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En La Plata cada vez más familias eligen el parto domiciliario

Especialistas, obstetras, doulas y madres coinciden en que el modelo tradicional está cambiando, mientras persisten las discusiones sobre seguridad, autonomía, intervenciones médicas y el acceso a una atención humanizada. Entre experiencias transformadoras y graves riesgos, el desafío de hallar un punto de equilibrio

En casa o en la clínica. Dos opciones que conviven y que tiene voces a favor y en contra

alecastillo95@hotmail.com

Durante décadas, el nacimiento estuvo asociado a un escenario casi inalterable: una mujer acostada en una camilla, rodeada de personal médico, protocolos estrictos y decisiones tomadas, en gran medida, por terceros. Sin embargo, en los últimos años comenzó a consolidarse una tendencia que cuestiona ese modelo y propone volver a poner a la mujer en el centro de la escena. En ese contexto, los partos domiciliarios ganan visibilidad y despiertan un debate que involucra derechos, autonomía, evidencia científica y seguridad.

El fenómeno no puede entenderse sin observar primero la evolución de la atención obstétrica. El neonatólogo Juan Guillermo Salas, director médico del grupo integrado por nueva Clínica del Niño y el Instituto Médico Platense, explica que la historia reciente del nacimiento atravesó distintas etapas.

“Después de los partos domiciliarios que traían muchas consecuencias, tanto para la mamá como para el niño, llegamos a un parto no respetado en los años ‘80, donde todas las acciones las indicaba un médico y no se contemplaban las necesidades de la paciente y su familia. Fue una etapa muy medicalizada, con muchas inducciones y una alta incidencia de cesáreas. Hoy las familias quieren decidir cómo traer al mundo a sus hijos”, describe.

DEL CAMBIO CULTURAL A LA LEY

Ese cambio cultural fue acompañado por la sanción de la Ley Nacional 25.929 de Parto Respetado, en 2004, que reconoce derechos vinculados con el respeto de los tiempos fisiológicos, la información adecuada, la libertad de movimiento y la posibilidad de participar activamente de las decisiones relacionadas con el nacimiento.

La médica ginecóloga y obstetra Florencia Hortel, integrante del programa PRONANI, del Instituto de Diagnóstico, considera que el interés creciente por el parto domiciliario es, en parte, una respuesta a experiencias negativas dentro de las instituciones.

“El interés por el parto domiciliario expresa falencias institucionales: exceso de intervenciones, falta de intimidad, maltrato verbal, separación madre-bebé, restricción de movimiento e inducciones innecesarias”, señala.

Pero si bien existe consenso respecto de la necesidad de humanizar los nacimientos, el punto de conflicto aparece cuando se discute dónde debe ocurrir el parto.

“El parto domiciliario no es inseguro por definición -aclara Hortel- pero cuando aparece una complicación, la principal diferencia (con el parto en una institución) es la capacidad de respuesta inmediata”, que radica no tanto “en detectar estas complicaciones, sino en disponer en ese mismo momento de los recursos humanos y tecnológicos necesarios para resolverlas. Por eso, la seguridad del parto domiciliario depende de una estricta selección de embarazos de bajo riesgo, de equipos entrenados y de una red de derivación rápida y efectiva”.

HOGAR COMO ESCENARIO

Quienes optan por parir en casa suelen mencionar razones similares: evitar intervenciones innecesarias, sentirse más libres y vivir el proceso en un entorno familiar.

Cecilia Uribe, doula y puericultora, acompaña embarazos, nacimientos y lactancias desde una perspectiva emocional. Explica que la búsqueda de un parto domiciliario suele estar asociada al deseo de atravesar el nacimiento con la menor cantidad posible de intervenciones.

“Por lo general, cuando una mujer busca parir en un domicilio quiere que todo se dé en un ambiente amoroso y respetuoso. La diferencia principal con una institución son las intervenciones y el trato que recibe”, sostiene. Las doulas no realizan procedimientos médicos ni toman decisiones clínicas. Su tarea consiste en brindar información, contención y acompañamiento emocional antes, durante y después del parto.

Según Uribe, uno de los aspectos más valorados por las familias es la participación activa de la pareja o acompañante. “Se sienten parte del proceso. No quedan afuera. Se empoderan y saben cómo acompañar y cuidar a la mamá y al bebé”, explica.

Sin embargo, aclara que no todas las mujeres pueden acceder a un parto domiciliario. Sólo se considera en embarazos de bajo riesgo y siempre debe existir un plan alternativo para una eventual derivación. “No cualquier mujer puede parir en domicilio. Si surge alguna complicación, hay que estar preparados para trasladarse rápidamente a una institución”, remarca.

