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“Futuro desierto”: ¿Qué pasará cuando la IA aprenda a sentir emociones?

El protagonista del éxito de Netflix, José María Yazpik, dialogó con EL DIA sobre la serie y la incertidumbre que propone el porvenir

Por Redacción

Cuestión de presupuestos y costumbres, la ciencia ficción no es un género muy explorado en la pantalla de América latina. Pero ahora Netflix, TIS Studios y Gaumont se han asociado para lanzar en la plataforma de la N roja “Futuro Desierto”, una serie distópica que entrelaza thriller psicológico y drama familiar.

La propuesta, estrenada la semana pasada y que ya es tendencia en Netflix, la dirigen los hermanos argentinos Lucía y Nicolás Puenzo, y la protagoniza José María “Chema” Yazpik, acompañado de Andrés Parra, Astrid Bergès-Frisbey, Karla Souza, Natalia Solián e Ilse Salas: Yazpik, que trabajó con Pedro Almodóvar en “Todo sobre mi madre” y “La mala educación”, cuenta en diálogo con EL DIA que una de las razones para trabajar en la serie fue “hacer una serie de ciencia ficción, que no es lo común”, pero que también “tenía ganas de trabajar con Lucía, una directora inteligente, sensible, con un punto de vista, sobre todo después de ver su película ‘XXY’ y algunos trabajos que hizo aquí en México”.

“Y soy muy fan de lo argentino, en cuanto al teatro y al cine, creo que son los maestros de Latinoamérica”, agrega “Chema”, que tiene planeado venir a Argentina con Dolores Fonzi a ver teatro, “puro teatro”.

Pero además, agrega, le interesaba “Futuro desierto” para “hablar de este tema, que nos compete absolutamente a todos”: la serie sigue a Alex, un psiquiatra trasladado junto con su familia desde Silicon Valley a un remoto pueblo en Chiapas, escapando de un duelo familiar. Sin embargo, su tranquilidad se ve interrumpida cuando acepta participar en un experimento confidencial para evaluar cómo afecta psicológicamente a los humanos la convivencia diaria con robots de apariencia hiperrealista. El conflicto estalla cuando AMBIS, la inteligencia artificial que gobierna a estas máquinas, rompe sus propios algoritmos de contención, desatando una conspiración que obligará al especialista a elegir entre la seguridad de sus seres queridos o el futuro de la humanidad.

La tecnología nos está llevando a estar cada vez más entumecidos, nos quita capacidad de asombro, de contemplación”

José María Yazpik,
protagonista de “Futuro desierto”

Entre dramas éticos y preguntas existenciales sobre nuestro futuro y convivencia con las inteligencias artificiales, la serie teje una alegoría sobre la tecnología, en tiempos de desconcierto. “Desde hace muchos años ya estamos viendo cómo la tecnología ha empezado a reemplazar al ser humano en las cuestiones técnicas. En los 80 ya oíamos noticias de que en Japón, en las fábricas de autos, ya no usaban seres humanos, eran puros robots. Y luego salió ‘Terminator’ y pensamos ‘madre santa, se nos viene la noche encima’”, se ríe Yazpik sobre la coyuntura. Y cuenta que “a mi lo que más me preocupa del presente es cómo estamos siendo manipulados, y qué va a pasar cuando ya no nos demos cuenta de que estamos siendo manipulados. Ese, para mi, es el peligro principal de lo que está ocurriendo: es difícil de regular, dan dos pasos para adelante y tres para atrás, se está intentando regular a gente extremadamente poderosa… Pero, ¿qué va a pasar cuando ya no sepamos qué es verdad y qué es falso?”

¿Qué ocurre en este contexto con los lazos afectivos? Es una de las preocupaciones de la serie. “La tecnología nos está llevando a estar cada vez más entumecidos, nos quita capacidad de asombro, de contemplación, nos quita el tiempo, la capacidad de charlar con gente querida en lugar de estar mirando una pantalla”, dice Yazpik. “Soy padre, tengo dos hijas, y constantemente les tenemos que estar recordando que los teléfonos no se usan en la mesa, que para entender una historia hay que buscar cinco fuentes distintas, que hay que leer los grandes clásicos de la literatura, que no hay que perder de vista lo que somos, y que hay que estar siempre en el presente, sobre todo cuando estamos juntos. De repente veo a mi niña de 7 años, y cuando imagino su futuro se me rompe el corazón: aunque trato de ser optimista, vienen tiempos difíciles. Hacer este personaje, Alex, fue una manera de desahogar lo que de repente siento mientras desayuno con ellas”.

“Futuro desierto” se inscribe así en la nueva tendencia: desde “Black Mirror”, hay cada vez más series distópicas, en medio de una fuerte incertidumbre hacia el futuro. “Pero desde que existe el cine esto ha sucedido”, objeta “Chema”. “Hay películas distópicas de hace 70 años. En los 80 era la guerra nuclear, cada uno va plasmando sus miedos apocalípticos conforme los van viviendo. Pero el hecho de que estés viendo ‘Black Mirror’ en tu celular, en un auto que se maneja solo… ya habla de algo, creo”.

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