, antes de los pogos multitudinarios

Por Redacción

Mucho antes de convertirse en el personaje más enigmático del rock nacional, antes de los estadios repletos, los pogos multitudinarios y las letras convertidas en objeto de culto, Carlos Alberto Solari era apenas un pibe que caminaba las calles de La Plata. En esta ciudad diseñada por diagonales, universidades y bares de estudiantes comenzó a construirse el hombre que décadas después sería conocido simplemente como el Indio.

La historia arranca lejos de los escenarios. Nacido en Paraná en 1949, Solari llegó muy pequeño a La Plata junto a su familia. Los Solari se instalaron en un departamento de 41 entre 7 y 8, en una ciudad que por entonces era uno de los principales polos culturales y universitarios del país. Allí transcurrieron su infancia y adolescencia.

Sus primeros pasos escolares los dio en la Escuela Primaria Nº 33 de 8 y 38. En esas aulas conoció a Isa Portugheis, quien años más tarde se transformaría en uno de sus amigos más cercanos y terminaría integrando las primeras formaciones vinculadas al universo ricotero.

La escuela secundaria fue bastante menos tranquila. Pasó por el Industrial Albert Thomas, de 1 y 57, donde su personalidad rebelde chocó rápidamente con las autoridades. La leyenda cuenta que terminó siendo expulsado y concluyó sus estudios en el Normal 3, 58 entre 8 y 9, una institución que aparece una y otra vez en la historia cultural platense. Pero si hubo un lugar decisivo para el futuro del Indio fue Bellas Artes, 7 y 60.

A fines de los años sesenta ingresó a la entonces Escuela Superior de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata con la intención de estudiar pintura. Mucho antes de escribir canciones, Solari dibujaba, pintaba y soñaba con desarrollar una carrera artística. Su paso por la institución fue breve y turbulento. La rebeldía que luego aparecería en sus letras también se manifestó en las aulas. Terminó alejándose de la carrera, aunque el vínculo con las artes visuales nunca desapareció. Décadas después seguiría produciendo ilustraciones, pinturas y obras digitales.

Aquella Bellas Artes era mucho más que una facultad. Era un hervidero de ideas. Allí se cruzaban estudiantes de cine, teatro, música, diseño y artes plásticas. Muchos de ellos estaban desencantados con las estructuras tradicionales y buscaban construir nuevas formas de vida y expresión. 

Qué fue la Cofradía

De ese clima cultural surgió uno de los fenómenos más extraordinarios de la historia platense: La Cofradía de la Flor Solar.

La Cofradía fue una experiencia comunitaria nacida en La Plata a fines de los años sesenta, cuya sede fue en 13 y 41. No era solamente una banda de rock. Era una comuna artística integrada por músicos, artesanos, pintores, estudiantes y soñadores que intentaban vivir colectivamente mientras desarrollaban proyectos culturales alternativos. Entre sus integrantes estuvieron los hermanos Beilinson, Rocambole Cohen, Kubero Díaz, Morcy Requena y otros nombres fundamentales para la historia posterior del rock argentino.

Aunque el Indio no integró formalmente la banda La Cofradía de la Flor Solar, sí formó parte del mismo ecosistema cultural que la rodeaba. Fue en ese ambiente donde comenzaron a cruzarse los personajes que años después darían origen a Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.

La Plata de aquellos años estaba llena de espacios donde las fronteras entre arte, política y vida cotidiana parecían desaparecer. Los bares universitarios del centro funcionaban como puntos de encuentro. Las casas colectivas reemplazaban a los departamentos convencionales. Las discusiones filosóficas podían durar toda la noche.

Cómo conoció a Skay

Fue también en ese contexto donde apareció otro nombre decisivo: Eduardo "Skay" Beilinson.

A través de Guillermo Beilinson, hermano de Skay, Solari comenzó a vincularse con un grupo de músicos y artistas que compartían una misma visión estética. En aquellos años Skay participaba de experiencias musicales experimentales y de bandas psicodélicas vinculadas a la escena platense.

Uno de los lugares míticos de esa etapa fue el actual Pasaje Rodrigo. Allí funcionaron algunos de los primeros ensayos y reuniones musicales que terminarían desembocando en la creación de Los Redondos. Lo que entonces parecía apenas una aventura artística entre amigos terminaría convirtiéndose en una de las bandas más importantes de la historia argentina.

Con el paso de los años, el circuito ricotero también sumaría otros puntos emblemáticos. Entre ellos aparece el Teatro Lozano, 11 entre 45 y 46, escenario de varios de los primeros recitales del grupo, y la disquería La Vitrola, en 6 entre 47 y 48, que se transformó en una especie de santuario para los seguidores de la banda durante los años ochenta. Allí se vendían entradas y se formaban largas filas cuando el fenómeno ricotero comenzaba a crecer.

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