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Historias platenses

Protectores y activistas: la vida por los animales

Para los protectores que trabajan en refugios para perros, los activistas por el cierre del zoo, y los empleados del zoológico, los animales son parte inseparable de su vida. Por qué los defienden y qué piensan los que afirman que ellos también tienen derechos

Por ANA LAURA ESPERANÇA

La lluvia tiñe el zoológico platense de gris. Para llegar a la oficina de cuidadores -una edificación de principios de siglo XX- hay que subir una decena de escalones enormes. Arriba hay una habitación llena de libros donde el cuidador Martín Levach (35) y sus colegas se sentarán a explicar su propuesta para pensar un nuevo zoológico. De fondo, el chillido de las aves, quizás cardenales amarillos. Quizás el graznido de unos gansos que andan por ahí y las palomas. “Queremos cambiar la concepción exhibicionista del zoo, no podemos avalar que el animal se exhiba como objeto. Queremos trabajar sólo con animales autóctonos, no los de la cultura Disney”, dice Martín.

El zoo platense ha sido cuestionado en el pasado por desaparición de animales, -desaparecieron seis monos caí-sapajús apella de los cuales se recuperaron cuatro- , y descuido de recintos y mantenimiento de instalaciones, entre otras cosas. “Las últimas gestiones destruyeron el zoo. Se trabajó con proyectos de conservación y liberaron guacamayos rojos en Misiones, buenísimo ¿y los guacamayos de acá que son un desastre? Hay que equilibrar proyectos de conservación con ocuparse de la población actual del parque”, propone Martín.

“Hay que relacionar al zoo en proyectos comunes, algo que sucede en Europa, donde hubo educación en bienestar animal gracias a una fuerte presión social”, asegura el cuidador. Los empleados del zoo acostumbran ver que el vínculo entre los visitantes y los animales es una réplica del consumismo y exhibicionismo que puede haber en un shopping. Al igual que cuando se mira vidrieras, no le dedican más que unos segundos. “Es algo cultural. Nuestro desafío es generar conciencia”, afirma Martín Levach. Hace un mes hicieron una prueba y hablaron al público de tráfico animal y domesticación de fauna silvestre. “Explicamos nuestra postura en contra y que muchos animales de este parque están por decomiso (salvados por Fauna Provincial o Nacional de domesticación o tráfico). Mientras sigan existiendo esos desvíos, existirá el zoológico”, asegura Martín.

UN NUEVO ZOO

La propuesta de este grupo de cuidadores, educadores y profesionales universitarios nació ante la necesidad de cambio: “cada vez entra menos público al zoo, pasa en toda Latinoamérica “, explica Levach. El proyecto propone evitar tanto el arribo de nuevos animales exóticos como reponer y canjear. Ante una oferta de canje el nuevo director interino, Diego Brutti, se plantó: “En este parque no se venden ni se compran más animales”, dijo. “Nos querían canjear una tigresa blanca”, dice el cuidador, y plantea que el tema de qué hacer con los animales exóticos que viven hoy en el parque es polémico porque trasladarlos a un santuario, por ejemplo, sería un gasto enorme. Un santuario de animales es una instalación en la que cada animal es protegido hasta su muerte natural. Una de sus misiones, junto con cuidar a los animales, es educar al público modificando la manera de pensar a los animales no humanos y, en este sentido, comprender que tienen igual importancia. “Lo ideal es darles a estos animales la mejor vida hasta su muerte y por supuesto no traer más”, dice el cuidador.

ANTIESPECISMO: ERRADICAR LA VIOLENCIA CONTRA EL MÁS DÉBIL

Una foto que circula en las redes sociales muestra los ojos color café de un hombre de color y la palabra antirracismo, los ojos de una mujer y la palabra antisexismo. Por último, los de una vaca y la palabra antiespecismo.

MANIFIESTO ANTIESPECISTA “La pertenencia biológica a la especie humana no justifica moral ni éticamente disponer de la vida, de la libertad y del trabajo de un ser sintiente de otra especie

El especismo es la discriminación de un individuo en función de su especie: lo que implica que sus intereses tienen un peso menor solo por pertenecer a otra especie. El Manifiesto Antiespecista evidencia que la disminución de lo distinto según su especie a partir de la mirada de una especie hegemónica, –la humana-, se replica en la desigualdad social y puede pensarse como una herramienta revolucionaria para nutrir las bases de una sociedad justa y solidaria.

