Para la socióloga María Eugenia Rausky, docente de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la UNLP, toda medición de la pobreza supone definiciones conceptuales y metodológicas.
“La información se construye; no se trata de datos puros objetivos”, sostiene la investigadora, quien señala que toda medición responde a determinadas decisiones acerca de qué aspectos de la realidad se consideran relevantes para definir la pobreza.
En ese sentido, el trabajo del CEDLAS pone el foco sobre los límites técnicos de la metodología basada exclusivamente en los ingresos.
Rausky recuerda que desde hace años numerosos especialistas sostienen que ese enfoque resulta insuficiente para comprender un fenómeno complejo y multidimensional.
La investigadora plantea que la pobreza no puede reducirse únicamente a la posibilidad de comprar una determinada canasta de bienes y servicios.
Factores como el acceso a la educación, la salud, la vivienda, el cuidado, la alimentación, el trabajo y las redes sociales también forman parte de las condiciones que determinan el bienestar de una persona.
Además, sostiene que las investigaciones cualitativas permiten comprender cómo viven la pobreza quienes la atraviesan, cuáles son las estrategias que desarrollan para sostener sus hogares y cómo experimentan procesos muy diferentes, como la pobreza estructural o el empobrecimiento reciente de sectores medios.
Desde esa perspectiva, concluye, las estadísticas constituyen una herramienta indispensable para diseñar políticas públicas, aunque deben complementarse con estudios que permitan comprender la complejidad del fenómeno social que buscan medir.
Se pone el foco en los límites técnicos de la metodología basada únicamente en los ingresos
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