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La saga de Afroman: un rapero olvidado volvió a la fama gracias a un encontronazo con la policía... y a una torta

Joseph Edgar Foreman era un chiste viejo de principios de siglo. Hasta que la fuerza pública golpeó su puerta, literalmente, y le regaló el segundo acto más improbable e hilarante de la historia musical

El policiía y su segundo de duda que se convirtió en canción
El carismático Afroman con su particular traje

Por Redacción

Hay artistas que tienen una sola canción y viven de ella para siempre. Hay artistas que tienen una sola canción y prefieren olvidarla. Y luego está Joseph Edgar Foreman, conocido en el mundo del espectáculo como Afroman, que tenía una sola canción, desapareció del mapa durante dos décadas, y volvió de la manera más inverosímil imaginable: convertido en héroe de la Primera Enmienda, némesis de siete agentes del sheriff de Ohio y, sobre todo, en el autor del videoclip más divertido del siglo XXI.

Pero vayamos por partes.

El año 2001 fue raro para el mundo. En ese contexto de turbulencia global, la humanidad encontró consuelo en una canción de rap protagonizada por un joven californiano que explicaba, con una cadencia casi hipnótica, por qué su vida era un desastre total. La canción se llamaba “Because I Got High” y narraba, con una ironía casi didáctica, cómo cierta sustancia de origen vegetal —cuyo nombre el artista jamás pronuncia con pudor— había convertido su existencia en una acumulación de fracasos domésticos, académicos y sentimentales.

La historia del éxito fue casi tan absurda como la canción misma: Afroman había grabado el tema de manera independiente en Hattiesburg, Mississippi, lo distribuía en sus propios shows, y fue un fanático anónimo quien subió la pista al entonces revolucionario Napster. De ahí al oído del extravagante locutor Howard Stern, y de Stern al mundo entero, fue cuestión de semanas. “Because I Got High” llegó al número uno en listas de todo el mundo: para un tipo que hasta hacía poco vendía sus propios CDs en la puerta de los boliches, no estaba nada mal.

El éxito le valió un contrato con Universal Records, que re-editó el material bajo el compilado “The Good Times” en 2001. Afroman fue nominado al Grammy. Apareció en televisión. Fue la broma favorita de toda una generación.

Y entonces desapareció. No le fue bien, se separó de Universal y el mainstream siguió su marcha sin él. Afroman quedó archivado en ese cajón nostálgico donde conviven las macarenas, los tamagotchis y otras curiosidades del cambio de milenio.

LA NOCHE QUE CAMBIA TODO

Avancemos hasta agosto de 2022. Afroman vive con su familia en una casa modesta en el condado de Adams, Ohio, pero no está en casa la noche en que la policía lleva a cabo un allanamiento bajo sospecha de narcotráfico y secuestro. El operativo no arroja resultado alguno: no hay detenciones, no hay cargos formales. No solo no encontraron nada: la policía actuó buscando mujeres secuestradas en el sótano de Afroman... y Afroman no tenía sótano.

Lo que sí hubo, según denuncia posterior del músico, son daños materiales en su propiedad y la desaparición de unos 600 dólares en efectivo. Y también hay algo más: las cámaras de seguridad del hogar, que lo grabaron todo.

Un allanamiento policial sin sentido se transformó en una creativas venganza musical

El video de vigilancia doméstica muestra a media docena de agentes armados derribando la puerta a patadas, revisando la colección de CDs del rapero, hurgando en los bolsillos de su traje, hojeando un fajo de billetes y, en un caso que pasaría a la historia, distrayéndose brevemente con un pastel que alguien había dejado en la cocina.

Ese instante, esa duda existencial, fue captada en alta definición por las cámaras que los propios agentes intentaron desconectar sin éxito completo, y sería el germen de una de las venganzas artísticas más creativas de la historia reciente.

LA DISCOGRAFÍA DE LA INDIGNACIÓN

Afroman buscó que le paguen los daños, pero la Justicia se negó. Y entonces... “Me pregunté, como hombre negro sin poder en Estados Unidos, ¿qué podía hacerles a los policías que derribaron mi puerta, intentaron asustar a mi familia, me robaron el dinero y desconectaron mis cámaras? Y lo único que se me ocurrió fue componer una canción de rap divertida sobre ellos… usar el dinero para pagar los daños que me causaron y seguir adelante”, contó Afroman en 2023.

Lo que siguió fue un disco entero. El álbum, lanzado en 2023 y titulado “Lemon Pound Cake”, el nombre de la torta en cuestión, se convirtió en un fenómeno digital.

La canción central del disco tenía el mismo título, y la letra arremetía contra el oficial que, según la canción, “tuvo antojos porque se distrajo con cuestiones ajenas al trabajo”. Versión eufemística, claro. La letra original es bastante más gráfica respecto a lo que exactamente estaba buscando el agente en aquella cocina. El video, que utiliza las imágenes de la cámara de seguridad, alcanzó 3,6 millones de vistas en YouTube. Y así es todo el disco.

Entonces, la saga tomó un giro inesperado cuando los policías decidieron contraatacar. Siete agentes demandaron a Afroman por difamación e invasión a la privacidad, alegando que el rapero había usado sus rostros sin permiso, causándoles “humillación, angustia mental y pérdida de reputación”. Incluso afirmaron haber recibido amenazas de muerte tras la viralización de los videos. Pedían 3,9 millones de dólares en compensación.

Durante el juicio de tres días, la tensión llegó a su pico cuando una de las oficiales lloró en el estrado por el contenido de las letras. Afroman, que concurrió al tribunal ataviado con un traje con los colores de la bandera estadounidense, respondió con la frialdad de quien lleva meses pensando exactamente en este momento: “Ella dice que está herida por un video. Yo estaba herido cuando apuntaban un rifle AR-15 a mis hijos con el dedo en el gatillo. Hablemos de los depredadores, no de la víctima”.

El jurado deliberó y determinó que las canciones y los videos constituyen sátira y crítica social protegidas por la Primera Enmienda. Afroman no era responsable de nada. Al salir de la corte, el rapero gritó “¡Libertad de expresión!” rodeado de seguidores. Y luego agregó, con la precisión de quien sabe que la frase quedará en los libros: “Si no hubieran allanado mi casa injustamente, no habría canciones. No sabría sus nombres. Nada”.

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