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Al ver la luz amarilla hay que frenar / EL DIA
La luz amarilla del semáforo es precautoria y acelerar “para zafar de la multa” termina en graves accidentes

Por Redacción

En La Plata, Berisso y Ensenada existe una escena que se repite todos los días: dos vehículos llegan a una esquina y ambos avanzan convencidos de que tienen prioridad. En muchos casos, la consecuencia termina siendo un choque. Detrás de esa situación aparece uno de los mayores problemas culturales del tránsito local: gran parte de los conductores cree que quien circula por una avenida o una diagonal tiene paso automático. Pero la legislación vigente dice otra cosa.

La Ley Nacional de Tránsito 24.449, a la que adhirió la Provincia mediante la Ley 13.927, establece que en toda intersección sin semáforo ni señalización especial tiene prioridad el vehículo que aparece por la derecha. Las excepciones son puntuales -vehículos de emergencia, peatones, autopistas o ferrocarriles- y no incluyen ni avenidas ni diagonales.

En una ciudad como La Plata, con diagonales, plazas y cruces complejos, esa confusión se vuelve todavía más peligrosa.

Muchos automovilistas circulan por avenidas manteniendo la velocidad y asumiendo que nadie va a cruzarse. El problema es que la ley no los respalda.

Especialistas en accidentología vial sostienen que buena parte de los choques urbanos se producen justamente en esquinas donde alguno de los conductores interpreta mal las prioridades o actúa confiando en “costumbres” que no tienen sustento legal.

El mito de las avenidas y las diagonales

La idea de que las avenidas tienen prioridad está profundamente instalada en la cultura vial platense. En parte, por la lógica intuitiva de pensar que una arteria más ancha o importante debería tener preferencia. Pero también por años de interpretaciones contradictorias y hábitos repetidos.

La prioridad de paso no es arbitraria sino una regla basada en seguridad vial

La propia configuración urbana de La Plata alimenta esa percepción. Cruces diagonales, avenidas amplias y esquinas de múltiples bocacalles generan escenarios difíciles de leer, sobre todo cuando no hay semáforos.

Sin embargo, la normativa provincial es clara: si no existe señalización específica, sigue mandando la prioridad de la derecha.

La luz amarilla es, probablemente, la señal más malinterpretada del tránsito argentino

La situación genera una distorsión cotidiana. Conductores que avanzan “porque vienen por avenida”, otros que frenan porque conocen la norma y terceros que dudan en medio de la esquina. Esa mezcla de interpretaciones aumenta la posibilidad de maniobras bruscas, frenadas repentinas y colisiones.

El amarillo no significa “acelerar”

Otra de las conductas más comunes y peligrosas en el tránsito del Gran La Plata ocurre en los semáforos. Para muchos automovilistas, el amarillo funciona como una invitación a acelerar y no como una advertencia de detención.

La ley establece que la luz amarilla obliga a frenar si todavía es posible hacerlo de forma segura. Pero en la práctica ocurre lo contrario: muchos intentan “ganarle” al rojo, incluso aumentando la velocidad cuando el semáforo cambia.

La consecuencia suele verse en las grandes avenidas de la Región. Mientras algunos vehículos terminan de cruzar sobre el cierre del semáforo, otros arrancan apenas aparece el verde. Ese cruce simultáneo genera uno de los accidentes más peligrosos del tránsito urbano: el impacto en ángulo recto.

Según especialistas, este tipo de colisión tiene consecuencias particularmente graves porque suele afectar directamente el lateral del vehículo y la zona del conductor.

La problemática también expone a peatones y ciclistas, que muchas veces comienzan a cruzar habilitados mientras todavía pasan autos o motos a alta velocidad.

La “zona de dilema” y las frenadas peligrosas

En seguridad vial existe un concepto técnico conocido como “zona de dilema”. Es el momento en que el conductor duda si frenar o seguir cuando aparece la luz amarilla.

Los especialistas explican que la decisión correcta depende de la velocidad, la distancia y las condiciones del tránsito. Pero remarcan que la lógica general debe ser precautoria: si se puede frenar sin riesgo, hay que hacerlo.

El problema es que muchos conductores evitan detenerse por miedo a ser chocados desde atrás. Y ahí aparece otro de los hábitos más frecuentes del tránsito local: circular demasiado cerca del vehículo delantero.

Choques por alcance: el problema de manejar “pegado”

Los choques por alcance forman parte de la postal diaria del Gran La Plata. En avenidas, accesos y calles congestionadas es habitual ver vehículos circulando prácticamente sin distancia de seguridad.

Esta práctica se vuelve especialmente riesgosa cerca de los semáforos. Un conductor que frena correctamente ante la luz amarilla puede ser impactado por otro que venía demasiado cerca o distraído.

La normativa es clara: quien circula detrás debe mantener una distancia prudencial que le permita detenerse ante cualquier imprevisto.

Desde el punto de vista legal, la responsabilidad suele recaer sobre el conductor que impacta desde atrás por no respetar esa distancia mínima.

Especialistas remarcan que a 50 kilómetros por hora un vehículo necesita varias decenas de metros entre reacción y frenado para detenerse completamente. Sin embargo, en el tránsito urbano esa distancia rara vez se respeta.

El impacto económico de las infracciones

Además del riesgo vial, las infracciones tienen consecuencias económicas cada vez más fuertes, más allá que muchas veces los infractores no terminan pagando las multas.

Cruzar un semáforo en rojo, violar prioridades o invadir una senda peatonal puede derivar en multas de valores elevados en la Provincia de Buenos Aires, además de pérdida de puntos e inconvenientes con las compañías aseguradoras.

En casos de siniestros, no respetar una señal lumínica o incumplir prioridades genera además una presunción de responsabilidad civil que puede traducirse en fuertes costos judiciales y económicos.

Una problemática cotidiana que sigue creciendo

Los siniestros viales continúan siendo una de las principales causas de muerte y lesiones en Argentina. Y gran parte de los accidentes urbanos están asociados a errores humanos y conductas evitables.

Especialistas sostienen que pequeñas modificaciones de comportamiento -respetar la prioridad de la derecha, mantener distancia de frenado o detenerse ante la luz amarilla- tendrían un impacto inmediato en la reducción de accidentes.

En el Gran La Plata, donde convergen tránsito intenso, cruces complejos y una circulación cada vez más saturada, el problema no parece estar en la falta de normas. La dificultad sigue siendo otra: cumplirlas todos los días.

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