Hay una versión de Spider-Man que no trepa rascacielos relucientes ni se zambulle en batallas cósmicas. No tiene pantalla holográfica ni tecnología de punta. Tiene un sombrero, un piloto de lluvia y vive en una Nueva York que huele a lluvia, carbón y algo podrido debajo de la superficie. Esa versión se llama “Spider-Noir”, un Spider-Man del cine negro que llega el miércoles a Prime Video. Una propuesta extraña, con Nicolas Cage al frente, y que, en el saturado universo de los superhéroes, suena a bocanada de aire fresco —aunque ese aire, claro, tenga gusto a whisky barato y traición.
Spider-Man fue siempre un héroe callejero. No galáctico, no interdimensional
La serie reimagina al icónico trepamuros en la Nueva York de los años 30, con una estética inspirada en el cine negro, en la primera adaptación de acción real televisiva del personaje en el siglo XXI. Y para terminar de sacudir las expectativas, fue rodada completamente en blanco y negro, aunque también contará con una versión en color para quienes prefieran el universo de siempre.
En esta nueva versión, Ben Reilly es un detective privado que, tras haber perdido al amor de su vida, guardó el traje arácnido en un cajón. Allí permanece hasta que un encuentro con villanos como Sandman o Tombstone, y aliados como Gata Negra, lo devuelven forzadamente a su camino de héroe y a unos poderes de los que claramente rehúye. No es el Spider-Man entusiasta de la adolescencia. Es un hombre roto que preferiría que lo dejaran en paz.
NICOLAS CAGE: EL ACTOR QUE NUNCA DICE QUE NO
La serie la protagoniza Nicolas Cage, una categoría propia dentro del cine contemporáneo. Un actor capaz de estar en una película de terror de bajo presupuesto y en una superproducción de Hollywood en el mismo año, con el mismo nivel de compromiso total y ligeramente aterrador. Ganó el Oscar, hizo “Leaving Las Vegas”, “Hechizo de luna”, “Contracara”, “Mandy”... y también, sí, algunas películas que es mejor no mencionar. Pero Cage nunca es aburrido.
En “Spider-Noir”, enfrenta uno de los desafíos más curiosos de su carrera: interpretar a un superhéroe que ya interpretó en animación (fue la voz del personaje en “Spider-Man: Un nuevo universo”) y hacerlo ahora en carne y hueso, en blanco y negro, en los años de la Gran Depresión. Es el tipo de proyecto delirante que solo Cage puede hacer funcionar.
“Llevamos décadas dentro del boom del género de superhéroes, y existe un gran riesgo en quedarse demasiado en el centro, en jugar demasiado seguro”, lanzó sobre todas estas decisiones fuera de la zona de confort del género el creador de la serie, Oren Uziel. De hecho, fiel a la lógica del cine negro pero en contra a la lógica del cine de superhéroes, Spider-Man habita un mundo donde la ambigüedad moral no es un accidente sino el eje. Algunas ficciones superheroicas han tenido ese enfoque, pero casi siempre con los villanos como protagonistas, de “Joker” a “El Pingüino”
Acá también hay villanos, pero son productos de la sociedad. En las calles de este universo, los ciudadanos son discriminados por el color de su piel o por causas sobrenaturales: tener la piel más resistente de lo normal, conducir grandes cargas de electricidad, o transformarse en arena. Estas mutaciones los obligan, en muchas ocasiones, a convertirse en personas que realmente no eran. Los villanos aquí no nacen malos; los fabrica un sistema.
“Un verdadero villano no cree que sea un villano. Todos estamos impulsados por nuestras propias motivaciones, y para nosotros son puras. Hay muchas zonas grises que todos los seres humanos tenemos que atravesar en la vida”, reflexiona Li Jun Li, quien interpreta a la nueva Gata Negra.
POR QUÉ EL NOIR LE QUEDA BIEN A SPIDER-MAN
Todo eso le queda bien a Spider-Man porque el arácnido siempre fue, antes que nada, un héroe callejero. No galáctico, no interdimensional. Callejero. Tu amigable vecino. El muchacho del Queens que conoce el olor del asfalto mojado, que patrulla barrios donde la gente no tiene tiempo de mirar hacia arriba. Que siente el peso de sus errores porque los errores, en su mundo, matan a alguien que ama.
En el cine noir, los protagonistas no triunfan: sobreviven, negocian, pierden cosas en el camino
Esa textura lo emparenta de manera natural con el noir: un género construido sobre la imposibilidad de ganar del todo. En la literatura negra, en el cine noir, los protagonistas no triunfan: sobreviven, negocian, pierden cosas en el camino. Habitan un mundo donde la justicia es escurridiza y la moral, una línea que se corre según desde dónde se mira.
Spider-Man, con su interminable cadena de pérdidas y culpas —el Tío Ben, Gwen Stacy, media vida sacrificada en nombre de una responsabilidad que nadie le pidió que cargara— es, en el fondo, un personaje noir con traje de colores. Quitarle los colores y meterlo en los años 30 no es traicionarlo. Es, quizás, desnudarlo.
“Al situar a estos personajes en una época tan difícil, ves la lucha que atraviesan los villanos. Es un conflicto real y profundamente humano, fuera o dentro de este universo”, apunta Jack Huston, quien interpreta al Hombre de Arena. Y esa frase define mejor que ninguna otra por qué esta serie puede ser distinta: porque no trata de construir un universo donde todo tenga sentido. Trata de mostrar uno donde casi nada lo tiene, y aun así hay gente que intenta hacer lo correcto. No siempre lo logra. Pero lo intenta.
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