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Jane Fonda, sin edad Los secretos de una leyenda que no para

La actriz sigue entrenando, filmando y compartiendo sus rutinas con una honestidad que desafía cualquier mito sobre la vejez

Mary Jane Seymour Fonda es una actriz y activista política estadounidense / web

Por Redacción

Hay algo que Jane Fonda nunca hizo: fingir. No fingió cuando militó contra la guerra de Vietnam, no fingió cuando publicó sus rutinas de aerobics en los años 80 —revolucionando el living de medio mundo con esas calzas imposibles— y no finge ahora, a los 88 años, cuando dice que se levanta a las 5:30 de la mañana y se acuesta a las 9 de la noche. “Tengo un horario de granjero”, admite sin el menor pudor, con esa mezcla de practicidad californiana y humor seco que la caracteriza desde siempre.

Lo notable no es que Fonda sea disciplinada. Lo notable es que lleva décadas siéndolo y todavía le parece la cosa más natural del mundo. En su blog personal, que actualiza con regularidad, como si fuera una vecina de barrio con muchas ganas de conversar, comparte sus hábitos de fitness y belleza con una generosidad que ya es marca registrada. Libros, videos, columnas, publicaciones en redes: Jane Fonda siempre contó todo. Y lo que cuenta, básicamente, es que no hay atajos.

El horario que describe en su blog tiene algo de cómico y algo de admirable al mismo tiempo. “Estoy acostumbrada a levantarme a las 5:30, así que no hay problema… excepto por acostarme a las 8 de la noche. Sí, así es, me acuesto muy temprano. Bueno, normalmente no a las 8, más bien a las 9 o 9:30”, escribe, como quien confiesa algo levemente vergonzoso. Entre sus tres maridos, el director Roger Vadim, el político Tom Hayden y el magnate Ted Turner, solo el último compartía esa costumbre madrugadora. Algo que, según ella, fue un punto a favor de la relación.

El sueño, insiste Fonda, es el pilar de todo. “Para mí lo más importante es el sueño. Duermo entre ocho y nueve horas cada noche”, declaró a Vogue. Y luego, con esa ironía que se permite cuando habla de su propia edad: “No me quedan tantas mañanas por delante como para desperdiciarlas sintiéndome cansada”. Es el tipo de frase que uno recorta y pega en la puerta del refrigerador.

Moverse, siempre moverse

La otra constante en la vida de Fonda es el movimiento. Ya no corre —eso lo dejó hace tiempo— pero camina todos los días, preferentemente por colinas, “subiendo y bajando”, subraya, porque la pendiente importa. Y sigue haciendo gimnasia, aunque adaptada: “Alterno días trabajando la parte superior e inferior del cuerpo para fortalecerlo”, explicó en una entrevista con la revista People. Nada de rendirse. Nada de “a mi edad ya para qué”.

Esta filosofía la puso a prueba de las peores maneras posibles. En 2010 le detectaron un cáncer de mama, tratado con éxito mediante cirugía y radiación. En septiembre de 2022 llegó un diagnóstico más duro: linfoma de células B. Meses de quimioterapia que, sin embargo, no la dejaron quieta. Su médico le dio un consejo que ella siguió al pie de la letra: “Me dijo que el mejor antídoto contra el cansancio que puede causar la quimioterapia es moverse. Caminar.” Y caminó. En diciembre de ese mismo año, su cáncer entró en remisión.

La alimentación también la toma en serio, aunque sin fanatismos. “Llevo una dieta bastante sana. No soy estricta. Como alimentos frescos. Simplemente tengo cuidado con lo que como”, resume. Pero hay excepciones gloriosas: cuando viajó a Italia en 2023 para filmar la secuela de “Book Club”, comió helado y pasta todos los días. Sin culpa, sin declaraciones de arrepentimiento. Como corresponde.

Porque Jane Fonda, a esta altura, es mucho más que una ex reina del aerobics o una veterana de Hollywood. Es dos veces ganadora del Oscar a mejor actriz —por “El pasado me condena” y “Regreso sin gloria”—, fue protagonista durante siete temporadas de la serie “Grace and Frankie”, sigue filmando y sigue escribiendo. A los 88 años, con una genética que claramente juega a su favor pero también con décadas de trabajo constante detrás, representa algo que el mundo del espectáculo raramente muestra: que envejecer con vitalidad no es un milagro ni un secreto de marca, sino el resultado de levantarse temprano, caminar cuestas, dormir bien y, de vez en cuando, comerse un helado en Roma.

Nada que no se pueda hacer. El problema, como siempre, es querer hacerlo.

LOS CONSEJOS DE JANE

“Estoy acostumbrada a levantarme a las 5:30, así que no hay problema… excepto por acostarme a las 8 de la noche. Sí, así es, me acuesto muy temprano. Bueno, normalmente no a las 8, más bien a las 9 o 9:30”

“Para mí lo más importante es el sueño. Duermo entre ocho y nueve horas cada noche”,

Camina todos los días, preferentemente por colinas, “subiendo y bajando”, subraya, porque la pendiente importa. Y sigue haciendo gimnasia, aunque adaptada

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