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Sofía de Ciervo: “Volver a la raíz, volver a levantar estos sonidos, es un acto político”

Sofía de Ciervo

Por Redacción

La juninense fue nominada a los Gardel como mejor nueva artista por “Punga”, un disco donde aborda el tango con gran libertad

Después de años de trap puro (y puro trap), las nuevas generaciones empiezan a jugar con los géneros de raíz: ahí están Trueno o Milo J, llevando nuestras músicas por el mundo en novedosas fusiones. Y a esa tradición se suma Sofía de Ciervo, nominada al Gardel (que se celebran este martes) como mejor nueva artista gracias a “Punga”, disco donde, en ocho canciones, toma, retuerce y deconstruye el ADN tanguero.

De Ciervo no es porteña: nació en Junín. Tampoco es, dice en diálogo con EL DIA, una estudiosa del tango: estudió canto lírico, luego se mudó a la comedia musical. “Y tampoco vengo de familia tanguera, no tengo un abuelo que me hizo escuchar…”

Sin embargo, desde que se mudó a Buenos Aires para estudiar en el Conservatorio Manuel de Falla, “empecé a encontrar el tango en distintos lugares de la calle. Y me enamoró más eso que ponerme a escuchar discos: me emocionaba más un cantante en vivo con una guitarra que una orquesta de las tradicionales”.

El tango que escuchaba De Ciervo en la calle “representa la emoción del porteño: sensual, deprimido, melanco”. Y “esa combinación de exceso, depresión, esa cosa tan sensual de la ciudad” es lo que la atrapó: “Siento que lo tenemos en la sangre, más que el folclore: el folclore te pega en el vientre, es algo más ancestral, el tango representa cómo pensamos”.

Así fue gestándose “Punga”, su primer álbum, que en ocho canciones cuenta la historia de una mujer y varios personajes atravesados por la vida: De Ciervo hace uso de lo aprendido en la comedia musical y, en sus videos y en sus shows, monta una especie de performance neo-tanguera para contar esa historia (se podrá ver el próximo jueves en el porteño Galpón B).

También tiene que ver con su trayectoria en la comedia musical el abordaje, rupturista, que hace del género porteño: “Sentía que las estructuras que aprendía, en el conservatorio, también en comedia musical, eran muy cerradas: me aburría no tener un espacio donde generar mis propias reglas. Así empecé a componer”, cuenta.

El tango se convirtió en un campo de experimentación para la libertad, justo cuando otros artistas de su generación se estaban acercando a los géneros tradicionales argentinos, del folclore al rock nacional. Una movida que “no es casual”, opina. “Este gobierno no nos representa como argentinos: estamos en búsqueda de una nacionalidad, algo que se sienta como un hogar. Los argentinos queremos levantar esa bandera al no encontrar ese hogar en la política: siento que es un acto político volver a la raíz, volver a levantar estos sonidos, que los jóvenes se emocionen con los sonidos de su cultura, que dejemos de importar tanto de afuera, que reconstruyamos lo de adentro”.

Así que en “Punga” De Cierto toma “el ADN más crudo” del tango, buscando “reinventarlo”. Una deconstrucción del tango, similar a la exploración que hizo Rosalía del flamenco: “Fue una referencia fundamental, también Arca, Rusowsky: hay todo un mundo madrileño que me gusta mucho, lo escuchamos mucho mientras hacíamos el disco. Ellos realmente revolucionaron el flamenco, y se hizo una comunidad, cosa que quizás está empezando a pasar con el folclore, aunque todavía siento que va cada uno por su lado”.

El resultado es un disco con una sonoridad de fuertes reminiscencias al tango, a sus atmósferas, a esa oscuridad casi noir, pero atravesada por el pulso urbano de la movida trapera, el reguetón y la música electrónica. Y también, por la mirada femenina: en las letras De Ciervo es una cantora indócil, que se rebela al lugar histórico que la mujer ha ocupado en el tango. “Dejá, no quiero que me vengas a buscar”, canta, en respuesta a tantos tangueros que juran y perjuran que ya volverá ella arrastrándose: un tango a contramano de cierta lírica patriarcal que atraviesa el género.

“También por eso elegimos el tango: sentía que no solamente faltaban jóvenes haciendo tango, también mujeres, voces al frente femeninas que intenten contar, otras historias que no sean las mismas de siempre”, dice al respecto.

- Hay mujeres cantoras de tango en el pasado, y el tango tiene una especie de humor también, hay machismo desde ya, pero también un protagonista que es siempre un perdedor que le echa la culpa a la mujer...

- Piazzola decía que el tango es el lamento del cornudo, claro.

- Exacto. Pero, de todas maneras, ¿cómo abordaste vos este género teniendo en cuenta ese origen?

- Incluso hay algo en la composición que es machista: cuando estudiamos Bajofondo para no hacer eso, aunque me encanta, notamos que en la forma era bastante fálico, los instrumentos al frente, la repetición. Mi disco intenta irse por otro lado, que siga siendo tango sin caer en estas formas más puntiagudas, donde el tango está más implícito: un tango femenino, cóncavo, que no va hacia los lugares más explorados o esperados, sino que va hacia lugares rotos, más desestructurados.

- Dejás de lado esa repetición que proponía Bajofondo, también esa instrumentación más agresiva de las orquestas, pero sin dejar de lado la sensualidad tanguera.

- Es que el tango es sensual: nace de los prostíbulos. Si ese ADN no está, queda solo el llanto. Y algo de eso pasó: uno piensa en el tango y piensa en el lamento, pero nace de la prostitución, lo que ahora es el RKT y el trap antes era el tango, la gente decía “no, cómo voy a escuchar tango”. Así que de alguna forma lo que propongo es volver a ese origen: por eso lo unimos con el reguetón y esa unión se dio tan natural, porque nacen del mismo lugar.

- Teniendo en cuenta estos desvíos que hacés sobre el tango, ¿querías provocar a un género que está quizás anquilosado?

- Es que si uno lo deja en el museo le está faltando el respeto. Hay tangos increíbles, nuevos, de formaciones increíbles, pero siguen sonando como tango viejo. No está esta contracorriente desarrollado, y es parte de que la cultura evolucione: que podamos llamar a nuevas generaciones, que se escuche de diferentes maneras, que siga siendo un género amplio, como sí ha pasado en el folclore.

“Uno piensa en el tango y piensa en el lamento, pero nace de la prostitución, lo que ahora es el RKT y el trap antes era el tango”

- El disco es un desafío al género, una ruptura: hoy hay acceso a músicas de todo el mundo, es más fácil fusionar, explorar, escuchar cosas nuevas. Pero también hay bastante repetición, me parece, algo de miedo a salirse de los lugares que dan éxito.

- Como artista siento que hay un miedo a romper las estructuras, a desencajar. Encuentro que si hay una ruptura, hay muchos artistas haciendo esas rupturas: hay cosas rupturistas, pero uno escucha ciertas similitudes en las búsquedas. Es una especie de… “voy a romper hasta ahí”, se ensaya una ruptura, pero quizás no termina de ser algo fresco.

- En tu último sencillo, “Nunca pasa nada con mi ausencia”, no hay tango. Cerraste una etapa, se vienen nuevas exploraciones, se terminó el tango con “Punga”?

- Quería un poco de aire, de respiro, algo más cercano, algo que me aleje de tanta oscuridad. Pero para nada: se viene toda una era de “Punga 2.0”, para nada vamos a alejarnos de lo que empezamos.

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