"Candombe Nacional". Idea, libro y actuación: Enrique Pinti. Música original, orquestaciones y dirección musical: Alberto Favero. Diseño de vestuario: Renata Schussheim. Escenografía, iluminación y producción artística: Lino Patalano. Coreografía: Ricky Pashkus/ Marcela Criquet. Dirección general: Ricky Pashkus. En el Teatro Maipo, de miércoles a domingos.
El discurso oído era el previsible. Cáustico, agrio, mordaz, iconoclasta Enrique Pinti vuelve a realimentarse en la convulsión eterna de nuestra Argentina para dar nacimiento a su "Candombe Nacional", un show con palabras, música y canciones que abrió en el Maipo la temporada teatral 2002. Rozando la genialidad, el actor retorna a elaborar su propuesta dramática echando mano a dos vertientes pródigas de su estilística. Por un lado la verborragia audaz e incisiva volcada en regocijantes monólogos que mediatizan la realidad cotidiana y por otro la construcción de iconos sociales que le permiten a través del disfraz y del gesto retratar al "ciudadano común" y que en manos de su creador adquieren la categoría de "esperpentos" a la mejor manera de Valle-Inclán. Con estos dos elementos básicos, Pinti recorre nuestra historia, con pantallazos del pasado -1810 y 1816- para recalar en las últimas décadas, en las cuales los acontecimientos políticos, sociales y económicos parecen haberse abarrotado con mayor énfasis y extrema complejidad. Sin necesidad de enumerar aquí hechos, personajes y circunstancias, que más o menos, son conocidos por todos y padecidos por igual cantidad, el artista despliega su arte casi único dentro del espectáculo argentino y estructura su "Candombe Nacional" con mano de orfebre que tiene mucho de analista ideológico que toma posición de militante popular. Y así es entendido y celebrado desde la platea, que se siente interpretada en sus más íntimos deseos de denuncia y rebelión.
Tres "candombes" le dan forma al espectáculo. "El cuento del Tío", donde se intenta reconstruir el pasado de la historia argentina, que se inicia con un Pinti negro tratando de hacer dormir a su negrito que llora por hambre, "Radio Me. Ka. Go. con frecuencia", una mirada escalofriante de nuestro derrumbe, desde 1983 al 2002, transmitido por una emisora radial y "Monólogo del Sueño Verde... Esperanza?", en el que el cómico se interna en el mundo, lleno de deseos incumplidos por la incapacidad -y la rapacidad- onírico de nuestros gobernantes, casi sin excepción a la regla de la corrupción.
Un sueño en verde, donde Pinti con sensibilidad, algo de nostalgia y mucho de bronca pasa revista a sus desvelos cierra la propuesta. Aquí la poesía parece ganar su ánimo perturbado por tanta barbarie y lo mismo sucede con el espectador, ya conciente de su historia que ahora recorre en el último tramo a la manera del teatro griego y realiza finalmente la tan ansiada catarsis. País verde donde hay caminos que no tienen un principio y un final sino solamente un "estar", un "permanecer" y donde hay, por ejemplo, monumentos a jubilados que los tienen nada más que por haber trabajado toda la vida para un país que en el momento extremo reconoce su aporte y su sacrificio, dándoles seguridad, protección y afecto.
Un pequeño grupo de bailarines sigue las evoluciones de Pinti aportando una coreografía siempre dinámica y adecuada a cada secuencia diseñada por el talento de Criquet y Pashkus, este último fino artífice de una puesta en escena que no posee tiempos muertos y sí una carga energética que compensa con destreza y belleza el relato de nuestra tragedia nacional. Favero arregló, compuso y dirigió toda la música y Lino Patalano iluminó y creó justas escenografías además de producir artísticamente este "Candombe Nacional", que acaba justamente con esa danza de rituales negros, con bailarines vestidos de blanco (éstos y todos los vestuarios, estupendos, firmados por Schussheim) y Pinti esgrimiendo una cacerola y un cucharón en franca percusión, expresando nada más que con el golpe, la Argentina que todos queremos. Verde, pero posible.
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