DOS PARTOS, DOS MUNDOS

La experiencia de Mercedes Arce permite observar con claridad el contraste entre ambos modelos. Su primera hija nació en una clínica, en 2001. Aunque no hubo complicaciones graves, lo recuerda como un proceso profundamente intervenido.

“Me realizaron una episiotomía sin consultarme ni avisarme. Se llevaron a mi hija inmediatamente después de nacer y me sentí a merced de decisiones ajenas”, relata. La lactancia tampoco resultó sencilla. A los pocos días, la bebé desarrolló ictericia y debió permanecer en incubadora.

“Todo ocurría en medio de un silenciamiento de la mujer. Muchas veces era tratada como una quejosa”, recuerda.

Con el paso de los años comenzó a acercarse a grupos vinculados al parto respetado y conoció otras formas de atravesar la maternidad. Cuando quedó embarazada nuevamente decidió elegir otro camino. Su segunda hija nació en casa, casi diez años después.

“Recuperé la soberanía sobre mi cuerpo. Conocí mi poder ancestral y entendí realmente mis necesidades”, afirma. Mercedes recuerda aquella experiencia como un acontecimiento profundamente transformador.

“Pude parir sin miedo, con mis tiempos, con libertad para moverme y acompañada por las personas que yo había elegido”, cuenta. También destaca la participación de su pareja y de su hija mayor durante todo el proceso.

“Estuvieron felices de recibir a la nueva bebé en casa. Fue una experiencia compartida y amorosa”, resume.

LOS RIESGOS

A pesar de estas experiencias positivas, la mayoría de los especialistas consultados advierte sobre las limitaciones que presenta un domicilio cuando surge una emergencia.

“Todo va bien hasta que puede ir mal”, resume Salas. Según explica, algunas complicaciones pueden desarrollarse en cuestión de minutos y requieren una respuesta inmediata.

Entre los riesgos para el recién nacido menciona problemas de oxigenación, dificultades respiratorias, distocia de hombros, asfixia severa, lesiones neurológicas permanentes e incluso la muerte.

Para la madre, las principales amenazas son las hemorragias posparto, la retención placentaria, crisis hipertensivas o la necesidad de una cirugía urgente.

“Cuando te toca una complicación, para vos el riesgo es del cien por ciento”, grafica.

Hortel coincide en que la principal diferencia entre un parto domiciliario y uno institucional no está en la capacidad para detectar una emergencia sino en la posibilidad de resolverla.

“El domicilio no tiene la misma capacidad de respuesta que una institución con quirófano, anestesia, banco de sangre, neonatólogo y reanimación avanzada disponibles en minutos”, explica.

La especialista señala, además, que el tiempo de traslado incluye mucho más que la llegada de una ambulancia: implica reconocer el problema, decidir la derivación, conseguir el móvil, trasladarse e iniciar la atención especializada.

Diversos estudios internacionales muestran que los partos fuera de hospitales pueden asociarse con menos intervenciones médicas, pero también registran un aumento del riesgo neonatal en determinados grupos, especialmente en mujeres que atraviesan su primer parto.

MODELO INTERMEDIO

Frente a esta tensión entre autonomía y seguridad, muchas instituciones comenzaron a modificar sus prácticas. Salas asegura que hoy existen centros que ofrecen habitaciones preparadas para respetar los deseos de las familias sin renunciar a los recursos médicos.

“Hay lugares donde la madre puede elegir la posición para parir, usar una banqueta, una pileta de agua, estar acompañada por familiares y elaborar un plan de parto”, describe.

Hortel coincide en que el desafío actual no debería consistir en enfrentar modelos sino en integrarlos. “Las clínicas y hospitales deberían ofrecer salas de trabajo de parto respetado, libertad de movimiento, acompañamiento continuo, hidroterapia, contacto piel a piel y mínima intervención”, sostiene.

La médica asegura que en PRONANI trabajan precisamente bajo ese concepto: preservar la fisiología del nacimiento sin resignar la posibilidad de actuar de inmediato ante una emergencia. “La seguridad y el respeto no deberían ser opciones excluyentes”, resume.

Una obstetra con 30 años de experiencia, María Ignacia, reconoce “respetar a quienes hacen parto domiciliario”, aunque sigue eligiendo el institucionalizado, “con el mismo cuidado y tratamiento, pero con médicos especialistas al alcance de la mano, por el bien de todos. Porque el parto es totalmente natural, pero a veces hay cosas por las cuales necesitamos que intervenga la medicina”.

E insiste: “Soy partidaria de ese sistema con las parteras del Reino Unido, que tienen una ambulancia en la puerta y una institución que las está esperando. Si Argentina fuera primer mundo, perfecto, pero no contamos con esos medios”.

Este diario intentó darle voz a profesionales que realizan partos domiciliarios en la Ciudad, pero prefirieron no hacer declaraciones.

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