Un hallazgo fortuito en la zona de parque Saavedra trajo al presente un pasado que oscila entre el espionaje y la prehistoria comercial de la Región. Todo comenzó cuando el luthier Mauricio Mentasti, aficionado a la búsqueda con detector de metales, recorría junto a su hijo la vereda de 63 entre 11 y 12. Un sonido metálico dio paso al descubrimiento de una pieza antigua: un lacre de plomo que, al limpiarse de la herrumbre, reveló la imagen de una cruz esvástica en una cara y la inscripción “La Plata” en la otra.
El descubrimiento despertó interrogantes sobre su origen. El vecino pidió ayuda a especialistas en historia. Por su parte, el historiador platense Nicolás Colombo, analizó que la pieza resulta auténtica pero carece de valor arqueológico al haber perdido su contexto. No obstante, reactivó las crónicas sobre la fuerte presencia nazi en la zona durante la Segunda Guerra Mundial. La Plata albergó el centro de espionaje germano más importante después de Buenos Aires, con células operando frente al teatro La Nonna (47 y 3) y propaganda en una escuela alemana de Berisso. Desde el puerto local se enviaba información a los submarinos en el Atlántico, mientras que podía verse en la zona a criminales de la talla de Adolf Eichmann (Gorina) o Josef Schwammberger (San Carlos).
Sin embargo, el origen del sello de plomo podría estar alejado de la política del Tercer Reich. Existe una sólida hipótesis comercial: que la pieza pertenezca a la firma Anglo Mexican Petroleum Products Co. (representante de Shell), empresa que a principios del siglo XX comercializaba la primera nafta destilada en el país bajo la marca “Energina”.
Antes de que el nazismo se apropiara de la cruz gamada, esta era utilizada en su variante de brazos invertidos (sauvástica) como un símbolo milenario de buena suerte. Energina adoptó este emblema para sus productos y cartelería, la cual llegó a exhibirse en lo alto de una prehistórica estación de servicio y lubricentro ubicada en la céntrica esquina de diagonal 80 y 48, donde hoy funciona una financiera.
Aquel emblema comercial se distribuyó en el país junto a los carros tanque y surtidores que abastecían de combustible y asfalto a industrias y particulares. Con el ascenso de Adolf Hitler a finales de la década del 20, la marca debió retirar la cartelería debido a la inevitable confusión con el emblema nazi.
De este modo, el misterioso lacre de plomo desenterrado en la calle 63 podría no ser el vestigio de un búnker secreto en la ciudad, sino el remanente de un precinto de los tambores de combustible que la petrolera distribuía en los comercios platenses hace un siglo.
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