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Chape, IA y celos: detrás de escena del beso del año

Los ex con más trapitos sucios en el siglo XXI se besaron en la ficción vertical de Telefé. Pero, ¿es real o no?
Hay algo raro en ese beso vertical entre Maxi y Wanda...

Por Redacción

Cuando Wanda Nara y Maxi López aparecieron besándose en “Triángulo amoroso”, la serie vertical que estrenaron en Telefe, las redes explotaron con la velocidad de siempre. Había, sin embargo, escépticos: el clip se viralizó y en cuestión de horas ya había facciones, los que imaginaban en ese beso de ficción una posible reconciliación y los que, con la lucidez fría de quien ha visto demasiados realities, empezaron a preguntar si ese beso realmente había ocurrido.

Y parece que no del todo.

Pero vamos por partes. Desde que se confirmó que la ex pareja más tumultuosa del espectáculo argentino iba a protagonizar una ficción juntos, el guión real empezó a correr en paralelo al de Telefé. Wanda, que convirtió su vida personal en una marca de alcance global —divorcios, reconciliaciones, Icardi, L-Gante, todo cotiza—, encontró en este proyecto otro capítulo jugoso para su saga. Maxi, en tanto, apareció como el ex que aprendió a perdonar, a aconsejar y a frecuentar el Chateau Libertador con una regularidad que ningún “mejor amigo” debería tener.

El folclore del reencuentro estaba servido: dos personas con historia, química televisiva y millones de seguidores mirando (y un varón con, quizás, ganas de alguna revancha). El beso era inevitable. La pregunta era cómo.

Porque Maxi López no llega solo a este partido. Llegó con Daniela Christiansson, la modelo sueca que es su esposa, que acaba de mudarse a la Argentina y que, presumiblemente, no firmó para ver a su marido en escenas románticas con la madre de sus hijos mayores. Así que cuando negociaron el contrato, la pareja puso una condición clara: nada de escenas subidas de tono con Wanda. Sin embargo, los productores querían el beso y el público también. El triángulo estaba completo, pero el problema era de geometría aplicada.

¿SOLUCIÓN SIGLO XXI?

La salida parece haber sido la inteligencia artificial: hubo acuerdo entre las partes para usar tecnología para construir la escena, satisfacer a la producción y mantener la paz doméstica. El resultado fue lo suficientemente convincente para que medio país se lo creyera y lo suficientemente artificial para que la otra mitad lo detectara de inmediato. Telefe, consultado al respecto, respondió con una elegancia digna de diplomático: “Se besaron en la ficción”. Los detalles técnicos, secreto de producción. El misterio, parte del show.

Lo que vuelve fascinante este episodio no es el chisme —aunque el chisme ayuda— sino la pregunta que deja flotando. Históricamente, cuando se habla de inteligencia artificial en el audiovisual, la discusión gira alrededor del reemplazo: la IA que desplaza actores, doblajistas, guionistas, técnicos. Pero acá aparece un uso diferente, más sutil y, paradójicamente, más humano en sus motivaciones: la IA no como sustituto del talento, sino como escudo ante la incomodidad.

No se usó para ahorrar plata ni para prescindir de nadie. Se usó para que dos personas con historia no tuvieran que atravesar un momento que, fuera de cámara, podía ser un problema. Para algunos será una evolución lógica del oficio: menos negociaciones incómodas en el set, más control sobre lo que el cuerpo pone en juego. Para otros, algo valioso se pierde cuando la actuación deja de involucrar carne y hueso.

Porque cuando el público sintió la necesidad de averiguar si el beso había sido real, estaba buscando algo que la tecnología, por más perfecta que sea, no sabe fabricar (todavía): la prueba de que del otro lado de la pantalla hay alguien que realmente lo vivió.

Mientras tanto, en la vida real, Daniela Christiansson está en Buenos Aires, conviviendo con Maxi y con los hijos que tienen juntos (Elle y el pequeño Lando, nacido en diciembre). López repite que está feliz, que quiere recuperar el tiempo perdido, que su mayor anhelo era volver a convivir con su familia. Todo muy prolijo. Todo muy alejado de cualquier beso con Wanda, digital o no.

Así de prolija parece haber sido su decisión en torno al esperado beso: la aparente decisión de usar IA fue también un gesto de gestión conyugal. Y eso, en el universo Wanda-Maxi, es casi un acto de madurez.

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