Según el texto Propuestas para un Manifiesto Antiespecista, editado por el italiano Adriano Fragano en marzo de 2014, y en cuyo subtítulo original se lee Teoría, estrategia, ética y utopía por una nueva sociedad libre, se trata de un movimiento filosófico, político y cultural que lucha contra el antropocentrismo, el especismo y la ideología de dominio conducida por la sociedad humana. El texto, que puede leerse completo en la página web www.manifiestoantiespecista.org , sostiene que la pertenencia biológica a la especie humana no justifica moral ni éticamente disponer de la vida, de la libertad y del trabajo de un ser sintiente de otra especie.

“Hay que relacionar al zoo en proyectos comunes, algo que sucede en Europa, donde hubo educación en bienestar animal gracias a una fuerte presión social”

Martín Levach
Cuidador del zoo

Gladys Izarriaga (59) es la presidenta de Titucha, el refugio de perros de una hectárea en Arturo Seguí que fundó hace más de treinta años Elena Estela Perrando de Rovati, más conocida como Titucha. Hace quince años que Gladys y su marido son colaboradores. En su casa –un gran terreno en Villa Elisa donde tiene 38 perros - almacena las donaciones que retira a diario: alimentos, medicamentos, colchones y artículos de limpieza que luego transporta a Titucha.

“Cada día hay que juntar trescientos kilos de alimento y plata para castraciones, medicamentos y sueldos de limpieza, sereno y cortador de pasto”, dice. Actualmente en Titucha viven 900 perros. Dan algunos en adopción pero siempre es más grande la llegada de nuevos animales que la cantidad que puede ubicarse con alguna familia. Muchos vivieron y fallecieron en el lugar. Gladys no sólo se ocupa de Titucha: es moneda corriente que dejen animales en su vivienda particular. “Desde noviembre tengo cachorros que no pude todavía ubicar. Me los dejaron en la puerta de casa. Por ahí regalo dos y cuando me quiero acordar me dejan otra caja. Mi marido dice: “‘¿A que no sabés qué nos dejaron?’”.

Si fuera por ellos tendrían más animales. “Me gustaría también meterme con el tema de los caballos, el amor que sentimos por los animales es más fuerte que mi marido y yo juntos”, dice. Como para no creerle.

La realidad es que La Plata y alrededores es un territorio saturado de perros y ubicarlos nunca es fácil. “La solución es la castración masiva, sin preguntar si tienen dueño o no, macho y hembra”, opina Gladys. “Lo que pasa es que los lugares en que es difícil castrar -donde hay más animales, destrucción y pestes- son los más alejados, hay más gente humilde que muchas veces no permite hacerlo. Por ejemplo, la zona del mercado, del cementerio y zonas periféricas de Los Hornos. No se puede entrar. Debería hacerse cargo zoonosis. Falta hacer un lugar para perros perdidos y callejeros, para después regalarlos”, reconoce Gladys.

El proyecto de ley que presentó Autoconvocados por el cierre del Zoo propone el traslado de los animales a un santuario y la creación de instituciones anti especistas que consideren al animal como se concibe al humano

Hay lugares donde no entra ni la policía por el tema de los caballos que alquilan por día para los carros. “Por ahí te dicen que maltratan a un animal pero no se puede acceder. Hay gente humilde que se deja ayudar cuando les decís de castrar al animal. Pero hay otro tipo de personas a las que les preguntás y te dicen que no”. En lo referente al maltrato animal hay leyes que, como suele suceder, no se cumplen. “Está la ley Sarmiento pero no se aplica”.

Para las castraciones, Titucha lleva su propio veterinario por una cuarta parte de los $ 1500 del precio regular, aun así no dan abasto. “Es necesario que castre zoonosis, pero ponen un montón de trabas: dan turno para seis meses cuando la perra entró en celo, si está en celo no la castran, piden vacunas y los perros callejeros no tienen. Aparentemente hay nuevas directivas municipales respecto de los animales, veremos”, dice Gladys. Y comenta que, en comparación con quince años atrás, la gente cuida más a los perros de la calle, algo que notan por las donaciones: una bolsa de alimento de quince kilos no vale menos de 150 pesos. Y llevan trescientos kilos diariamente al refugio. “La gente colabora, piensa en los animales. Pero son imprescindibles las castraciones y la colaboración de zoonosis”, remata Gladys.

