Para muchos es un ídolo; para otros, sobre todo para los compañeros del banco que se quedaron sin trabajo por su culpa, es un ladrón que tuvo la suerte de recibir una condena leve. Lo cierto es que Mario Fendrich, el hombre que en algún momento cumplió el sueño de no pocos argentinos, desde ayer podrá disfrutar de los más de tres millones que se llevó del Banco Nación de Santa Fe. Tras cumplir una condena de casi cinco años de prisión, el ex subtesorero salió en libertad condicional y afirmó que analiza la posibilidad de trabajar con su hijo en el área de la construcción o con su cuñado en un estudio jurídico.
"Sí estoy contento", se le escuchó decir a los periodistas que lo esperaban en la puerta de la cárcel. Y no fueron pocos los que pensaron que "El correntino" -como lo apodan familiares y amigos- tenía motivos más que suficientes para estarlo. Incluso, cuando se supo que del penal se dirigía a su casa para reencontrarse con su familia, muchos esbozaron una sonrisa y dijeron que ese momento iba a ser emotivo, pero que mucho más lo será cuando llegue al lugar en el que dejó guardados los 3.200.000 pesos que se llevó del banco.
Fendrich, de 58 años, no podrá alejarse de la ciudad de Santa Fe sin autorización expresa del juez de ejecución penal, deberá continuar los estudios iniciados y conseguir en un plazo de diez días un trabajo u oficio para su subsistencia.
El autor del "Robo del siglo", como la prensa llamó al golpe, recuperó la libertad en forma condicional, ya que recién purgó los dos tercios de la sentencia a siete años, dos meses y quince días de prisión.
Cuando se conoció la condena a Fendrich muchos se indignaron por la escasa cantidad de años que debería pasar en prisión y algunos pensaron que esto llevaría a que no tardaran en aparecer sus imitadores. Y no se equivocaron.
En La Plata, por ejemplo, Jorge Ricci desapareció el 1 de octubre de 1997 luego de apoderarse de 420 mil pesos de la sucursal del Banco de Boston en la que se desempeñaba como tesorero. Cuatro días después se presentó en la comisaría primera y, tras permanecer detenido unas 72 horas, fue excarcelado bajo caución juratoria. En octubre del corriente año fue condenado a la pena de tres años de prisión en suspenso.
Y, más recientemente, el tesorero de la sucursal de General Pico del Banco de La Pampa, Selel Cavallero, se llevó 810 mil pesos. Se presentó ante la justicia, se autoinculpó por el faltante del dinero y quedó detenido. Pero, al igual que sus antecesores, de su boca no se escapó una sola palabra que permita intuir que piensa devolver el dinero. Total, unos añitos preso -o ni siquiera eso si tiene la suerte de Ricci- y después a disfrutar de la plata.
Un familiar informó que Fendrich trabajará con su hijo menor, Ramiro, en un comercio independiente relacionado con servicios a la construcción, aunque también tiene la opción es trabajar en el estudio jurídico de su cuñado, el abogado Alberto Saliva.
Fendrich, en caso de mantener la buena conducta y los lineamientos de control del Patronato de Liberados, quedará definitivamente en libertad el 24 de marzo del año 2002.
El ex subtesorero abandonó poco después del mediodía la Unidad Penitenciaria de Las Flores, ubicada en las afueras de la ciudad, tras permanecer detenido cuatro años, nueve meses y veinte días por el robo del tesoro de la entidad bancaria que estaba a su cargo, el 23 de setiembre de 1994.
"El correntino" se retiró del penal a bordo de un automóvil Chevrolet Corsa color verde, acompañado por sus abogados defensores, Antonio Ciaurro e Iván Raimondi.
Fendrich iba sentado en el asiento trasero del vehículo que conducía Ciaurro y, salvo aclarar que estaba "contento", no respondió las preguntas de los periodistas, limitándose tan sólo a saludar a algunos curiosos presentes en el lugar y pedir que hablen con sus abogados.
Minutos después de las 12, hora prevista para la salida del ex subtesorero, sus letrados patrocinantes arribaron al penal y salieron aproximadamente a las 12.15.
El automóvil partió raudamente por la avenida Blas Parera en dirección hacia el sur, para arribar a su domicilio particular, ubicado en Jujuy 2850, frente al Parque General Belgrano, en el barrio sur de esta capital.
Fendrich cometió el robo el 23 de setiembre de 1994 cuando partió en su automóvil con rumbo desconocido llevándose la suma de 3.200.000, en pesos y dólares, del tesoro del Banco Nación.
El juez federal Víctor Brusa tuvo conocimiento del faltante del dinero recién el martes 27 cuando pudo abrir la bóveda porque Fendrich había programado el reloj para que se abriese ese día.
"Gallego -por su jefe, el tesorero Juan José Sagardía-, me llevé tres millones de pesos y 187 mil dólares de la caja del cajero", fue la nota que se halló en la bóveda.
Respecto al dinero faltante, Fendrich nunca reveló su destino aduciendo que le fue quitado por un grupo comando que lo secuestró. En su casa dijo que se iba a pescar y nunca más volvió hasta ayer, cuando recuperó la libertad.
Según sus abogados, Fendrich les dijo que está arrepentido de su acción y les confesó: No le deseo a nadie que por una cuestión de dinero pase lo que yo pasé estos cinco años, que pude superar sólo por el apoyo de mi familia y algunos amigos".
El ex empleado bancario estuvo prófugo más de cuatro meses y se presentó en forma espontánea ante la justicia -de la que había sido declarado prófugo- el 9 de enero de 1995, aprovechando la circunstancia de que esta capital estaba prácticamente paralizada por las exequias del ex campeón del mundo de boxeo Carlos Monzón, fallecido un día antes.
En principio fue recluido en la alcaidía de la Jefatura de la Policía de la provincia y luego en la cárcel de Las Flores, hasta que fue juzgado por el Tribunal Oral Federal, que el 12 de noviembre de 1996 lo condenó a 8 años de prisión por el delito de peculado, cantidad que luego se redujo.
Fendrich ya gozaba del permiso de salidas transitorias desde el 18 de agosto del año pasado, pero a partir de ayer no tendrá que volver a dormir tras las rejas.
En los años que pasó en prisión, se levantaba muy temprano y desayunaba algunos mates. Luego, se dirigía al depósito de logística para tareas de mantenimiento y, tras almorzar y dormir la siesta, dos veces a la semana tenía la oportunidad de ir a estudiar computación y visitar a su familia.
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