Y lo estadístico, tampoco permite conceptos concluyentes: los equipos de Timoteo ganaron y perdieron alternativamente más allá del sistema utilizado. Y tuvo buenos y malos partidos, sin importar la táctica elegida.
Al ataque
Timoteo apeló varias veces a un equipo ofensivo para buscar el triunfo en un clásico. Y tuvo éxito, como también debió sufrir resultados que no eran los esperados.
En los diez clásicos que estuvo como DT del Lobo, Griguol jugó cuatro veces con un esquema de tres hombres en el fondo, sumando más gente a la mitad de la cancha y poniendo mucha gente en el ataque. El sistema elegido fue un 3-4-1-2, es decir, con tres defensores, dos volantes centrales (uno para recuperar y el otro para distribuir), dos carrileros para el ida y vuelta por los costados, un enganche para la creación y dos hombres definidos en el ataque.
Con este esquema, ganó un partido (el recordado 3-0 en el Bosque, por el Clausura 98), empató dos (el "doloroso" 1-1 del Clausura 96 que lo dejó sin título y un chato 0-0 en 60 y 118 antes de marcharse a España) y cayó en el restante (0-1 en el Clausura 97 en 1 y 57).
Este sistema, que parece ser el que más le gusta a los hinchas de Gimnasia y que le dio muy buenos resultados en la mayoría de las veces, también fue el elegido para el debut en este torneo y resultó eficaz a partir de la buena actuación realizada en Santa Fe, victoria incluida.
¿Se animará Timoteo a plantarlo en el clásico? La capacidad de adaptación de sus jugadores permite suponer que es una variante más que potable.
Claro que este no ha sido la única táctica utilizada por Griguol en los clásicos. Tanto en el Bosque como en el terreno adversario, el DT apeló en seis oportunidades a un esquema más conservador, con una línea de cuatro, aunque muchas veces sin resignar las posibilidades de ataque.
Los resultados también hablan de buenas y malas: perdió dos partidos (el primero, 0-3 en el 95, y el último, 1-2 como visitante), empató tres (hubo dos igualdades 2-2 en los que estuvo arriba en el marcador y no pudo cerrarlo a su favor) y ganó un encuentro (el 3-2 con el cabezazo de Sava sobre la hora).
Acá se ve claramente que tampoco hay una verdad absoluta con la aplicación de una determinada forma de jugar. Y es justo destacar que tampoco siempre respondió a un mismo patrón.
Timoteo plasmó cuatro formas distintas de jugar con una línea de cuatro en el fondo. Por ejemplo, utilizó en dos oportunidades (perdió 3-0 y empató 0-0) el tradicional 4-4-2, con volantes desplegados a lo ancho de la cancha y dos hombres de punta definida.
Una variante de esto fue el 4-4-1-1, resignando un delantero para poner un enganche. Y le fue mejor porque empató las dos veces que lo utilizó: ambas fueron 2 a 2, siempre como visitante.
Una alternativa con la que no quedó conforme fue el 4-3-2-1, con tres volantes de marca, dos enganches para tener la pelota y solo un punta definido: perdió 2-1 en el último clásico oficial.
Finalmente, el éxito llegó con el planteo más ortodoxo del 4-3-1-2, con tres volantes para recuperar y pasar a posiciones de ataque, un enlace para la creación y la dupla de ataque con uno por adentro y otro por afuera: ganó 3 a 2 en el Bosque, por el Apertura 2000.
Como se verá, todo es cuestión de gustos y todo depende del color del cristal con que se mire.
Timoteo tiene la palabra. Porque repasando lo que hizo en sus diez clásicos, no deja margen para pensar que esos antecedentes lo condenan a plantar un equipo determinado.
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