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Massacre en La Plata: “Somos una banda ecléctica, no somos solemnes”

En diálogo con EL DIA, el icónico Walas habla del show de esta noche, de “MasterChef” y de su encuentro con la masividad
LA BANDA LIDERADA POR WALAS VUELVE A LA CIUDAD

Por Redacción

Inclasificable como siempre, la banda emblema del skate-punk en Argentina, que de aquellos inicios sobre ruedas mutó a un punk festivo, ecléctico y alienígena, vuelve a La Plata: Massacre se presenta esta noche en el Teatro Ópera (58 entre 10 y 11) para repasar los éxitos de sus cuatro décadas de trayectoria, más algún cover, “como siempre, y la magia que tienen los shows de Massacre, que son las cosas que pasan entre tema y tema”, según promete, entre risas y en diálogo con EL DIA, Guillermo Cidade, el icónico Walas.

Sonarán en la velada también algunos temas de “Nueve”, primer disco en caso una década para la banda, que le dio el año pasado dos Premios Gardel, planteando una especie de dicotomía: una banda que por su irreverencia es parte del margen, pero que hoy ya es parte de un panteón del rock nacional.

“Nosotros nos acostumbramos a eso cuando fuimos nominados al Grammy”, acota Walas. “Y antes de eso, estaban las encuestas de fin de año de los suplementos culturales, y nuestros últimos cuatro discos fueron elegidos mejor disco del año, así que no es algo que nos sorprende…”

“Pero”, sigue, “nos sorprendió porque estábamos en la terna con Bersuit y Cruzando el charco, que son bandas muy populares, y estábamos nosotros, que somos… menos convencionales, digamos. Pero nos alegró muchísimo”.

De alguna manera, es la trayectoria que ha atravesado el propio Walas: hombre del skate en tiempos prehistóricos de la actividad, artista del under durante muchísimos años, en 2025 llegó, con su histrionismo y su pelo de colores, a “MasterChef Celebrity”. La masividad absoluta.

Un cambio, un shock, que “ahora me pega bien, pero me trajo sus conflictos”, confiesa. “Cuando me propusieron entrar a ‘MasterChef’ dije que no, lo tuve que ver mucho con mi familia, mis amigos, mi terapeuta… Me tuvieron que convencer, me tuve que convencer yo. Desde Telefé me insistieron y terminé aceptando, teniendo en cuenta los antecedentes de amigos como Juanse, El Mono de Kapanga, Joaquín (Levinton)... Hubo varios rockeros ya, y entonces ahora me tocaba a mí”.

- ¿Y por qué dudabas?

- ¡Y porque no se cocinar nada!

- ¿No había algún prejuicio, no era que el reality te parecía banal? ¿O que pensabas que era mucha exposición?

- Bueno, eso también, es mucha exposición. Es pasar de ser un músico de culto, no comercial, no convencional, al programa más visto de Argentina, con 20 puntos de rating. Eso me asustó un poco, primero. Pero yo soy así, en la vida me asusto primero y después me tiro a la pileta, no te olvides que el año pasado hice cine, comedia musical en la calle Corrientes (es parte de “El Principito” de Baglietto y participó en la pantalla grande en el slasher “Masacre en el Delta”). Cuando me proponen cosas, por lo general, primero me asusto y después digo que sí.

- Tiene que ver bastante, me parece, con el espíritu de Massacre, esa apertura a probar, a lo que venga.

- Sí, tiene que ver con la banda, la banda tiene surrealismo, absurdo, es elástica, ecléctica. No somos solemnes. Entonces me puedo dar el lujo, como personaje, de hacer esas cosas que no tienen nada que ver con la música, con el rock.

- Hablás de solemnidad. ¿Qué te parece que genera la solemnidad en el arte?

- El arte tiene que ser libre, el arte no tiene que tener solemnidad: tiene que reírse de sí mismo y a partir de ahí, ser, dar, decir. La solemnidad la tienen que tener las ciencias exactas. Pero el arte no, es absolutamente libre, lúdico, el artista es bastante chiquilín, bastante niño.

“El arte tiene que ser libre, el arte no tiene que tener solemnidad: tiene que reírse de sí mismo y a partir de ahí, ser, dar, decir”

Walas, voz de Massacre

- Y ahora que, una vez más, vuelve a decirse que el rock está muerto… No sabemos si ha muerto o no, pero si está enfermo, ¿está enfermo de solemnidad?

- Puede ser. En este momento los símbolos del rock son un museo de cera, por no decir una gerontocracia. Pero por suerte están las nuevas bandas, que mantienen viva la llama del rock. El otro día un amigo, Axel Kuschevatzky, me pasó un video de la banda de su hijo, un chico chiquito, sub 20. La banda se llama Restless. Me lo pasó como curiosidad… y el chiste es que subieron el tema a Spotify y tuvieron 8 millones de escuchas. Entonces, lo escuché: es una mezcla de Nirvada con Weezer. Son chicos chicos que siguen ejerciendo, por suerte, la escuela del rock. Así que no está tan muerto, hay nuevas generaciones que hacen rock, que les gusta el rock.

- En un momento parecía que las nuevas generaciones iban para otro lado, al menos el mainstream. Pero ahora se está viendo un resurgir, ¿eso se ve en los shows de Massacre? ¿Se acercaron chicos? ¿O se amplió el público por el reality?

- Bueno, definitivamente me conoce más gente. El programa es “MasterChef Celebrity”, y yo me convertí en “celebrity”, he sacado el carnet, en la calle me saludan señoras grandes, niños, familia… Y eso repercute un poco en los shows, la gente quiere venir a ver a qué se dedica ese que conoció en “MasterChef”. El otro día tocamos en Córdoba, en Santa Fe y el fin de semana en Montevideo y en el Art Media, y estaba todo lleno hasta atrás… Así que es posible que haya repercutido un poco el tema de los 20 puntos de rating.

- Hablamos bastante de rock. Hablabas de la gerontocracia, también ha regido el rock lo masculino, bastante. Y siempre decís que Massacre es un grupo matriarcal. ¿Por qué?

- Porque nosotros estamos empujados por un motor que es La Toni, la manager, mi mujer. Y entonces, con La Tori vinieron un montón de mujeres al equipo de Massacre, la gente de video, de luces, de prensa… Nosotros somos cinco varones, pero por detrás, desde siempre, hubo mucho componente femenino. Más allá de la parte artística, más allá de la obra: la inspiración en Massacre está mucho en lo femenino.

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