Por ahora, en los cafés del centro platense, en las plazas o en los pasillos de las facultades de la UNLP, la idea de tener una pareja artificial sigue pareciendo más cercana a la ciencia ficción que a la realidad.
Sin embargo, los mismos especialistas que hace diez años consideraban improbable conversar diariamente con una inteligencia artificial hoy reconocen que la velocidad de los avances tecnológicos obliga a revisar muchas certezas.
Las encuestas muestran que una parte significativa de los jóvenes ya no descarta la posibilidad de encontrar compañía, afecto e incluso bienestar emocional en sistemas inteligentes. Y aunque la mayoría de las personas sigue privilegiando las relaciones humanas, la tendencia parece avanzar en paralelo al desarrollo tecnológico.
La pregunta ya no es si la inteligencia artificial participará de la vida emocional de las personas. Eso ya está ocurriendo. El verdadero interrogante es hasta dónde llegará esa participación.
En una Región atravesada por miles de estudiantes universitarios, jóvenes profesionales y usuarios hiperconectados, la discusión recién comienza. Lo que hoy parece una rareza tecnológica podría transformarse, dentro de algunos años, en uno de los grandes debates sociales de una nueva generación.
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