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Divididos: “Vivimos arriba de una moto, es bueno parar un poquito y escuchar”

El trío llegará a La Plata el próximo sábado con su nuevo disco bajo el brazo, un trabajo que desde la tapa ya advierte sobre este presente agrietado. En diálogo con EL DIA, Mollo, Arnedo y Ciavarella hablan del presente del país, de la música y de la banda

Catriel Ciavarella, Diego Arnedo y Ricardo Mollo

El último disco de Divididos, lanzado en noviembre del año pasado, viene precedido de una imagen: la tapa (eso que llamábamos tapa y que ahora es una imagen en una plataforma) tiene dos trozos de tela, uno blanco, uno celeste, siendo suturados por un hilo. Una bandera argentina que se desgarra y que alguien intenta unir. Mientras alguien intenta esa tarea que la propia banda define como “utópica”, el nombre del disco señala la realidad: el álbum se llama, como la banda, “Divididos”.

Es “una expresión de deseo”, dice Ricardo Mollo, que se sienta a dialogar con EL DIA antes de su visita a La Plata, este sábado (Estadio Atenas, desde las 21). “Es algo que se rompió y que alguien está intentando que cicatrice, de una vez”, sigue. Pero acepta que quizás es una “misión ambiciosa” para un disco, para la música, cerrar esa grieta histórica y sangrante. “La música quizás puede ayudar, emocionalmente, todas las artes ayudan a abrir la cabeza, a reflexionar… No son la solución de nada, pero sí son una buena compañía en los momentos de decisiones”.

Mollo se presentará este sábado con sus laderos de siempre, Diego Arnedo y Catriel Ciavarella, para presentar el disco. Pero en Atenas van a estar también los clásicos, avisa: “No nos va a pasar como a Fito Páez”, se ríe. “No, bueno”, corrige, “hay que tener un poco de consideración, él avisó…” El chiste flotará sobre toda la conversación, que versará justamente sobre las ansiedades modernas y la imposibilidad de parar un cachito y escucharnos.

Y de eso habla Arnedo cuando responde sobre los ocho años sin discos del emblemático trío. “Se tardó varios años en terminarlo, y el disco se fue haciendo en esos años. Algunas canciones incluso fueron editadas antes, y fuimos sumando otras. Cuando decidimos cerrarlo, ya había pasado mucho tiempo del anterior pero ¿cuál es el tiempo que tiene que pasar entre un trabajo y otro?”, lanza. Y dice que “al no estar bajo la opresión de una disquera que exige determinados trabajos en determinado tiempo, pudimos con esa libertad hacerlo cuando lo queríamos hacer”.

Efectivamente, Divididos lanzó 7 discos en 12 años, todos años bajo contrato con discográficas. Luego saltaron a la independencia: “Divididos” es su tercer disco desde 2010. Y ese salto implicó justamente eso: hacer las cosas a su manera, con sus tiempos.

“Vivimos como arriba de una motocicleta”, dice al respecto Mollo. “Y está bueno a veces parar un poquito para ver qué está pasando: si no, es llenarnos de información, que es llenarnos de ansiedad, y eso te resta aire en la cabeza…”

Por eso presentaron el disco, en el Movistar Arena, de una manera particular: no hubo show en vivo, se juntaron a escuchar el disco, luego proyectaron el documental sobre el álbum (“Sonidos, barro, piel”), y finalmente sostuvieron una charla con Darío Z. Una invitación a

“bajar las velocidades, sentarse a escuchar, reflexionar, algo que quizás el mundo entero debería hacer. Fue decir ‘se puede’”, sigue Mollo. “Y los que fueron, no se levantó nadie, se quedaron 4 horas y media escuchando, fue algo muy lindo, un momento donde parás un poco la cabeza y la información entra distinta”.

- Con todo esto que venimos charlando se me juntan dos cosas: la idea de que hace falta parar un poco, frenar, escuchar, y la idea de la grieta y la sutura en la tapa del disco. ¿Hace falta escucharnos más entre nosotros a los argentinos?

