La posibilidad de pedir ayuda profesional aparece como una herramienta importante cuando el dolor por una ruptura de la amistad empieza a afectar la vida cotidiana. “Cuando hay desborde de angustia, aislamiento o dificultades para sostener la rutina, es recomendable pedir ayuda”, recomienda la psicóloga Nadia Alaguero.
Para Noelia Arcaro, iniciar un proceso terapéutico también implica una decisión profunda. “El acompañamiento terapéutico puede estar siempre y cuando lo queramos. Comenzar un análisis conlleva responsabilidad y valentía”, sostiene. Pese al dolor que pueden generar las rupturas, ambas especialistas coinciden en destacar el enorme valor emocional y subjetivo de las amistades. “Está científicamente comprobado que nuestros vínculos más cercanos determinan nuestros niveles de felicidad. Las amistades son pilares, apoyo y pertenencia”, afirma Arcaro.
Cita entonces una frase de Sigmund Freud para resumir la importancia de esos lazos: “Freud decía que una persona sana es aquella que tiene capacidad de amar y trabajar. A los amigos se los ama, pero ese amor trae consigo la posibilidad de perderlos”.
Tal vez ahí resida una de las dimensiones más complejas de estos duelos silenciosos: aceptar que incluso los vínculos más entrañables pueden transformarse, desgastarse o terminar. Eso sí, dejan huellas profundas, como cualquier amor.
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