Estrechamente vinculado por razones familiares a La Plata -estaba casado con Inés Alconada Magliano con quien tenía cinco hijos, y pasaba los veranos y fines de semana en su quinta de City Bell- Casasbellas supo conquistar, más allá del reconocimiento por su trayectoria profesional, el espontáneo afecto de quienes valoraron su personalidad íntegra y su estimulante cultura.
Había ingresado en 1956 al diario La Razón, del que siempre recordó como un valioso legado los consejos que recibió de Félix Laíño, con quien se formó practicando primero el difícil oficio de la crónica policial para recorrer después las distintas secciones y recalar en la de política, que sería luego su especialidad.
Muy pronto viajaría por el mundo para realizar importantes coberturas y, con el correr de los años, cumpliría después funciones de columnista en EL DIA y Diario Popular, así como en Primera Plana, Panorama, La Opinión y La Nación, entre otras publicaciones en las que, como articulista, secretario de redacción o director, dejaría en claro sus cualidades profesionales.
Al cumplir sus bodas de plata como periodista, escribió en Diario Popular un artículo titulado "Veinticinco años después", en el que dijo: "Sí, el oficio se ha resentido desde aquella alborada mía de 1956. Pero aún existe y no cesará, mientras abunden los colegas que desde la cumbre o el llano, sin ostentaciones, sin quejas vanas, impiden que se desmorone el verdadero periodismo. Son ellos en quienes celebro estos 25 años, son ellos los que le dieron sentido, al permitirme la única riqueza destinada a los periodistas, escribir y dejar escribir sin limitaciones".
Había pertenecido a una generación de periodistas que, entre otras virtudes, se caracterizó por un estilo periodístico nuevo, pulcro, transparente e imaginativo. Así puede nombrarse, junto a Casasbellas, a Tomás Eloy Martínez, Ernesto Schoo o a Osiris Troiani, quienes a mediados de la década del '60 se nuclearon en la revista Primera Plana.
Se dijo alguna vez que esa revista contribuyó a la caída del entonces presidente radical Arturo H. Illia y, después, en numerosas oportunidades, Casasbellas -en artículos publicados en este diario- no sólo lamentó en forma pública tal circunstancia sino que luego se afilió a la Unión Cívica Radical y formaría parte, desde distintas áreas de Cultura, del gobierno que a partir del '83 presidió Raúl Alfonsín.
Casasbellas hizo del rigor periodístico un casi obstinado ejercicio. Nada de lo que escribía no lo tenía previamente probado y documentado. Poseía además un archivo artesanal muy completo, en el que registraba y fichaba con puntillosidad citas, fechas y características de cada persona, de cada acontecimiento.
Poco tiempo atrás, cuando se reeditó una biografía que sobre el "Che" Guevara escribió en 1968 el periodista Hugo Gambini, integrante del staff de Primera Plana, lo recordó en el prólogo de la obra como "alguien que era capaz de estrellar una pizza contra la pared porque descubría dos datos erróneos en una misma carilla, o de romper un teléfono porque le informaban mal desde el archivo".
Para Gambini, según concluyó por entonces, el reconocimiento a su obra que recibió de Casasbellas "era para un periodista como recibir el Nobel de Literatura".
Amaba el país en el que tanto le costó vivir y se convirtió así en un verdadero historiador. Sus polémicas por figuras como San Martín o Rosas, libradas casi deportivamente con su amigo el novelista José Bianco, se hicieron famosas en muchas tertulias porteñas, en donde ambos demostraban una versación completa, que se superaba con cada discusión.
Sus profundos conocimientos de la historia argentina se parangonaban a su vez con los que poseía de los antecedentes de los partidos políticos y del sindicalismo argentino, más allá de la comprensión y agudeza con que seguía la política internacional, sustentado siempre por una cultura enciclopédica que nunca terminaba de saciarse. Poseía una biblioteca casi única, con miles de volúmenes que apilaba ya donde podía en su antiguo departamento de la calle Callao donde vivía.
Había sido poeta en su juventud, admirador entre otros de Rimbaud y de García Lorca, y nunca lo abandonó su amor por las letras. En 1954 había publicado su libro de poemas "El doble fondo". Pero también fue un amante de la pintura y la música. En este último caso, memorizaba y cantaba con gracia trozos de zarzuelas que parecían olvidadas.
Casasbellas fue censurado en varias oportunidades por gobiernos autoritarios. Cuando más arreciaban las restricciones a fines de la década del '70 -fue detenido por las autoridades militares el mismo día en que se casaba-, escribió en el Diario Popular y en EL DIA, bajo el seudónimo de "El Ciudadano", artículos valientes y reveladores que, en suma, crearon conciencia y predispusieron a la ciudadanía a retornar al sistema democrático. Años más tarde fundaría el periódico que llevó ese mismo nombre, El Ciudadano.
Sus restos, velados en su hogar, serán inhumados hoy a las 14 en el Cementerio Parque El Campanario.
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