Arnedo: Falta un montón. Es eso. Falta escucharnos, comprendernos, porque quizás podés pensar distinto, pero podés no pelearte con el que piensa distinto: siempre el otro tiene algo de razón, algo que vos no estás pensando, pero la confrontación es a muerte y ahí cagamos. Y entonces es muy difícil. Y nosotros somos músicos, no somos políticos: desde la música, lo único que podemos hacer es dejarle un pensamiento que sirva como una reflexión. La bandera en la tapa es un deseo, puede ser una utopía, pero es un deseo: que eso desgarrado pueda curarse.

- ¿Y como músicos cómo es convivir con estos tiempos de vértigo y poca escucha? En la era de las plataformas es difícil hacerse escuchar, ya casi nadie se sienta en su casa a escuchar un disco una y otra vez. Y ustedes acaban de lanzar un disco.

Ciavarella: Un poco de lástima me da. Uno trabaja mucho una canción, y se la manda a alguien, y hay que aclarar que lo escuche en algo bueno, no en el teléfono, que es donde la gente escucha por default… También me da pena que se haya perdido el trabajo del arte, del librito. Pero también hay cosas buenas. Y es pelear contra una realidad: no me desvela, solo me da un poco de pena.

Arnedo: También hay un mundo marginado… Pienso en los pibes que andan por la calle, los Rappi, que no se van a comprar un disco. Esos chicos llegan al músico de la única manera que pueden. Habrá gente que puede comprar un disco, un tocadisco, tener la historia de esa música, pero hay un mundo de gente que no tiene alcance a eso. Yo veo a los Rappi que andan con el teléfono, que lo tiene que cuidar como oro porque no puede conseguir otro, con los auriculares puestos, y me ha pasado que me han parado con la bici y la caja atrás para decirme “qué bueno el disco”. Y lo tenían puesto en los auriculares, en el teléfono.

Ciavarella: Sí, claro, yo respondía como músico. Ahora, como ciudadano desde ya, lo que importa es la canción, que la gente escuche la canción, como sea. Pero bueno, como músico si me pasa que pienso que uno hace un gran laburo y no lo ve casi nadie. Pero obviamente, esa canción es mucho más accesible así, esa es la parte buena. Yo escuchaba los temas en la radio, los grababa en un casete, fotocopiaba los libritos… Siempre estuvo esa manera de llegar a la música.

Mollo: Es cierto que hay gente que se detiene en un pasaje de una canción, ni siquiera en una canción entera. Ni hablar del disco entero. Pero todo ese trabajo previo que hicimos también es una búsqueda personal, de encontrarse y reconocerse en los sonidos: si el otro lo interpreta buenísimo, pero si no, con que quede la canción es un montón. Acá vamos a fondo en la búsqueda de cada sonido, de cada guitarra, de cada micrófono, de la forma de interpretar, de la conjunción de los sonidos, de los espacios… Eso es nuestro, es un gusto musical nuestro. Pero eso se escapa en una canción y sale a los formatos que haya. Pero igual sí, la idea de lanzar un disco es que se tomen un ratito a escuchar el disco entero, que es lo que hicimos en el Movistar. Invitar a ese momento, a esa práctica, eso de llegar a casa, poner el disco que compraste, apagar la luz y escuchar una o dos veces el disco, como era antes. Después, cada uno capta lo que quiere y puede en la velocidad que su ansiedad o su tranquilidad le permite.

- Yo soy medio tanguero, todo el día pienso en lo que se ha perdido y demás lamentos, pero es cierto que pese a todo las canciones siguen. Y también siguen los vivos, la gente sigue yendo a los recitales, sin importar las crisis, incluso viaja dos, tres días a ver un show… ¿Por qué resiste ese momento de comunión musical?

Mollo: Y es lo que nos queda. El encuentro. No sabés por qué, pero te querés encontrar con el otro, más allá de ir a ver a la banda. Y cuando todo eso pasó, te das cuenta por qué: porque el encuentro con el otro es una necesidad que no hay que perder. El teatro, la música, las reuniones con amigos, todo esto es necesario. Si no terminamos todos atrás de una pantalla y nunca más ves a un ser humano.

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