En las plataformas modernas, se sabe, ciertos fuegos sí se encienden frotando dos palitos: el algoritmo manda, y donde manda el algoritmo manda la industria que lo alimenta. Así se han construido fenómenos modernos que se encienden por “dos palitos” y bueno, así de rápido también se apagan.
Con esta sospecha operó Indio Solari, también sus Redondos de Ricota, siempre: la industria hace trampa bajo la máscara de la transparencia. Pero a esa industria le marcó un último golazo: al menos por un rato, tras la muerte de Solari, el Top 50 de Spotify en Argentina quedó absolutamente jaqueado por su música.
Fue un fin de semana raro en Argentina. Y en medio de la bruma interna y externa, el país se sentó a escuchar. Alguien puso “Ji ji ji” en el parlante de la cocina y no dijo nada. Otro buscó “Un ángel para tu soledad” en el teléfono y se la mostró a su hijo de quince años que nunca había escuchado hablar del Indio Solari. Hubo quienes bailaron solos en sus cuartos con algo parecido a la desesperación, y quienes la pusieron bajito, como se pone la música cuando no querés que nadie más la escuche.
En simultáneo, sin que nadie los enviara, como siempre, sin ejércitos de trolls ni clicks inventados, el pueblo ricotero, disperso en casas y ciudades, se reunieron en silencio alrededor de una discografía, como si fuera un velatorio y una fiesta al mismo tiempo.
La muerte de Carlos Alberto Solari, ocurrida el viernes, desató algo que no se puede planificar ni simular: el instinto colectivo de volver a las canciones que te hicieron feliz, o que te acompañaron cuando no lo eras. Ese instinto, multiplicado por millones de personas al mismo tiempo, dejó una huella medible y concreta en las plataformas digitales.
EL RANKING QUE NADIE PROGRAMÓ
El impacto en Spotify fue inmediato y aplastante. En pocas horas, más de treinta canciones vinculadas a la trayectoria del Indio Solari —tanto su etapa solista junto a Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado como el catálogo de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota— ingresaron al ranking de los cincuenta temas más escuchados de Argentina. No fue un tema, no fue un disco: fue una invasión. Nueve de los diez primeros puestos del top 50 nacional quedaron en manos de canciones grabadas con Los Redondos o Los Fundamentalistas. El algoritmo, esa criatura fría que normalmente prefiere el reguetón del momento o el hit de turno, no tuvo más remedio que rendirse.
La canción más escuchada del fin de semana fue “Ji ji ji”, el himno que en los recitales multitudinarios se convirtió en el pogo más grande del mundo y que ahora volvía a sonar en auriculares individuales con toda la carga emocional intacta. Detrás se ubicaron “Un ángel para tu soledad”, “La bestia pop”, “Un poco de amor francés”, “Todo un palo” y “Vencedores vencidos”. Más atrás, completando ese top que parecía armado a mano por un fanático devoto: “El pibe de los astilleros”, “Juguetes perdidos”, “Una piba con la remera de Greenpeace”, “El tesoro de los inocentes”, “Yo caníbal”, “Motor Psico” y “Queso ruso”. Una clase de historia del rock argentino sin docente ni pizarrón.
La obra completa del Indio Solari acumula más de 2.835 millones de reproducciones en Spotify. De ese total, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota concentra más de 2.180 millones —con “Un poco de amor francés” como el tema más escuchado, superando los 141 millones de reproducciones—, mientras que la etapa solista ronda los 655 millones, encabezada por “Había una vez...” con casi 59 millones de escuchas.
En cuanto a álbumes, “La mosca y la sopa” lidera con más de 475 millones de reproducciones; “Oktubre” supera los 274 millones; y del lado solista, “Porco Rex” encabeza con más de 129 millones, seguido de cerca por “Pajaritos”, “Bravos muchachitos” y “El tesoro de los inocentes”.
Esos son los números totales. Pero el fenómeno del fin de semana fue más allá, un verdadero estallido: que canciones escritas hace treinta o cuarenta años dominen los rankings actuales no es frecuente. En la historia del streaming local, muy pocos artistas —y prácticamente ninguno del rock nacional— lograron algo semejante. Las cifras no son solo un homenaje espontáneo: son la evidencia de que estamos hablando de una de las obras más sólidas que produjo la cultura popular argentina.
EL MARKETING QUE NUNCA EXISTIÓ
Y acá aparece la paradoja que hace todo esto todavía más notable. Porque Los Redondos —y el Indio Solari durante toda su carrera— construyeron su leyenda exactamente al revés de como la industria musical dice que hay que hacer las cosas.
Nunca hubo una discográfica grande moviendo los hilos. Nunca hubo una campaña de redes sociales, ni un equipo de prensa con manual de comunicación, ni colaboraciones estratégicas con artistas más jóvenes para capturar nuevas audiencias. Skay Beilinson y el Indio montaron y desmontaron su propio circuito durante décadas: produjeron sus discos de manera independiente, eligieron sus lugares de presentación, controlaron la imagen de la banda con una coherencia casi monástica y se negaron sistemáticamente a todo aquello que oliera a concesión comercial. Los recitales se anunciaban con poca anticipación y en locaciones inesperadas. Las letras eran crípticas, densas, llenas de referencias que exigían trabajo del oyente. Nada de eso se parece a lo que Spotify, las discográficas multinacionales y el ecosistema del streaming promueven hoy como modelo de éxito.
Y sin embargo. Sin embargo, este fin de semana, cuando la Argentina se sentó a escuchar, lo que sonó en los parlantes y los auriculares de todo el país fueron canciones que nacieron en ese modelo de guerrilla, en esa resistencia consciente al mercado. La buena música, una vez más, le ganó al sistema. Las canciones siguen. El pogo no se apaga.
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