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Reflexiones, frases y comparaciones ayudan a entender el poder irresistible de la pasión futbolera. El Mundo está pendiente de una gesta que solo se alimenta del furor incontenible y desinteresado de lo que sólo esperan goles de los suyos, ninguna otra recompensa. Ya lo dijo El Negro Fontanarrosa al cierre de su libro ‘No te vayas campeón’: “Propongo que como hinchas, hagamos un trabajo de precalentamiento. Nos espera una nueva cita donde se renueva el eterno ciclo futbolístico del sentimiento, la emoción y la suerte”.
¿Por qué nos abrazamos con un desconocido cuando nuestro equipo hace un gol? ¿Qué hilo se rompe en nuestro cuerpo para que lloremos como víctimas cuando un multimillonario pifia un penal? ¿Qué sustancia conforma al fútbol para que –aun en épocas de quiebre del tejido social– sea una red socializante y de contención? Los intentos de respuestas que se hicieron desde lo intelectual, vagaron entre el lenguaje gélido y formal de la academia, la mirada peyorativa o la narración sentimental. Como dicen Juan Manuel Sodo y Agustín J. Valle, compiladores y prologuistas del libro ‘De pies a cabeza’: “Solamente el sexo provee a la vida social de tantas metáforas como el fútbol”.
EMOCIONES
Philipp Lahm, jugador alemán: “He escuchado mi himno 113 veces en el campo, y siempre resulta emocionante (…) El dinero y los contratos son menos importantes en el equipo nacional que en la vida diaria de los clubes. Estar allí ya es como haber recibido el mejor pago. En la Selección pesan los valores como la cooperación, la amistad y la patria. En un Mundial se hace historia”.
Para Mike Marqusee, “el fútbol es maravillosamente carente de sentido. Excede cualquier función social que se le asigne. Medio y fin en sí mismo, puede entonces ser llenado por el espectador con todo tipo de significados. A veces, en un momento tenso de un partido importante, podés sentir vastas corrientes oceánicas de deseos, temores y esperanzas, porque no somos solamente consumidores. Mirar un partido no es un proceso pasivo, sino que involucra nuestra imaginación, nuestra interpretación y nuestra memoria”.
Julio González Ribeyro: “El que no conoce las tristezas deportivas, no conoce la tristeza”.
Juan Villoro: “El jugador que anota el gol establece contacto con algo que lo trasciende, es el intermediario que logra que las plegarias lleguen a su destino”.
Martín Caparros: “Es el medio preferido para tomar partido sin que eso implique más que eso, el fanatismo de la nada”.
Para Manuel Vázquez Montalbán “el fútbol es una religión en busca de un Dios”.
Villoro: “Escoger un equipo es una forma de decidir los fines de semana (…) El fútbol necesita tiempo y motivaciones exteriores para que los equipos se odien con precisión histórica”.
FRASES JUGOSAS
El poeta mexicano Antonio Deltoro describió al fútbol como “la venganza del pie sobre la mano”.
Adolfo Bioy Casares: “La mejor forma de adquirir un temple ante la adversidad, es ser hincha de un club perdedor”.
Michel Platini: “Un partido perfecto, sin errores, debería terminar 0-0”.
La frase del mexicano Fernando Marcos: “El último minuto también tiene sesenta segundos”.
Reflexión dolorosa de un hincha mexicano del Nexaca después de perder otra final: “O no sabemos rezar o Dios no le va al Nexaca”.
Jorge Valdano, en 2007: “Uno hace esfuerzos para no compararlo con Maradona, pero Messi no ayuda”.
EN LA CANCHA
Elías Canetti: “Las gradas en anillo hacen que el público se vea a sí mismo. Hacia afuera contra la ciudad, la cancha ofrece una muralla inanimada. Hacia adentro levanta una muralla de hombres. Todos los presentes dan su espalda a la ciudad. Se han desprendido de ella. Durante su estancia en la cancha no les importa lo que pasa afuera. Cuando el partido termina y dan la espalda a la cancha, la vida vuelve”.
Pele: “Un penal es una manera cobarde de marcar”.
Juan Sasturain, en su libro Picado grueso, pregunta: “¿Alguien observó que el lineman es el único protagonista que está afuera de la cancha?”. Turner ya era hijo de un árbitro, pero él no quiso ser referee. Para Turner, su patria era la raya. Expósito, descastado, aceptó su condición limítrofe. Turner es un arquetipo del incomprendido solitario que sólo corre de un lado a otro y así define el juego.
“Es el medio preferido para tomar partido sin que eso implique más que eso”
Lucía Taboada, escritora española, escribió: “La vida es eso que pasa entre que tu padre te lleva al estadio y lo llevas tú a él /// Tranquiliza saber que siempre habrá algo compartido con un padre si existe un estadio al que seguir llegando”.
Juan Villoro: “Cuando los héroes numerados saltan a la cancha, lo que está en juego ya no es un deporte. Alineados en el círculo central, los elegidos saludan a su gente. Sólo entonces se comprende la fascinación atávica del fútbol. Son los nuestros. Los once de la tribu. El hincha le da poca importancia a los sufrimientos de los jugadores porque apenas puede con los suyos. ¿Cuántos goles de último minuto puede sobrevivir un corazón adicto? La eternidad dura un gol. /// El estadio es el mejor lugar para tener un padre; y el resto del mundo, es el mejor lugar para tener un hijo”.
Es difícil pensar en otro juego tan cargado de fuerza potencial y tensiones emocionales donde la meta se alcance tan pocas veces. Sólo en el fútbol, un 0-0 puede ser excitante.
PITADA FINAL
El Mundo se para sin atarse a grandes propósitos. Ni la ola de frío polar detiene el furor. A sufrir como sea, relojeando horarios y escuchando en cada gol el grito multiplicado de miles de gargantas que desafiarán este invierno crudo cobijados en la esperanza.
El planeta se detiene, queda en un gozoso suspenso. Es una parada técnica para reaprovisionarse de ganas en medio de un barrial de desánimo. No está mal. Después de tanto trajín sin premio, después de tantas marchas y carencias, suena por lo menos aliviador este embrujo desinteresado por un deporte que nos roba un rato la atención y el alma. Ilusiona saber que por un juego dejemos a un lado las urgencias y por 30 días hagamos un plazo fijo con la emoción, la esperanza y la suerte.
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