“Una novedosa iniciativa busca conectar a mujeres mayores de 50 años con familias, niños y adultos que necesitan compañía, apoyo cotidiano o tareas de cuidado”, dice un informe desde CABA. La propuesta, bautizada “Se Alquila Abuela”, se ha vuelto viral en pocos días y acumula miles de consultas en todo el país.
De alguna manera, son iniciativas que llenan dos vacíos: esas abuelas necesitan trabajar para sentirse mejor y, de paso, arrimarle algún peso a sus flacos monederos; y las familias se sienten más confiadas ante esas señoras que tuvieron en sus brazos a hijos y nietos y ahora buscan una nueva oportunidad para sentirse útil y poder volcar allí su remanente de cariño.
El proyecto funciona –cuentan- a través de una plataforma digital donde las interesadas se registran, detallan las actividades que desean realizar y luego son vinculadas con familias según las necesidades de cada caso. Las tareas incluyen desde cocinar, leer cuentos y acompañar a niños hasta cuidar mascotas o brindar compañía a personas mayores.
La creadora de la iniciativa, Valeria Quevedo, relata que la idea surgió a partir de una experiencia personal y de la creciente demanda de vínculos afectivos en las grandes ciudades. Como señala su impulsora, muchas mujeres mayores buscan mantenerse activas, sentirse útiles y encontrar nuevas oportunidades laborales, mientras que numerosas familias carecen de redes de apoyo cercanas.
Además del beneficio económico, muchas participantes encuentran en la propuesta una oportunidad para recuperar rutinas, ampliar su círculo social y desarrollar nuevas actividades. La impulsora del proyecto asegura que los encuentros suelen derivar en vínculos duraderos que trascienden la prestación inicial del servicio.
La propuesta también apunta a combatir la soledad y favorecer la integración social de los adultos mayores. Quevedo cuenta que muchas participantes encuentran una nueva motivación para salir de sus casas, generar amistades y compartir conocimientos adquiridos a lo largo de la vida.
EN JAPÓN, AL REVÉS
En Japón funciona un sistema casi inverso: se les suministra a las abuelas que están solas y nadie las visita, la chance de poder alquilar bebes, una vez por semana. Esos pequeños visitantes juegan de nietos para que ellas ejerciten aquellos mimos que han quedado en el camino y sin destinatario.
La soledad pega duro a esos ancianos japoneses que se han quedado sin nadie. Sobreviven lejos de sus hijos y de sus nietos, a una distancia muy parecida al abandono. Por eso se han expandido esos centros de ancianos que contratan bebés para alegrar un ratito a los pensionistas. Se trata de los “bebés trabajadores”, como así los llama la directora del Hogar de Ancianos de Ichoan, una ciudad de 940.000 habitantes que, al igual que el resto del país, tiene una población cada vez más mayor y menguante.
Este Hogar contrato 32 niños hasta el momento, todos menores de 4 años, que pasan algún tiempo con los huéspedes, quienes, en su mayoría, tienen más de 80. Los residentes conversan con los pequeños asistentes. Los bebés –acompañados por sus padres o tutores (por lo general sus madres)– ofrecen abrazos a los residentes. ¿Qué recompensa obtienen estos visitantes? Pañales, objetos prácticos, sesiones fotográficas gratuitas, regalos y cupones para una cafetería.
Estos asilos con bebés contratados, buscan de alguna manera restablecer la espontaneidad y recuperar una vida afectiva que se quedó en el pasado. Los terapeutas han revelado que la interacción social está vinculada con “una menor sensación de soledad, un retraso en el deterioro mental, tensión arterial más baja y un menor riesgo de que la gente mayor contraiga enfermedades”. También se ha demostrado que el hecho de socializar con otras generaciones hace que las personas mayores conversen, sonrían y hablen más.
La soledad es un tema recurrente en el centro emocional de una humanidad que, gracias a la ciencia, cada vez prolonga más su desamparo. La idea de alquilarles nietos para alegrarles una tarde quizá sea curativo y auspicioso, pero no deja de mostrar la cara más amarga de la familia. Es gente que está allí, sostenida por televisión y los calmantes y que solo pueden recuperar contacto humano gracias a estos bebes trabajadores que con sus risas y sus corridas le arriman un poco de presente esas horas llenas de vacíos y recuerdos.
SUSCRIBITE a esta promo especial