CERRAR EL ZOO: UNA POSTURA ANTIESPECISTA Y ABOLICIONISTA

Micaela (36) camina descalza sobre el pasto mientras atiende su puesto de cosméticos naturales en la feria del Parque Saavedra. Desde hace diez años es activista abolicionista parte del grupo Autoconvocados por el cierre del Zoo, La Plata, que se vincula con otros de Latinoamérica.

“Hay que terminar con cualquier tipo de esclavitud, sea humana o no”, pregona, “la idea es liberación total: yo no amo a todos los animales ni pienso que los tengo que proteger, tienen derecho a vivir su salvajismo en libertad”. Es vegana desde hace unos cinco años y vegetariana desde su infancia. “Es increíble que en el siglo XXI sigan existiendo zoos. No son educativos y son prueba de un paradigma cultural que reproduce violencia y esclavitud”.

Autoconvocados consiguió meter en el Concejo Deliberante un proyecto de ley para cerrar el zoo. “No somos bienestaristas ni proteccionistas, somos abolicionistas: el zoo tiene que cerrar. Sino sigue habiendo especismo”. Los autoconvocados alegan que el animal encerrado -sobre todo los exóticos- sufre de estrés al ser exhibido. “Es nefasta la explotación animal”, afirma Micaela. “Diego Balducci –ex director del zoo platense- se nos reía en la cara”, se queja. El proyecto de ley propone el traslado de los animales a un santuario y la creación de instituciones anti especistas que consideren al animal como se concibe al humano, “de otra manera se seguiría esclavizando animales. El zoo está a tres cuadras de un estadio de fútbol y en el bosque corren picadas. Los animales sufren los ruidos, igual que los gatos y los perros, pero ellos no tienen a nadie que los apoye”, dice Micaela, “proponemos que sea un paseo ecológico”. Y agrega “si sigue habiendo animales esclavizados no avanzamos como sociedad. No queremos que los trabajadores del zoo pierdan su empleo, los pueden reubicar. O el parque reconvertirse en un espacio con plantas autóctonas, eso sí es educativo. No un lugar donde los cuidadores son carceleros y se esclavizan animales. Los chicos que tienen una conexión más pura con los animales salen llorando del zoo”.

Desde el zoo tienen otra óptica: “este tipo de parque no debe cerrar porque con los desastres naturales y el abuso del hombre sobre la naturaleza -mega minería, deforestación, contaminación- y la falta de equilibrio externo, el zoo va a convertirse en reservorio de especies. Ojalá existieran verdaderas políticas para restablecer el equilibrio a la naturaleza y dejarla respirar. El hecho es que estas especies estarán resguardadas aquí. Hay una cantidad importantísima de proyectos de conservación financiados por instituciones como el zoológico”, analiza Levach.

HACIA UNA NUEVA CONCIENCIA

“Hay situaciones que los animalistas no tienen en claro”, opinan los cuidadores cuando se llega al tema de la posibilidad de cerrar los zoológicos. “Las llamadas ‘tres R’: rescate, rehabilitación y reproducción, es algo que hacen todos los parques. En La Plata no somos el ejemplo, pero se hace. En Mundo Marino no es todo exhibición, hay rehabilitación y rescate de tortugas, lobos marinos, pingüinos. Hace poco rescataron una falsa orca y la devolvieron al mar. Rescataron más de sesenta ejemplares de lobos marinos. Temaikén reintrodujo cuatro guara guazú. El zoológico de Buenos Aires, a través de la Fundación Caburé-í, rescató cientos de animales en La Rioja y Córdoba”, ejemplifican.

En medio de dos posturas a primera vista desintegradas habría una chance de diálogo. Por mérito de los activistas, las problemáticas ambientales se instalan en la agenda internacional, al menos en el discurso. En la reciente Cumbre por el Cambio Climático de París, que reunió a 195 países centrales y emergentes, se firmó un acuerdo para reducir la emisión de gases. Quizá en un futuro no muy lejano el trabajo de los animalistas contribuiría a una sociedad –como reza una de las tantas verdades ambientalistas- lo suficientemente despierta como para ver que no es la naturaleza la que necesita al hombre sino al revés. Y que un modo de vida capitalista basado en la destrucción planetaria, tiene los días contados.

900 perros
En el refugio Titucha viven 900 perros. Para los miembros del refugio es importante emprender campañas de esterilización.

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