Fernando Kabusacki está siempre en movimiento. Inquieto, se ha ganado la fama de ser uno de los guitarristas “raros” del rock nacional. Raro, por inclasificable: discípulo de Robert Fripp, guitarrista de Bowie y King Crimson, tocó con Juana Molina y Charly, también con músicos japoneses. Compone música para dibujos animados, y también improvisa con su guitarra sobre películas mudas: es el hombre de los mil proyectos, y mucha de esa energía creativa y ecléctica la debe, dice, a Guitar Craft, escuela de guitarra fundada por Fripp.
“No creo que en una escuela de música tradicional hubiera llegado a ese nivel de flexibilidad”, dice Kabusacki, en diálogo con EL DIA, a días de que se brinde en Villa Elisa un curso internacional de Guitar Craft (pueden anotarse escribiendo a contacto@musicaenmovimiento.com). El curso tendrá lugar entre el 23 y el 28 de junio, está abierto a guitarristas con cualquier nivel de experiencia y durante la semana los participantes convivirán y compartirán el trabajo en la casa, la práctica con el instrumento y sesiones de Tai Chi, Feldenkrais y Técnica Alexander en un trabajo integral del cuerpo y la mente. El cierre será con un concierto en Chascomús.
Es que, dice Kabusacki, la escuela enseña una forma de relacionarnos con la guitarra, con la música y con nosotros mismos. Es una escuela de guitarra, donde a través de la música se enseñan cosas que son importantes para la vida: no solo aprendés a tocar la guitarra. Para mí la música es realmente muy importante, y para mucha gente lo es. Y a través de Guitar Craft pude desarrollar una manera de estar disponible para la música, de ser músico”.
Kabusacki no será parte del curso, que será dirigido por Luciano Pietrafesa, Steve Ball, Claudio Lafalce e Ignacio Gracián, porque se va a Inglaterra a pedirle ayuda al mismísimo Fripp para desarrollar su técnica: es que el año pasado formó una banda para tocar un disco de Fripp, “Exposure”, y tocar ese “material que nadie toca” es “muy difícil de hacer, hay que estar en forma, casi como si fuera un atleta de alto rendimiento”. Así que Kabusacki visita a su maestro, previo a una gira por la costa Oeste estadounidense, en octubre.
Antes, sin embargo, se irá a Italia con The League of Crafty Guitarrists, junto a Luciano Pietrafesa, parte del curso en Villa Elisa. Con esa banda, Kabusacki toca temas de King Crimson, en conciertos solos o con orquesta.
Y eso es apenas el comienzo de lo que Kabusacki tiene en agenda: junto a Los Instrumentales de Charly (Matías Mango, Fernando Samalea y otros) viene de hacer música de García, porque “si bien hay mucha gente que toca música de Charly, yo siento la responsabilidad de hacerlo de la manera que a mí me parece que está bien hacerlo, por mi relación con Charly. Creo que entiendo bastante su manera de ver la música, aunque nadie puede entender del todo cómo ve la música”.
EL PAPÁ DE UMA
Y ahora armó otra banda para tocar Charly, con los famosos chilenos de Charly, Kiuge Hayashida y Toño Silva, que acompañaron mucho tiempo a García. “Con ellos hacemos otra faceta, más rockera, del repertorio de Charly”. Y allí canta Uma, su hija, también cantante de su Kabusacki Band y que se encuentra desarrollando, para orgullo de papá, su propia carrera solista.
“No sé si terminó haciendo música por mí, pero desde chiquita me ve a mi haciendo música todo el tiempo, y a lo mejor eso la influenció, hizo que algo le llegue”, dice de Uma, que editó un single del tema “Mary”, de Fripp, hace algunos meses, y está a punto de lanzar un disco, “Seattle”, con León Gieco y Lisandro Aristimuño como invitados, y Charly en algunas voces.
“Para mí es una de las mejores cantantes jóvenes del país”, dice su papá, que también sumó a Uma al grupo que comparte con Luis Gurevich para hacer canciones de León Gieco.
¿Cómo es ser padre de un artista siendo Kabusacki mismo un artista, y uno estudioso, perfeccionista? “Soy estudioso pero perfeccionista…”, avisa. “Para mí, muchas veces la imperfección es perfecta”.
“Pero sí”, acepta, “soy un poco rompebolas, podríamos decir… Me parece que las cosas tienen que estar bien hechas. Pero nunca le digo cómo tiene que hacer las cosas, nunca la corrijo o le bajo línea sobre cómo cantar, no me meto. Simplemente pongo a su disposición oportunidades para cantar… Pero con Los instrumentales de Charly, por ejemplo, no fui yo quien la propuse para cantar, fueron Mango y Samalea”.
Pero, además, dice, es su hija quien le enseña, quien le mantiene la antena conectada al presente. “Creo que aprendí de música más yo de ella, que ella de mi”, cuenta. “Me presentó músicos extraordinarios, yo no los conocía también por edad, y me hizo escuchar a Adele, C. Tangana, a Wos… Yo era escéptico, y fui a ver un concierto de C. Tangana y fue uno de los mejores conciertos que vi en mi vida. Lo mismo me pasó con Rosalía, por ejemplo: ella escuchaba Rosalía, yo no la tenía muy en cuenta, y ahora escucho Rosalía y me pongo a llorar. Hoy me hizo escuchar a Milo J, y me emocionó mucho lo que hace: aprendo de ella”.
Son artistas que echan luz a tiempos “oscuros, oscurísimos”, dice. Y esa es de alguna manera su misión. “Tenemos que encontrar todas las maneras posibles que tengamos para traer un poco de luz: creo que la gente lo necesita. Y lo único que podemos hacer los músicos es música. No es que vamos a salvar el mundo, pero cada uno, aportando un poquito de luz, podemos hacer la vida más llevadera, más linda, más liviana”.
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