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“La bohème”: la resistencia del color

En una versión más “madura” que resalta la fragilidad de los personajes, la elogiada producción 2024 del clásico de Puccini vuelve al Argentino para demostrar cómo el arte y el amor pueden darle vida a un mundo en ruinas
el color del arte y de los afectos resiste en el mundo desolado de ayer y hoy / guillermo genitti
el color del arte y de los afectos resiste en el mundo desolado de ayer y hoy / guillermo genitti
Mariana Ciolfi, directora escénica
Mariana Ciolfi, directora escénica

La niña del tapado rojo se convirtió en la imagen más poderosa de “La lista de Schindler” por romper su código blanco y negro con una figura simbólica que condensaba inocencia y esperanza en medio del horror. Una intención similar atraviesa la versión de “La bohème” que desde este fin de semana vuelve al Teatro Argentino: ambientada en una Francia devastada en la posguerra, en un universo dominado por los tonos grises y sombríos, el color emerge como un acto de resistencia.

Una resistencia -dice su directora escénica Mariana Ciolfi en diálogo con EL DIA- que funciona como “un recordatorio de que, incluso en las épocas más oscuras, el arte y el amor son los elementos que terminan devolviéndole el color al mundo”.

La idea no solo atraviesa las peripecias del poeta Rodolfo, el pintor Marcello, el filósofo Colline, el músico Schaunard, la modista Mimí y la cantante Musetta en el Barrio Latino que Giacomo Puccini inmortalizó con su música hace ya 130 años. Para Ciolfi, la obra sigue interpelando porque habla de algo profundamente humano.

“Lo que le sucede a esos bohemios es lo que nos sucede a todos por igual. Cuando la vida se pone difícil o cuando la realidad se rompe, lo único que anhelamos es la cercanía de quienes queremos y de quienes nos quieren. No hay refugio más poderoso que ese abrazo en situaciones de adversidad”, remarca.

Nominada por la Asociación de Críticos Musicales de la Argentina en la categoría Mejor Producción Operística 2024, esta versión de “La bohème” regresa ahora con algunos cambios en el elenco y en una propuesta que, según su directora, llega “más madura”, profundizando todavía más en la fragilidad de sus personajes.

Formada en Dirección Escénica de Ópera en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón y en Arte Dramático en la Escuela de Teatro de Buenos Aires, Ciolfi lleva más de 25 años de trayectoria construyendo un lenguaje propio dentro del género lírico. Su trabajo se caracteriza por la creación de experiencias inmersivas y proyectos interdisciplinarios que buscan expandir los límites tradicionales de la ópera. Así, y amparada en la licencia poética del realismo mágico, buscó romper la linealidad temporal para permitir que el espectador pueda tocar el alma de estos bohemios, especialmente la de Mimí, que aparece “desdoblada” en escena, con la muerte susurrándole al oído.

“Para mí, los artistas caminamos siempre con el alma en la mano. Hacer visible esa presencia es una forma de darle cuerpo a nuestra fragilidad”, señala la directora sobre el lenguaje que decidió potenciar en esta reposición y que le permitió ahondar en “la fugacidad de la vida frente a la eternidad del arte”.

UNA MIMÍ, DOS RECORRIDOS

Con el maestro Carlos Vieu otra vez al frente de la dirección musical, participarán la Orquesta Estable, el Coro Estable y el Coro de Niñxs. Dentro del elenco se destacan las dos intérpretes de Mimí, con recorridos muy diferentes: la experimentada Marina Silva y la debutante Natacha Nocetti.

En el caso de Silva, el desafío consistió en “desaprender”, en despojarse de versiones anteriores para construir “una Mimí nueva, menos operística tal vez, más frágil, muy joven, más natural”. Con Nocetti, en cambio, la búsqueda estuvo puesta en encontrar “esa Mimí primigenia”, desprendiéndose de “todos los prejuicios y el imaginario previo” que inevitablemente rodean a un personaje tan emblemático.

Más allá de las diferencias, el objetivo de Ciolfi con las dos fue el mismo: “que la Mimí que suba al escenario no sea un arquetipo, sino un cuerpo presente y real que se descubre a sí mismo en cada función”.

“Incluso en las épocas más oscuras, el arte y el amor son los elementos que terminan devolviéndole el color al mundo”

Mariana Ciolfi, directora escénica

Ciolfi asegura que se trata de uno de los mejores títulos para acercar la ópera a nuevos espectadores y romper con el prejuicio de una supuesta esencia elitista que todavía persiste. “Su mayor potencia para conectar con públicos nuevos y jóvenes es su teatralidad absoluta. En esta obra, todo lo que se dice sucede; no hay artificios innecesarios, es acción pura”, sostiene y resume la esencia de la historia escrita por Luigi Illica y Giuseppe Giacosa en una definición tan sencilla como contundente: “es el ciclo de la vida resumido en poco más de dos horas”.

A su criterio, “nadie puede salir indiferente de ‘La bohème’, porque en algún punto todos somos esos jóvenes tratando de encontrarle un sentido al mundo a través del afecto y del arte. Es una invitación a ver nuestra propia vida reflejada y aumentada por la música más maravillosa de Puccini”.

Con escenografía de Oscar Vázquez, vestuario de Stella Maris Müller e iluminación de Fabricio Ballarati, esta producción fue realizada íntegramente en los talleres del Teatro. Para el montaje se construyeron, entre otros elementos, seis carros escenográficos con ruedas, tres árboles de hierro de entre 3,5 y 5 metros de altura, dos telones pintados de 11 por 20 metros, una reja de ocho metros de largo, rampas de once metros de extensión. También se diseñaron el frente de una casa con sus ventanas, siluetas de edificios, una escalera, una cama, cuatro grandes columnas, dos faroles, una estufa y seis carritos de vendedores ambulantes. Además, se confeccionaron o adaptaron más de 300 trajes para los distintos participantes, 15 piezas de vestuario para los solistas, 150 sombreros, pares de zapatos para todos los personajes, 23 pelucas, barbas postizas, tocados de flores, collares, pulseras y anillos.

En un contexto particularmente complejo para la producción cultural, poner en escena una ópera de esta envergadura, que además moviliza a 200 personas entre el foso y el escenario, es toda una declaración de principios, y una gran pincelada de color. Ciolfi lo define como “un acto de resistencia y un hecho conmovedor”.

Con entrada gratuita, y reserva online, habrá funciones mañana a las 20 y el domingo a las 17 en la Ginastera, y otras cuatro la próxima semana (ver aparte).

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