En tiempos donde todo parece ocurrir en cuestión de segundos, la velocidad suele ganarle a la prudencia. El reciente episodio protagonizado por Florencia Peña en el streaming de Luzu TV volvió a poner sobre la mesa un problema que atraviesa a medios, redes sociales y plataformas digitales: la difusión de noticias falsas sobre la muerte de personas famosas.
La actriz y conductora comunicó al aire el supuesto fallecimiento de Jorge Messi, el papá de Lionel Messi, una información que había llegado a su equipo como si estuviera confirmada. Sin embargo, la noticia era completamente falsa. El error derivó en una fuerte polémica, pedidos de disculpas públicas, despidos y sanciones internas, y una ola de críticas que rápidamente se multiplicó en redes sociales.
Más allá del impacto mediático del caso, lo ocurrido está lejos de ser una novedad. Desde hace años, figuras del espectáculo, la música, el deporte y la televisión son víctimas recurrentes de rumores que los dan por muertos cuando en realidad están vivos y, muchas veces, ni siquiera atraviesan problemas de salud graves.
La obsesión por llegar primero
La lógica actual de la información parece premiar a quien publica antes, aunque eso implique sacrificar el chequeo de los datos. En la carrera por conseguir una primicia, algunos medios, influencers o usuarios replican contenidos sin verificar su origen, generando una cadena difícil de frenar.
El problema es que, cuando la noticia involucra una muerte, el daño es mucho mayor. Familiares, amigos y seguidores reciben la información como cierta, mientras el protagonista o su círculo íntimo deben salir a aclarar que sigue vivo.
Las redes sociales potencian este fenómeno. Una publicación viral, un video en TikTok o una captura de pantalla compartida miles de veces pueden instalar una mentira en cuestión de minutos. Después, aunque aparezca el desmentido, rara vez alcanza la misma difusión.
Los famosos que tuvieron que desmentir su propia muerte
Argentina acumula varios episodios de este tipo. Uno de los más recordados ocurrió en 2021 con el histórico locutor Cacho Fontana. La noticia de que había fallecido la brindó el propio Luis Ventura, quien en el programa televisivo que compartía con Alejandro Fantino por ese entonces, dio por cierta una información errónea.
La noticia se viralizó rápidamente, pero fue el mismísimo Fontana quien terminó desmintiendo el rumor saliendo al aire en el programa: “Esto para mí no es un desencuentro. A mí me da no sé salir a desmentir una cosa tan absurda, tan burda. Yo con vos lo hago con todo el cariño y admiración que te tengo hace tantos años”, dijo, ante los pedidos de disculpas de Fantino y Ventura.
Otra muerte “falsa” que se volvió viral en redes y mensajes de WhatsApp fue la de Cacho Castaña. La noticia trascendió el viernes 12 de julio de 2019, apenas tres meses antes del verdadero fallecimiento del mítico cantante. “Hay que jugar al 48, el muerto que parla”, dijo el tanguero por aquel entonces, tomando con humor el asunto.
Algo similar sucedió en 2012, durante la internación de Juan Alberto Badía en el Hospital Austral. Se produjo una lamentable situación cuando falsos rumores sobre su muerte comenzaron a divulgarse rápidamente en los medios y redes sociales. La información errónea causó profundo malestar en su familia, obligando a su sobrina, Belén Badía, a salir en vivo por 360 TV para aclarar que, si bien el conductor se encontraba en estado crítico, aún seguía con vida. El desenlace ocurrió finalmente al día siguiente, cuando el periodista falleció a los 64 años.
Otro caso resonante fue el del cantante de cumbia Antonio Ríos. A mediados de la década de 2000, el periodista Jorge Jacobson protagonizó uno de los errores más recordados de la televisión argentina durante una emisión de Telefe Noticias. Tras recibir información sin verificar y movido por la urgencia de la primicia, el conductor anunció al aire la muerte del cantante. Aunque al notar la falta de confirmación intentó matizar sus palabras utilizando el modo potencial, el daño ya estaba hecho.
Poco después, el cantante tropical apareció públicamente para desmentir tanto su muerte como la versión de un supuesto suicidio que se había dado en el noticiero. Jacobson debió retractarse y pedir disculpas, dejando para la historia de la televisión un blooper que aún hoy se recuerda.
Una industria de la desinformación
Las fake news sobre muertes tienen distintos objetivos. Algunas buscan simplemente generar impacto y conseguir clics. Otras persiguen monetizar visitas a sitios web o aumentar el alcance de determinadas cuentas. En todos los casos, el mecanismo es similar: apelar a la conmoción emocional para lograr que las personas compartan la información sin detenerse a verificarla.
El episodio de Florencia Peña volvió a exponer una realidad incómoda: en la era digital, cualquiera puede comunicar, pero eso no reemplaza al periodismo ni al chequeo de fuentes. Por el contrario, los vuelve más necesarios.
SUSCRIBITE a esta promo especial