Pero ese es "su" lugar, donde se crió y jugó en los potreros. Donde se juntó en la esquina con los "vagos" que hoy le manguean alguna camiseta. Muy querido por todos, con solo caminar una cuadra, los vecinos salen a su encuentro y el "Coco" los invita a sumarse a la foto. Pero solo algunos chiquilines se atreven a posar junto al ídolo y amigo.
La gente salió a la puerta de sus hogares para ver ¿qué pasaba que había un fotógrafo en el barrio? Enseguida, las camisetas de Gimnasia parecieron brotar y él conoce a todos. Los gritos de aliento también aparecen. Como al primer pibe que se acerca al "Coco" y se queda sentado junto al defensor. "Contale tu historia" dice el "Coco". El pibe a quien llaman "Pinino" no se queda atrás. "Yo era de Estudiantes, pero ahora me hice de Gimnasia porque me gusta más" señala mientras luce orgulloso su camiseta. Mientras tanto San Esteban sonríe.
La casa del jugador está siempre abierta y muchos amigos pasan y se toman un mate junto a él y siguen. San Esteban es muy familiero y pasa todo el tiempo posible con sus hijos, y tanto de su lado como de la familia de su señora, están mucho tiempo juntos. Así se puede ver a su cuñado o a Julio César -hermano del "Coco"- que juega en la séptima. Sus padres, viven apenas a dos cuadras de la que hoy es su casa, la misma que levantó él mismo haciendo de albañil hace algunos años.
En fin, un personaje especial, que convive y enfrenta domingo a domingo con las estrellas de nuestro medio. Que camina como si nada por sus calles, como uno más. Un tipo de los que desdramatiza este fútbol tan superprofesionalizado de hoy, que no se subió a ningún pedestal. Una especie lamentablemente en extinción.
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