José Montero, autor de "Confesiones del Pene", admite haberse inspirado en la mundialmente exitosa pieza de Eve Ensler, "Monólogos de la Vagina", para escribir su obra. Eso en si mismo no tiene nada de malo, siempre que el producto no sea una deslucida fotocopia, como en este caso.
Coincidimos con quienes tildaron a "Confesiones..." de oportunista, una mediocre adaptación que pretende subirse a la cresta de la ola de la taquillera propuesta original, con magros resultados.
No basta con la indiscutible vis cómica de Marcelo Mazzarello, ni con el oficio y probada solvencia escénica de Daniel Miglioranza, ni con la pinta (y sólo la pinta) de Diego Olivera. Lo que aquí falta es un material dramático que aspire a algo más que a lograr la risa fácil que -casi como reflejo condicionado- provoca el chiste remanido.
"Confesiones..." transita sin sorpresa por temas tales como los múltiples apelativos con los que se suele referir al miembro viril masculino, la masturbación, el debut sexual con una prostituta, la historia del preservativo, la eyaculación precoz, los rasgos morfológicos del pene, los legendarios atributos del petiso narigón, las preferencias por "slips" o boxers", el mundo de los strippers, las ventajas de la verticalidad de la micción (léase, orinar de pie), entre otros previsibles asuntos.
Cuando el texto pretende conmover y emocionar (el sketch del muchacho que vende su semen, sin imaginar que unos años más tarde se volvería estéril), tampoco lo logra.
La ficha técnica hace gala de un director de arte (Osvaldo Ferraro), cuya labor brilla por su ausencia.
Es una verdadera lástima que se haya desaprovechado así la oportunidad de reflexionar, con humor, por qué, no, pero con un poco más de profundidad y sutileza- acerca de la sexualidad masculina, sus mitos, tabúes y fantasías. El tema lo merece
Y bueno ... otra vez será.
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